29 may. 2013

Sentimientos que dañan el alma


Si les pidiera que contestaran a la pregunta: ¿cuál es su misión en la vida? Seguramente no me darían una sola respuesta, sino muchas. Todas las personas tienen objetivos diferentes relacionados con su vida familiar, personal, social y laboral. Pero hay un deseo que nos une a todos, y ese es el de ser feliz. Todos anhelamos equilibrio interior, paz y tranquilidad.

El bienestar no viene genéticamente predeterminado, sino que se busca, se entrena. Las personas se rodean de circunstancias, de otros compañeros de viaje y de momentos que les aportan felicidad, buscan la seguridad y tratan de desprenderse de todo lo que les incomoda y provoca dolor. De hecho, vivimos en la era de la felicidad. Se cultiva y practica una filosofía dirigida a cuidarse y mimarse, y muchas personas dejan de salir de su zona de confort para evitar enfrentarse a sus miedos y no sentir la incomodidad del sufrimiento. Pero la envidia, la culpa, el remordimiento, la inseguridad, la frustración, la vergüenza…todos esos sentimientos forman parte nuestra evolución. Lo inteligente es saber dosificarlos para que cumplan con su función y no dejar que nos bloqueen.

                                 "Hay un remedio para las culpas, reconocerlas"
                                                                              (Franz Grillparzer)

Todo tiene su razón de ser y una explicación lógica. Los sentimientos negativos funcionan como un termómetro, nos indican que algo no funciona y se manifiestan a través del malestar. Pero tienen su parte positiva: educan, permiten evolucionar y generan aprendizaje. ¿Si no sintiera culpa, cómo sabría que ha herido a alguien? Si no sintiera frustración, igual no le daría valor al esfuerzo cuando consigue su objetivo. ¿Y qué me dice de la inseguridad?…También tiene un sentido evolutivo, le protege de las amenazas, aunque muchas de ellas no sean tan aterradoras como imagina. Ahora, deje espacio a sus sentimientos y, cuando estime que han convivido con usted el tiempo suficiente, ábrales la puerta y déjeles marchar.

Siente envidia porque anhela aquello que desea y que sí tienen otras personas. Siente envidia porque valora el mundo como un lugar injusto en el que usted no está ni tiene lo que desearía. Una de dos, o acepta su realidad o se implica en modificarla. Pero sufrir sin invertir tiempo y esfuerzo, no. Para abrir la puerta de salida a la envidia:

  • Reconozca su sentimiento. La envidia es un sentimiento que, además de hacerle sufrir, es feo. Dígase a sí mismo: “Tengo envidia”. Si no lo hace, siempre tratará de justificar su malestar, pero no llegará a vencerlo.
  • Analice por qué. Esfuércese y acepte lo no controlable. Las personas suelen tener envidia porque perciben una situación como injusta. Los motivos por los que no tiene aquello por lo que suspira (tipo, inteligencia, dinero, poder…) pueden ser muy variados, pero sean los que sean tiene dos opciones: la primera, implicarse y trabajar en lo que dependa de usted para conseguirlo, la segunda, aceptar lo que no puede gestionar.
  • Si es de los “envidiosos buenos”,compórtese como si no tuviera envidia. Pregunte a su amigo qué tal le va en ese trabajo en el que está triunfando y escúchele; dígale a su amiga que la ve más delgada y esbelta, alégrese de forma sincera por el viaje de vacaciones que va a hacer esa pareja de conocidos o familiares. Y refuércese por haber superado una situación difícil. Dígase a sí mismo: “Ves, lo haces muy bien, ahora te sientes mejor por haberte interesado por ellos”.
  • Céntrese en usted mismo. El valor no está en la comparación, sino en su propio yo. Plantéese un objetivo y piense en qué medida puede involucrarse para alcanzarlo. A veces pierde más tiempo criticando, desprestigiando y deseando lo de otros que invirtiéndolo en su mejora. Esa energía sería muy productiva si la gastara en evolucionar.

Pida perdón para vencer a la culpa y el remordimiento. Usted siente culpa cuando sabe que ha herido a otra persona, con intención o sin ella. Ver que otro sufre por algún comportamiento que ha tenido le hace sentir mal. Ese malestar es el motor que le lleva a reflexionar para que la próxima vez tenga más cuidado. Gracias a esta sensación incómoda conseguimos aprender. Si cada vez que hiriésemos a alguien no sintiéramos ese dolor, estaríamos hablando de una persona sin empatía, incapaz de ponerse en el lugar de otros, y esto le dificultaría mucho sus relaciones sociales. Nadie quiere convivir, ni trabajar, ni tener como amigo a una persona que hace daño y que no es consciente del mismo.


Pero sentir culpa no significa que tenga que machacarse toda la vida. La culpa le permite pensar qué haría de forma diferente la próxima vez, y a partir de ahí, borrón y cuenta nueva. Siga estos pasos para deshacerse de su malestar.

Pida perdón de forma sincera. Pero no lo haga de forma cobarde, no utilice el whatsapp, dé la cara. Pronuncie el nombre de la persona y acompáñelo diciendo que lo siente y por qué.

Repare el daño. Pedir perdón es el primer paso, el segundo es tener un detalle. Si ha roto algo, repárelo; si ha sido borde, tenga el gesto de llevar unos bombones, si no ha sido atento con algo que era importante para esa persona, mande un correo, una canción o algo gracioso que haga sentir especial a la persona herida.


        “El miedo siempre está dispuesto a ver las cosas peor de lo que son”  
                                                                                                               (Tito Livio)

Sea el de siempre. Haberse equivo­­cado una vez no le obliga a convertirse en alguien sumiso con esa persona, como si tuviera que estar avergonzado toda la vida. Todos cometemos errores. Si el desliz entra dentro de lo razonable y, sobre todo, si no ha tenido una mala intención, tendría que poder perdonarse. El rencor y la soberbia de las personas heridas a veces superan su buena intención. Cuando haya hecho todo lo que podía, deje que la otra persona tenga su tiempo. Y si le parece excesivo, decida cómo comportarse usted a partir de ahora con esa persona que no tiene capacidad para perdonar y cerrar heridas.

