25 abr. 2014

La abeja

Un abejorro se posó en una flor de cerezo, tomó su néctar, quedó saciado y se fue volando. Pero después le vinieron remordimientos. Se sintió como alguien que se hubiera sentado en una mesa abundantemente preparada sin haberle regalado al anfitrión ni un detalle que también alegrara su corazón. “¿Qué podría hacer?”, pensó, pero no lograba decidirse, y así pasaron semanas y meses. Finalmente la intranquilidad pudo con él. “Tengo que volver a la flor de cerezo y darle las gracias de todo corazón”, se dijo.

Se echó a volar, encontró el árbol, la rama, la hoja exacta donde antes se hallaba la flor, pero la flor ya no estaba.

Sólo encontró un fruto maduro de un intenso color encarnado. Al verlo, el abejorro se entristeció. “Nunca más podré darle las gracias a la flor de cerezo. La oportunidad está perdida para siempre. ¡Pero esto me servirá de lección!”, sentenció.

Mientras lo estaba pensando, percibió un dulce perfume: la corola rosada de otra flor le sonreía, y con todas sus ganas se lanzó a una nueva aventura.


Cuento de Bert Hellinger.

24 abr. 2014

La fiesta


Alguien se pone en camino y, al mirar hacia delante, a lo lejos distingue la casa que a él le pertenece. Sigue caminando hacia ella y, al llegar, abre la puerta y entra en una habitación preparada para una fiesta. A esta fiesta vienen todos los que fueron importantes en su vida; y todo el que viene trae algo, se queda un tiempo y se va.


Así pues, vienen a la fiesta, cada uno con un regalo por el que ya pagó el precio entero, sea como fuere: la madre, el padre, los hermanos, un abuelo, una abuela, el otro abuelo, la otra abuela, los tíos y las tías y todos los que hicieron sitio para ti, todos los que te cuidaron, los vecinos quizás, amigos, maestros, parejas, hijos. Todos los que tuvieron importancia en tu vida y los que aún la tienen. Y cada uno que llega trae algo, se queda un poco, y se va. Al igual que los pensamientos que llegan traen algo, se quedan un poco, y se van. Al igual que vienen los deseos o el dolor. Todos traen algo, se quedan un poco, y se van. Y también la vida: viene, nos trae algo, se queda un poco y se va.


Después de la fiesta, la persona se encuentra colmada de regalos, y solo permanecen a su lado aquellos a quienes les corresponde quedarse aún un tiempo. Así, se acerca a la ventana y se asoma: allí ve otras casas, sabe que en su día también allí habrá una fiesta, y él irá, llevará algo, se quedará un poco y se irá”. 



Bert Hellinger