Enfréntese con valentía a su inseguridad y su vergüenza. La inseguridad, la vergüenza y el miedo son sentimientos y reacciones del cuerpo y de la mente ante lo que usted interpreta como una amenaza. Siente inseguridad cuando no controla el ambiente, cuando lo que le rodea no es predecible. Siente vergüenza cuando percibe la posibilidad de no estar a la altura, de perder, cuando las expectativas le superan. Y el miedo se apodera de usted pensando que puede pasarlo mal, puede contagiarse, darle un infarto, perder el trabajo o ser rechazado por esa persona que le atrae. ¡Qué más da el miedo que sienta! El verdadero peligro es dejar escapar las oportunidades, no luchar por ellas, porque ahí es donde está la derrota.

Aprenda a convivir con el fracaso y con las emociones negativas, forman parte de la evolución y de la vida. ¿Alguna vez le dijo alguien que esto sería fácil? Cometer errores, ser criticado, sufrir… es parte del camino. Coexis­­ten con la felicidad, la recompensa y el orgullo.



   "La felicidad es darse cuenta de que nada es demasiado importante"
                                                                                          (Antonio Gala)

Si quiere conseguir salir de su zona confortable:

  • Busque un motivo. Seguro que lo tiene. Póngalo ahora por escrito, en grande y en un lugar visible.
  • No piense que puede fallar y centre su atención solo en lo que desea hacer y cómo. Describa su plan de actuación.
  • Es válido, bueno y fuerte. Tiene ejem­­plos en su vida que lo demuestran. ¿Qué tiene en la cabeza, lo que le debilita o sus fortalezas? Son sus puntos fuertes los que debe potenciar, no los que restan.
  • Pensar en el éxito. ¿Qué hace pensando en lo que puede fracasar o en lo que no desea que ocurra? ¡Menudo gasto de energía inútil! El tiempo es limitado, inviértalo en pensar en lo que ¡sí! desea que pase. Prepárese con la palabra y con el pensamiento para conseguirlo. Repítase: “¡Yo puedo! ¡Estoy preparado! ¡Me lo he trabajado!”.
  • No a las emociones negativas. No es el único que las tiene, las tenemos todos, pero muchos de nosotros hemos decidido dejar de escucharlas. Es lo que nos diferencia. Su vida no es más difícil, ni tiene menos suerte que otros. Solo que los otros, en lugar de escuchar el peligro, lo valoran, y luego deciden enfrentarse a él. No se trata de ser temerario, solo valiente.
  • Actúe. Los cinco puntos anteriores son geniales solo si los pone en marcha. Los propósitos solo tienen sentido si se materializan.

“Solamente aquellos espíritus verdaderamente valerosos saben la manera de perdonar”                                                                  (Laurence Sterne)

Los sentimientos negativos le permiten ver el mundo desde otro punto de vista, pero no significa que le tengan que paralizar. Analice y saque una lectura positiva de su emoción y de su presencia. Aproveche lo que le pueden aportar y, luego, desármelos.

Hay muchas personas con miedo a ser felices. Hacen extrañas deducciones, como que si se entregan al placer recibirán un castigo. Cuando cometen un error se lo reprochan una eternidad, para tomar consciencia del tremendismo de lo que han hecho. Ser sufrido, negativo, sumiso… no es la pócima de la felicidad. Nadie le va a recompensar en otra vida por haber sufrido en esta de forma gratuita. Atrévase a ser feliz y a tener recuerdos de esos que vale la pena almacenar.

Patricia Ramirez


23 may. 2013

La silla mala...o cómo los muebles tienen la culpa de todo.

De seguro esta escena te resulta conocida: un niño está parado sobre la silla balanceándose, de pronto pierde el equilibrio y cae al piso. Enseguida empieza a gritar y chillar inconsolable. El adulto, ante el llanto del niño, exclama: "¡Silla mala, silla tonta, te voy a dar taz taz!" E inmediatamente empieza a golpear a la silla en actitud justiciera.

El niño -eventualmente- para de llorar y el adulto se siente convencido de que ha hecho un gran trabajo. ¡Nada más alejado de la verdad! Lo que ciertamente ha hecho es satisfacer el deseo natural que tiene ese pequeño ser humano de culpabilizar a otros por lo que le sucede. De no asumir su propia responsabilidad.
Es natural la tendencia de querer proteger a nuestros hijos, pero no debemos olvidar que nuestra función como padres no es pretender evitarle los problemas y las adversidades que la vida puede presentar, sino mas bien, capacitarlos y darles las herramientas para enfrentarlos.



Y todo empezó con una silla…


¡Qué común es ver a las madres, abuelas, tías y demás familiares, enseñar al niño a señalar a lo externo como responsable por su malestar!

Estamos criando hijos que tienden a pensar que sus errores o desaciertos son responsabilidad de otro, antes de mirar hacia ellos mismos. Esta falsa idea, los llena de ira, resentimiento, desánimo y otros sentimientos negativos en lugar de usar la experiencia como bagaje de conocimiento que les servirá en un futuro para superar otros problemas.

Ese determinismo externo es sumamente dañino: empequeñece, menosprecia y destruye la capacidad que tiene cada ser humano de ser dueño de su propia vida, amo de sus emociones y no esclavo de ellas; responsable de sus reacciones y sus actos.

Y pensar que todo comenzó con una "silla mala".

  • Sacando provecho a la situación Si tu hijo, sube a una mesa y se cae, aprovechemos la oportunidad de hacer de esta experiencia dolorosa un aprendizaje
  • Evalúa la gravedad del golpe: Si tu hijo se partió la cabeza y se está desangrando, no es el mejor momento para darle una lección al respecto. ¡Llévalo a una clínica!
  • Determina quién es el responsable: a veces sucede que es un accidente y nadie tiene la culpa. Otras veces fue culpa nuestra directamente. Si ese el caso, pide disculpas. He conocido casos en que los padres permiten a su hijos que los golpeen cual si fueran un mueble. Esto es gravísimo, ya que rompe el principio de autoridad.
  • En amor y no con ira : aunque en ocasiones la frustración de verlo caer te haga sentir tentado a a gritarle y usar palabras fuertes para llevarlo a entender su error, y así evitar un nuevo incidente de este tipo, NO LO HAGAS. Detente, tómate un minuto si lo necesitas, y cuando estés calmado habla con él; sólo entonces podrás comunicarte con éxito, usando un tono apropiado, con explicaciones acorde a su edad.
  • Está bien consolarlo: no estamos implicando que dejes a tu hijo llorar por horas. Consolarlo es importante. Es necesario que el niño pueda sentir que en nosotros tiene aceptación, apoyo y especialmente amor. Somos sus padres y es saludable transmitirle que puede venir a nosotros cuando se sienta lastimado o herido.
  • Enséñale la lección: es necesario que ayudes a tu hijo a tomar conciencia de la situación. Si ha sido responsabilidad suya, debe de entenderlo y asumir las consecuencias.Ciertamente nos demanda un trabajo extra, pero ¡bien vale la pena!


Claudia Vasquez. Psicóloga

22 may. 2013

Claves para entender a los niñ@s


Son muchas las ocasiones en las que observamos determinadas conductas, comentarios, actitudes y formas de actuar de los más pequeños, ante las que no sabemos cómo responder de forma adecuada. Suele ocurrir que la respuesta que damos no tiene la reacción esperada. Esto sucede porque tendemos a mirar a los niños y niñas desde nuestra mentalidad de adulto. Es fundamental comprender que los pequeños no son adultos en miniatura, tienen una determinada y especial forma de pensar y de entender el mundo.

Cosas que para nosotros son insignificantes para ellos pueden tener una importancia crucial. Por ello debemos entrar en el mundo de los pequeños, entender lo que pasa por su mente y de esta forma dar la respuesta apropiada.


CLAVES PARA ENTENDER A LOS NIÑOS Y NIÑAS

Están descubriendo el mundo, todo es nuevo para ellos, cada día aprenden cosas que desconocían y que suelen parecerles asombrosas. Esto les crea una gran incertidumbre y al mismo tiempo un interés por explorar lo que les rodea y por descubrir que otros misterios se producen a su alrededor.

Para ellos el mundo que les rodea es algo completamente nuevo, algo que están conociendo, lleno de múltiples cosas desconocidas, es algo fascinante y maravilloso.

Su mundo al mismo tiempo se rige por sus propias reglas y normas, diferentes completamente a las del mundo adulto.

EL BEBÉ (0-3 años)

En el momento en que nace, el bebé es el gran desconocedor de todo lo que le rodea, el mundo, las realidades físicas, las personas, las relaciones, las conductas, etc. Poco a poco irá explorando todo esto, haciendo grandes descubrimientos cada día.

En esta primera etapa su desarrollo será crucial e inmenso a la vez. Va a adquirir las bases de todas las destrezas básicas que le permitirán desenvolverse en su futuro.

Los niños y niñas de esta edad tienen la necesidad de investigar y explorar el mundo que les rodea con todos los sentidos. Es fundamental para ellos tocar, ver, oír, oler y probar las cosas. En un primer momento se centrara en las realidades físicas, los objetos que le rodean.

En cuanto a las personas empezará a ensayar conductas que le permitan relacionarse con ellas. Ellos se perciben como el centro del mundo, su egocentrismo no les permite entender que no todo gira a su alrededor, es necesario para su desarrollo que poco a poco vayan alejándose de esa idea.

  • Se producen muchos cambios en muy poco tiempo.
  • La vida de los bebés se centra en la satisfacción de sus necesidades básica
  • Experimentar conductas y exploran el mundo que les rodea
  • No tienen adquirido el lenguaje verbal, se comunicarán con llantos, sonrisas, gestos, etc.

¿Qué podemos hacer?

  • Estimulación. Procura proporcionarle los estímulos adecuados para estimular su pensamiento.
  • Refuerzo. Refuerza las conductas deseadas, con una sonrisa un gesto, prestándole atención, una palabra, etc. Y al mismo tiempo no refuerces aquellas conductas no deseadas.
  • Muestras de cariño. No escatimes en mostrar tu cariño, gestos, abrazos, besos, palabras, etc.
  • Aporta seguridad, como clave para su autoestima cubriendo sus necesidades. Presta atención a las necesidades del niño/a y no las desatiendas. A sus necesidades, tampoco te anticipes a ellas, es importante que los pequeños crezcan en un clima seguro, no debemos desatenderlos pero tampoco anticiparnos y sobreprotegerlos.
  • Cuidado con dejar todo y atender al lloro (no es dar respuesta a una necesidad, hacer caso al pequeño cada vez que llore).

EL NIÑO DE EDUCACIÓN INFANTIL. (3-6 años)

Esta edad se corresponde con la segunda etapa de la educación infantil. Los niños y niñas continúan en fase de crecimiento y descubrimiento. Tienen ya conciencia de sí mismo y de los demás como personas diferentes.

En esta etapa se perciben como el centro de todo lo que sucede a su alrededor. Su egocentrismo es natural y en cierto modo necesario, pero debemos tener cuidado con esto, y evitar generalizarlo a etapas posteriores.

  • Continúa el descubrimiento del mundo que les rodea. La experimentación sigue siendo la protagonista. Necesidad de explorar con los sentidos.
  • Necesidad de cariño de las figuras más relevantes. Lo que más teme es que sus padres no le quieran, de aquí las llamadas de atención, celos entre hermanos, etc.
  • Explorando los límites, debido a que es el primer momento de conciencia de la propia identidad el pequeño quiere ser dueño de sí mismo y comienza a poner a prueba e investigar los límites de lo que puede y no puede hacer.
  • Imitan todo lo que ven de aquellos mayores representativos, padres, tíos, primos mayores, etc.
  • Juego simbólico. Simbolizan realidades y juegan a ser, prueban diferentes roles. Están imitando el mundo de los adultos. El juego simbólico es fundamental para su aprendizaje y desarrollo.

¿Qué podemos hacer?

  • Usa el juego, los cuentos y los mundos inventados, simboliza las realidades para que ellos comprendan. Es su modo de razonar y de entender. Entra en su mundo, participa en el mismo y a parte de pasar un rato de diversión y acercamiento con ellos, lograras enseñarles cosas.
  • Disciplina pero positiva. Es fundamental que los niños y niñas tengan una disciplina, las normas y reglas les aportan seguridad, aprenden a respetar y desarrollan su autonomía. Debemos educarles con disciplina, pero sin inculcar el miedo. Han de entender las normas, pero no temerlas.
  • Refuerzos. Refuerza las conductas deseadas, con una sonrisa un gesto, prestándole atención, una palabra, etc. Y al mismo tiempo no refuerces aquellas conductas no deseadas.
  • Sirve de ejemplo para ellos. Los pequeños aprenden más de lo que ven que de lo que les decimos. En todo momento compórtate como les pides a ellos que lo hagan.
  • Comienza a darles autonomía y responsabilidades adecuadas a su edad y desarrollo. Es importante que el niño haga cosas por si mismo y que tenga alguna responsabilidad.
  • Demuéstrales tu cariño y apoyo. Los gestos de cariño han de ser constantes, deben saber que son queridos y aceptados.
  • No permitas conductas indeseadas, ya que se generalizarán.

EL NIÑO EN EDUCACIÓN PRIMARIA (6 A 11 AÑOS)

Entramos en una edad, en la que los niños y niñas empiezan a hacerse más independientes. Su socialización se amplia, es necesario que esto ocurra. Comprenden lo que es pertenecer a un grupo y esto va a ser fundamental para ellos, la búsqueda de aceptación por parte de los otros va a guiarles desde esta etapa hasta bastante tiempo más adelante.

Su mente y su cuerpo continúan cambiando.

Continúan descubriendo cosas día a día, quieren aprender, y sienten una gran curiosidad por todo lo que les rodea. Van a preguntar todo y buscan respuestas claras.
  • Socialización con los iguales, los amigos empiezan a cobrar fuerza.
  • Importancia de la opinión de los demás, aún no tienen definido claramente su propio criterio, buscan la opinión de los otros.
  • No quieren ser diferentes, ni mejor ni peor.
  • Se separan algo de la familia, aunque siguen guiándose por estos criterios y valores.

¿Qué podemos hacer?

  • Cuida su autoestima. En esta etapa, la aceptación es fundamental para ellos, el sentir que no son aceptados puede causar daños en su autoestima.
  • Desarrolla sus habilidades sociales. Procura que se relacione con gente, que entienda las claves de las relaciones.
  • Responde a sus preguntas, sean del tipo que sean con naturalidad y con paciencia. Es bueno para que ellos comprendan y ayuda a crear un clima de confianza y a estrechar lazos afectivos.
  • Déjales su autonomía y su espacio. Empiezan a separarse de los adultos, es importante que aprendan a desenvolverse por sí mismos. Cosas que ellos puedan hacer y momentos en los que tengan su espacio.
  • Disciplina pero positiva. Es fundamental que los niños y niñas tengan una disciplina, las normas y reglas les aportan seguridad, aprenden a respetar y desarrollan su autonomía. Debemos educarles con disciplina, pero sin inculcar el miedo. Han de entender las normas, pero no temerlas.
  • Refuerzos. Refuerza las conductas deseadas, con una sonrisa un gesto, prestándole atención, una palabra, etc. Y al mismo tiempo no refuerces aquellas conductas no deseadas.

EL PREADOLESCENTE (11 A 13 AÑOS)

Comienza la etapa complicada. Los niños y niñas de esta edad, se sienten fuera de lugar, ni son niños o niñas ni son mayores. Tendrán alternancia de conductas y actitudes de ambas edades.

Empiezan a producirse los grandes cambios que acompañan a la adolescencia. El grupo de iguales cobrará más fuerza y la necesidad de sentirse aceptados va a dominar su comportamiento y actitudes. Esta necesidad va a llevar a que cobre una gran fuerza el sentimiento de vergüenza, determinadas cosas les hará sentir vergüenza o apuro, por miedo a no ser aceptados por los iguales.

  • Comienzan a rebelarse contra los adultos y las normas de estos, empiezan a exigir ser los responsables de sus decisiones.
  • Ni son niños, ni son mayores, edad complicada en este sentido.
  • Comienzan cambios corporales y mentales.
  • Se sienten raros y que no encajan, son demasiados mayores para ciertas cosas y demasiado pequeños aún para otras.
  • Se sienten incomprendidos, sin lugar definido.

¿Qué podemos hacer?

  • Cuida su autoestima. En esta etapa, la aceptación es fundamental para ellos, el sentir que no son aceptados puede causar daños en su autoestima.
  • Desarrolla con ellos la asertividad y la empatía. Para que estas habilidades sean más fuertes que el miedo a sentirse rechazados.
  • Se paciente con ellos, ya que se sienten incomprendidos.
  • Disciplina pero positiva. Es fundamental que los niños y niñas tengan una disciplina, las normas y reglas les aportan seguridad, aprenden a respetar y desarrollan su autonomía. Debemos educarles con disciplina, pero sin inculcar el miedo. Han de entender las normas, pero no temerlas.
  • Refuerzos. Refuerza las conductas deseadas, con una sonrisa un gesto, prestándole atención, una palabra, etc. Y al mismo tiempo no refuerces aquellas conductas no deseadas.
  • Déjales su espacio, están desarrollando su identidad, necesitan tener su independencia.
  • Dales responsabilidades y desarrolla su autonomía. Hay que estar pendientes de ellos, pero dejando que se desenvuelvan y que asuman responsabilidades.

EL ADOLESCENTE (14 EN ADELANTE)

Etapa de grandes e intensos cambios a todos los niveles. Los niños y niñas dejan de ser niños y niñas y se hacen adultos. Entran en un mundo nuevo y su cuerpo y su mente está en cambio y desarrollo constante.

Tienden a separarse del núcleo familiar, la dominancia es del grupo de iguales. En esta etapa para ellos es fundamental ser aceptado por los demás y cobra una enorme importancia lo que los otros piensen de uno.

El desarrollo corporal y la pubertad les llevan a un despliegue hormonal que hace que sus emociones estén a flor de piel. Los altibajos emocionales van a ser constantes.

Es una etapa clave para el desarrollo de la identidad personal y la personalidad, buscan definirse. No aceptan que les digan como tienen que ser o actuar, pero al mismo tiempo tienen necesidad de ello, ¿quién soy? ¿Cómo he de actuar?; por ello buscan pertenecer a un grupo que les defina.

En esta etapa se producen grandes descubrimientos, pero la diferencia con otras etapas es que se creen que lo saben todo, que nadie les va a enseñar nada. Esto se produce porque su capacidad cognitiva ha alcanzado el nivel adulto, tienen la habilidad y eso lo perciben, pero no saben manejarla.

  • Se rebelarán contra todo para buscar su propio yo.
  • Búsqueda de identidad personal, de definirse a uno mismo. Necesidad de pertenecer a un grupo para sentirse definidos, según los criterios del grupo.
  • Cambios corporales y mentales, proceso de adaptación a ese nuevo cuerpo y mente.
  • Cuestionan criterios y valores familiares, es necesario para definirse a sí mismos, para encontrar su identidad.
  • Nueva familia en el grupo de iguales, se separan del núcleo familiar por una búsqueda del yo, separado de sus orígenes.
  • Tienen múltiples y fuertes emociones y una capacidad de pensamiento de adulto, que aún no saben manejar adecuadamente. Todo esto junto es un caos.
  • Son capaces de comprender, pero ahora cuestionaran todo.
  • Quieren decidir, creen que pueden.

¿Qué podemos hacer?

  • Ten paciencia y calma con ellos.
  • Cuida su autoestima. En esta etapa, la aceptación es fundamental para ellos, el sentir que no son aceptados puede causar daños en su autoestima.
  • Desarrolla con ellos la asertividad y la empatía. Para que estas habilidades sean más fuertes que el miedo a sentirse rechazados.
  • Disciplina pero positiva. Es fundamental que los niños y niñas tengan una disciplina, las normas y reglas les aportan seguridad, aprenden a respetar y desarrollan su autonomía. Debemos educarles con disciplina, pero sin inculcar el miedo. Han de entender las normas, pero no temerlas.
  • Ponles límites, tenderán a saltarse los límites, pero es necesario que tengan ciertas normas.
  • Déjales su espacio, necesitan intimidad y espacio.
  • Proporcionales personas que les sirvan de modelo o de ejemplo para definirse. Algún pariente, amigo, etc.
  • No tengas en cuenta sus altibajos emocionales. Se comprensivo con ellos cuando estos sucedan.
  • Comprende su rebeldía como algo natural, no lo tomes como algo personal entrarás en una lucha sin sentido.
  • Actúa como ejemplo para ellos.
  • Escúchales y respétales. Si ven que tú lo haces, ellos tenderán a imitarlo.
  • Acéptales y muéstrales tu cariño.

Celia Rodríguez Ruiz

7 Mitos psicológicos



¿Quién no ha oído alguna vez este tipo de mitos psicológicos? Seguro que más de uno ha escuchado a su alrededor cosas negativas sobre la psicología. Estos mitos psicológicos, poco a poco van aminorando, ya que cada vez hay más personas interesadas en la espiritualidad y ciencia que estudia al ser humano, emociones y comportamiento.




1. LOS QUE VAN AL PSICÓLOGO ESTÁN MAL DE LA CABEZA O SON MUY DÉBILES
En épocas anteriores se mantenía esta creencia, pero hoy en día se ha demostrado que la psicología puede ayudar a mucha gente a mejorar sus vidas y sus emociones y no por ello tienen que estar mal de la cabeza.

Es más, las personas que tienen algún trastorno psicológico no suelen ir al psicólogo, porque al estar mal no se dan cuenta de que tienen un problema y son muy reacios a recibir ayuda. Suelen acudir llevados u obligados por alguien.

Quien es capaz de tomar la decisión de acudir a un profesional, es una persona con ganas de mejorar, de superarse, de sentirse mejor, de curarse de cualquier mal.Suelen ser personas racionales aunque en algún momento de sus vidas se encuentren que los problemas les superan.

En cuanto a la debilidad, considero mucho más fuerte a quien es capaz de reconocer que tiene un problema y va a buscar ayuda, que quien jamás acudiría aún sintiéndose mal. Hay que tener valentía y fortaleza para enfrentar los problemas y ser capaz de contarlos para colaborar junto al profesional en busca de soluciones.

Igual que cuando tenemos algún mal físico acudimos al médico, cuando se siente malestar emocional se puede acudir a un psicólogo, no es nada malo ni anormal.

2. EL TIEMPO LO CURA TODO
El tiempo no cura, lo que cura es la persona que a través del tiempo ha adquirido una actitud favorable para que el problema sea solucionado. Hay quien mejora a través del tiempo porque tiene las herramientas para mejorar y hace lo apropiado para su cura.

Pero en otras ocasiones si la persona no sabe qué hacer o se encierra y no se enfrenta a solucionar sus problemas, puede empeorar con el tiempo, o mantenerse tal y como está sin mejoras.


3. LOS PSICÓLOGOS NO TIENEN NI IDEA, SE LES PUEDE ENGAÑAR FÁCILMENTE
Es una frase que he oído en muchas ocasiones. Las personas que piensan así no son conscientes de que un psicólogo no es un rival, al contrario, es una persona que nos va a intentar ayudar, pero no son adivinos, necesitan que el paciente les de la información real de lo que le pasa.

Si el paciente no colabora se estará engañando a sí mismo, es como si vamos al médico y no le decimos qué nos duele esperando a que lo descubra con pruebas. Estaríamos ralentizando el proceso y perdiendo mucho tiempo hasta que el profesional descubra lo que pasa de verdad.

Un psicólogo no es un detective, todo saldrá mejor si damos la máxima información posible y colaboramos positivamente.

4. UNA VEZ FUI A UN PSICÓLOGO Y NUNCA MÁS, NO AYUDAN
Lo he oído muy a menudo y suele pasar, cuando se tiene una mala experiencia en cualquier ámbito, se tiende a tirar la toalla. En todas las profesiones hay gente eficiente y competente y otros nefastos. Ocurre en cualquier profesión, pero porque nos haya ido mal con alguno, no deberíamos generalizar y pensar mal de la profesión.

Hay de todo y lo ideal es poner los medios para escoger bien. El paciente es el que elige, si con un profesional no sientes que avanzas, no sientes afinidad ni confianza, siempre se puede cambiar.

Hay profesionales de muchos tipos y alguno te irá genial para tu mejora. No te quedes con el primero que vayas. Prueba, prueba y elige. Cuando des con el apropiado con tu problema y tu personalidad, te alegrarás de no haber tirado la toalla.


5. ¿SÓLO POR HABLAR ME VOY A CURAR? PARA ESO LO HAGO CON UN AMIGO
El hecho de sacar hacia afuera los problemas y vivencias negativas es un primer paso para aliviar las emociones. Guardarse en el interior cosas negativas es perjudicial para la salud, llegará un momento en el que se estallará por algún lado.

Sólo por hablarlo ya se siente alivio y es el inicio de la cura, claro está que después el paciente también tiene que poner de su parte y seguir unas pautas para su mejora. La diferencia entre hacerlo con un amigo y un psicólogo es que los amigos no tienen los conocimientos que tiene un psicólogo para dar una respuesta eficiente que pueda ayudar a la mejora.

Muchas veces con la mejor de las intenciones, una respuesta poco apropiada puede empeorar a las personas, en cambio un profesional sabe cómo debe reaccionar, jamás juzgará nada y dará un feedback apropiado a cada caso.

También contar ciertas cosas a amistades, familia o conocidos puede desencadenar en otro problema que deje a la persona etiquetada. Dependiendo del problema siempre es mejor contarlo a un profesional que guardará el secreto y tratará de ayudar de la mejor manera posible.

6. VOY A BUSCAR A UNA PROFESIONAL GUAPA, ASÍ IRÉ MÁS ILUSIONADO A LAS CONSULTAS
Esto es un grave error, es importante que el profesional no nos resulte atractivo, porque cuando alguien nos gusta, sin querer, intentamos impresionar y de esa manera será más difícil que saques a relucir tus problemas.
Si alguien no te gusta, no te importará hablar de lo peor que hay en ti, de tus mayores defectos y debilidades.

Si mezclas el ligue con la medicina, no te estarás ayudando en nada. Es como si vas al médico porque te duele el estómago y en vez de ir a lo que vas y contarle todo lo que te pasa, intentas poner tu mejor cara e intentas gustarle al médico, no es nada racional, hay que separar las cosas y si vas al médico o psicólogo debes ir a lo que vas y centrarte exclusivamente en tu mejora.

Además si ya desde un principio te resultaba atractivo el profesional, luego te será más difícil dejarlo y esto es contraproducente, porque te dañará dejarle de ver y te encontrarás con otro problema de fondo emocional.

Normalmente los pacientes suelen encariñarse mucho con alguien que les está ayudando y no juzgando, pues si encima ya te gustaba desde el principio, te será muy doloroso dejar las consultas.

7. LOS PROFESIONALES DE LA PSICOLOGÍA ESTÁN PEOR QUE SUS PACIENTES
Creo que todos hemos escuchado opiniones así alguna vez. No deberíamos juzgar así a los profesionales ya que como antes comenté, hay de todo en todos los sitios. Algunos psicólogos si es cierto que han tenido grandes problemas y por ello se han interesado en estudiar la carrera, para ayudarse a sí mismos o a alguien importante de su entorno.

Esto no debería ser negativo, ya que las personas que han pasado por problemas están dotadas de mayor sensibilidad y pueden entender mejor a sus pacientes. 

Algunos están en contra de la psicología y hacen que estos mitos psicológicos se mantengan en el tiempo, otros a favor, lo que está claro es que cualquier profesional de la psicología ha hecho una carrera en la que ha estudiado el comportamiento humano y los procesos psicológicos y emocionales.

Con ese aprendizaje pueden ayudar a las personas a mejorar sus malestares, es una ciencia que no es exacta ni perfecta, pero bien utilizada por un buen profesional puede cambiar la vida.


21 may. 2013

La ayuda sana



Os dejo un fabuloso texto de Adriana Reyes, donde nos aclara aspectos muy importantes, que no solo tienen que ver con la psicoterapia o los terapeutas. Todos en algún momento de nuestras vidas necesitamos ser ayudados por otros, o somos ayudadores de otros, independientemente de que esa sea o no nuestra profesión. Hay muchas maneras de ayudar...y en contra de lo que pueda parecer...hay maneras no sanas de ayudar. 

Ana B. Taboada


Como psicoterapeuta me encuentro todos los días con esta pregunta. ¿De qué manera poder ayudar a alguien sin que te cueste tu salud emocional? Más allá de mi profesión, también como persona muchas veces me encuentro con este dilema. ¿Cuál sería la forma "correcta" de ayudar, para que la persona ayudada se sienta confiada, y para que la persona que ayuda no se desgaste, o no asuma un rol o un papel que no le toca? Todos necesitamos de la ayuda de otros y los otros necesitan nuestra ayuda. Es sólo a través de la ayuda que se nos presta desde el mismo momento en que nacemos, que podemos crecer y desarrollarnos como personas. Sólo en la medida que hayamos tomado de otros, estaremos preparados para poder dar al otro. Ayudar es un arte que requiere sintonizar con aquel a quien se ayuda. Ayudar no solo sirve a los otros, sino a nosotros mismos ya que la ayuda es recíproca y se regula según la necesidad de compensación. Quien recibe de otros lo que desea o necesita, quiere dar y con este acto compensar la ayuda recibida. 
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¿Ayudar a cualquier precio? No. Ayudar de cualquier manera no solo no es sano, sino que no beneficia a nadie, ni a la persona ayudada y al ayudador. Si se respeta la relación entre ayudador-ayudado puede ser una relación provechosa y sana por ambas partes. Si no se respetan estos órdenes, acaban conviertiendose en desordenes que pueden llevar a la enfermedad, o al conflicto de alguna manera o de otra. ¿Os suena el rol de salvador, el rol de mamá/papá, el rol de niño cuando estamos ayudando a alguien? Estos son solo algunos desórdenes de la ayuda que podemos corregir, si tenemos en cuenta algunos aspectos importantes como por ejemplo: no juzgar,ponerse a ayudar desde el adulto y no desde el niño demandante o exigente,dar lo que se tiene para dar, no dar más de lo que nos toca, etc. 


Para poder ayudar, primero tenemos que haber recibido y tomado. Solo entonces sentimos la necesidad y la fuerza, de ayudar a otros, especialmente cuando esta ayuda nos exige mucho. Esto presupone, que aquellos, a quienes queremos ayudar y lo que estamos dispuestos y capaces de dar, lo necesiten y quieran recibir. Si no, nuestra ayuda cae en el vacío.

Principios y órdenes de la ayuda

  • Sólo podemos dar aquello que tenemos y sólo podemos tomar aquello que realmente necesitamos. El primer orden de la ayuda sería que uno da solamente lo que tiene y solo espera o toma, lo que necesita. El primer desorden de la ayuda comienza allí, donde uno quiere dar lo que no tiene, y el otro quiere tomar, lo que no necesita; o cuando uno espera y exige del otro,lo que éste no puede dar, pues no lo tiene. No ayuda llevar el destino, sufrimiento, dolor, carga, sentimientos,… de los demás, porque sólo al otro le corresponde llevarlo y si lo tomamos en su lugar, le quitamos la oportunidad de aprender. ¡Cada uno tiene la fuerza para llevar su propio destino! El dar y el tomar tiene sus límites. El arte de ayudar consiste en percibir esos límites y respetarlos. 
  • Sólo se puede cambiar aquello que las circunstancias permitan y realmente se necesite cambiar. Negar o tapar las circunstancias en lugar de afrontarlas junto con la persona que busca ayuda lleva a otro desorden de la ayuda. La necesidad de cambiar el destino de otra persona, depende muchas veces, de lo difícil e insoportable que se le hace a uno mismo aceptar la realidad del otro. En este caso, si la persona que sufre accede a cambiar y lo hace por complacer o para que no le recriminen, entonces, realmente no se da el cambio. Identificarse con lo duro de las circunstancias, y querer ayudarlo a toda costa sin ver su contexto, y sus necesidades, complica y dificulta en vez de ayudar. 
  • La posición de ayuda útil es aquella en la que nos aproximamos al otro como lo que es: un adulto. En caso en que la persona se encuentre en una posición de niño, ayudarle a llegar al adulto. Si como ayudadores nos encontramos en una posición de adultos, es más fácil que los roles padre-hijo NO se lleguen a dar. Hay personas que tratan a otros adultos como si fueran “hijos” y esto genera una relación parecida a la que dicha persona tiene con sus padres reales, con sensación de desconexión y descontento. Para que alguien crezca como adulto necesita tomar a sus padres biológicos y adoptivos, si los hubo, y despedirse con respeto y gratitud por lo que recibió de éstos. Si tratamos al ayudado como un niño que no se puede valer por sí mismo, el ayudador tendrá el control sobre nuestra vida, lo cual acabará provocando, un sentimiento de malestar, frustración y rabia mutuos. La ayuda “sana”, consiste en un “acompañamiento” en el camino de la vida hasta el punto donde uno elija y pueda, y después seguir cada uno su vida, desde la libertad. No forzar la ayuda, si la persona no quiere ser ayudada, la ayuda no sirve.. Si hablamos de la relación terapéutica en concreto, por supuesto, el terapeuta no se puede hacer amigo del paciente, ni establecer ninguna relación personal, porque entonces se altera el orden de la ayuda. 
  • La empatía que ayuda es la que mira con amor a todos los miembros de la familia, sin olvidar a los excluidos. La persona, está inmersa dentro de un sistema familiar. En ocasiones el ayudador, toma partido por alguien a quien se quiere ayudar y esto implica ponerse en contra de otros miembros del sistema familiar. Esto solo ayuda a “atrincherarse” en su postura y no a buscar una solución de reconciliación e integración. ¡No hay familias mejores o peores!, ¡No hay destinos mejores o peores!. La solución está en asentir a la vida tal como es. 
  • Amar a la persona tal y como es, por mucho que se diferencie de mí. De esta manera abrimos el corazón al otro. Si juzgamos, la ayuda está destinada al fracaso. Los juicios sobre lo que está “bien” o “mal”, sólo reflejan los valores creados y al decirle a alguien lo que es bueno pare él, tratamos de “educarle” en nuestros propios valores, sin permitirle que cree los suyos propios y los siga, aunque no coincida con los nuestros. Esto, en lugar de ayudar, crea inseguridad en el que busca ayuda y le hace dependiente. 
¿Cuál sería pues la ayuda sana?

Si ponemos de lado nuestras intenciones o deseos personales, y ponemos de lado también como deben ser las cosas, dejamos de lado una imagen de solución impuesta por el ayudador. La solución que creemos correcta, puede ser la equivocada para esa persona. ¡No existen recetas iguales para todos! Cada persona es única, y necesita cosas diferentes. Es importante:


  1. No imponer nuestro criterio personal, sino dejar a la persona que descubra el propio. 
  2. Darnos cuenta de la necesidad real del otro, dándole todo el espacio y tiempo que necesite para descubrirla.
  3. Dejar que sea la persona que tome las riendas de su vida, aunque creamos que lo está haciendo "mal" tiene derecho a equivocarse, y así se aprende también.
  4. Comprender, respetar y no juzgar su punto de vista. .
  5. Ir dando pasos percibiendo en cada momento, ¿cuál es la necesidad inmediata?
  6. No asumir responsabilidades que no nos corresponden.
  7. Cada uno permanece libre, sólo a partir de esta libertad es posible la ayuda.
  8. Lo esencial, es saber si nuestra ayuda fortalece o debilita a quien nos la pide. 
La relación de ayuda, desde mi punto de vista, consiste en facilitar que la persona se haga responsable de su propia vida, sin crear vínculos que dificulten una visión objetiva del problema

El objetivo es a unir, con humildad, aquello que estaba separado.En el caso de la psicoterapia, se encuentra al servicio de la reconciliación con la vida y especialmente con los padres y su sistema familiar. Es importante ponerse servicio de todos, sin hacer distinciones entre buenos y malos. Aquello que se reconcilie en el corazón del terapeuta, también se reconciliará en el corazón de su cliente y en el de su sistema familiar.


Adriana Reyes
Psicoterapeuta integradora
Psicóloga Col. 19.831

15 may. 2013

Un corazón que escuche...

Un médico y psicólogo atendía una consulta en un hospital… Sus pacientes eran adolescentes… Cierto día le derivaron un joven de 14 años que desde hacía un año no pronunciaba palabra y estaba internado en un orfanato…

Cuando era muy pequeño, su padre murió… vivió con su madre y abuelo hasta hacía un año… A los 13 muere su abuelo, y tres meses después su madre en un accidente… Sólo llegaba al consultorio y se sentaba mirando las paredes, sin hablar. Estaba pálido y nervioso…

Este médico no podía hacerlo hablar. Comprendió que el dolor del muchacho era tan grande que le impedía expresarse, y él, por más que le dijera algo, tampoco serviría de mucho.

Optó por sentarse y observarlo en silencio, acompañando su dolor…. Después de la segunda consulta, cuando el muchacho se retiraba, el doctor le puso una mano en el hombro: "Ven la semana próxima si gustas… Duele ¿verdad?…" El muchacho lo miró, no se había sobresaltado ni nada… sólo lo miró y se fue…

Cuando volvió a la semana siguiente… El doctor lo esperaba con un juego de ajedrez… así pasaron varios meses… Sin hablar… Pero él notaba que David ya no parecía nervioso… Y su palidez había desaparecido…

Un día mientras el doctor miraba la cabeza del muchacho mientras él estudiaba agachado en el tablero… pensaba en lo poco que sabemos del misterio del proceso de curación… De pronto… David alzó la vista y lo miró: "le toca" -dijo.

Ese día empezó a hablar, hizo amigos en la escuela, ingresó a un equipo de ciclismo y comenzó una nueva vida… Su vida. Posiblemente el médico le dio algo… Pero también aprendió mucho de él… Aprendió que el tiempo hace posible lo que parece dolorosamente insuperable… A estar presente cuando alguien lo necesita… A comunicarnos sin palabras. Basta un abrazo, un hombro para llorar, una caricia…

Un corazón que escuche…

Autor Desconocido

2 may. 2013

Más sobre los "amigos imaginarios"



Es un objeto, un peluche, un juguete o un ente invisible que pasa a tener vida. Suele ser en torno a los 2 o 3 años, cuando muchos padres se alarman ante la aparición de este nuevo compañero de juegos. Pero, en realidad, es totalmente normal y se atribuye a la etapa del pensamiento mágico de los niños, basado en la imaginación y las emociones.

El niño es consciente del mundo real, pero su amigo imaginario ocupa en él un espacio: en la cama, en la mesa, en el coche, en el parque o la bañera. Tiene personalidad propia, nombre propio y rasgos definidos, conversan, juegan e, incluso, pelean. Muchas veces cubre una carencia afectiva o explica comportamientos que no son deseables en los ámbitos de la familia o la escuela.

Suele ser más común en niños que viven sólo con adultos, como los hijos únicos, o niños que pasan más tiempo delante de la televisión. Algunos estudios también apuntan a niños sensibles con mucha fantasía. Otros estudios relacionan esto con el desarrollo de mejores habilidades comunicativas y de aptitudes artísticas en la edad adulta.


Lo que hay que saber y hacer


El niño se encuentra en la etapa del desarrollo psicosocial, donde comienza a expresar sus sentimientos y emociones, pero también a descubrir sus carencias. Tiene la necesidad de ser escuchado y acompañado.

Debemos observar el comportamiento del niño procurando no intervenir. El niño habla de su amigo sin restricciones y nuestro comportamiento debe ser natural. Debemos aprovechar esta oportunidad para escuchar como se expresa y lo que expresa, para así conocerle mejor.

Hay que tener en cuenta que el niño está sano, no tiene ningún problema y que su comportamiento es normal. En el fondo sabe que es producto de su imaginación. Es necesario controlar el tiempo que pasa con su amigo y ejercitarle a entrar y salir de la fantasía. No ridiculizar ni llamar al niño mentiroso. Nunca regañarle ni reprimirle, pero tampoco alentarle.

Procurar actividades y juegos con otros niños que permitan su desarrollo psicosocial. Aunque no se olvide de su amigo imaginario, podrá dejarlo aparcado un rato para jugar con otros niños como él.


¿Cuándo preocuparnos?


Lo más importante es la observación, ya que el niño puede expresar alguna dificultad por la que está atravesando. Sólo en los siguientes casos habría que pedir consejo a un especialista, porque puede ser un indicador de otro problema:

  • Cuando el niño no se encuentra cómodo en actividades con otros niños y prefiere la compañía de su amigo imaginario.
  • Cuando su carácter cambia y adopta la personalidad agresiva de su amigo imaginario.
  • Cuando prefiere a su amigo imaginario antes que realizar las actividades cotidianas.

Por lo demás, no cabe preocupación. Es una oportunidad que tienen los niños para expresarse, crear, experimentar con la empatía y gestionar situaciones. Es beneficioso para su desarrollo cognitivo, ya que ayuda a descentrarse y a comprender la perspectiva del otro, a autorregular su comportamiento.

La presencia de su amigo le refuerza, le ayuda a afrontar sus miedos, superar dificultades y momentos de soledad, ganando autoconfianza y autoestima. También ayuda a desarrollar su creatividad y un vocabulario más rico.

Luego, alrededor de los 7 u 8 años, coincidiendo con la etapa de la escolarización y socialización continuada con sus iguales, el amigo imaginario desaparece de la misma forma que un día apareció, muchas veces dejándonos un divertido y grato recuerdo.

Fuente: Edukame.com


1 may. 2013

Los amigos imaginarios

Los amigos imaginarios son amistades invisibles que tienen los niños y algunos jóvenes, que los padres descubren cuando encuentran a sus hijos compartiendo sus juegos o su comida con otro niño inexistente para ellos.

Uno de cada tres niños de tres a siete años tiene un amigo imaginario que los otros no ven. Esto no es algo que debe preocupar a los padres, al contrario es un fenómeno que estimula la creatividad y ayuda al niño a superar dificultades difíciles en su vida. Sin embargo los padres suelen consultar con un psicólogo cada vez que se les presenta esta situación con uno de sus hijos, aunque al niño le haga bien.

La pregunta más común de los padres es si deben continuar aceptando esa fantasía o si deben tratar de que el niño la ignore.

Dado que todos los estudios científicos sobre este tema coinciden en afirmar que este tema no es motivo de preocupación alguna, lo mejor será seguirles la corriente y enterarse de sus conversaciones para poder comprobar si se trata de una forma de compensación relacionada con alguna carencia que esté sufriendo el niño, y no contrariarlo, ya que el amigo imaginario se relaciona con la circunstancia que está atravesando ese niño.

Algunos investigadores afirman que casi todos los niños han tenido un amigo imaginario en algún momento de su infancia pero que pudo haber pasado inadvertido por los padres y que posteriormente tampoco los mismos niños recuerdan.

Los niños no sólo pueden tener amigos imaginarios sino también animales, magos o superhéroes imaginarios, de todos los tamaños y a veces tan pequeños que pueden llevarlos en los bolsillos.

Los niños suelen considerar a sus muñecos o peluches compañeros imaginarios, con quienes pueden mantener una conversación y darles una identidad determinada.

Entre el 20 o 30% de los niños y jóvenes inventan un amigo imaginario; y aunque sirven para superar contrariedades, los niños maltratados o abandonados no los tienen, porque las experiencias traumáticas suelen bloquear la creatividad y el gusto por el juego.

En 1895, Clara Vostrovsky de la Universidad de Stanford, conoció a una joven que convivió con un grupo de amigos imaginarios hasta su adultez.

Las personas que tienen estas experiencias saben que su amigo no es real y que sólo existe para ellas.

Es importante diferenciar un amigo imaginario de una alucinación patológica producto de una psicosis, que en este caso se caracteriza por ser atemorizante y persecutoria.

Un amigo imaginario en cambio, se vive como alguien que ayuda y defiende, puede ser transformado, cambiado y manipulado y decidir cuánto tiempo va a durar.

Es curioso ver cómo estos niños suelen describir con mucho detalle las características personales de sus amigos imaginarios, que por supuesto también tienen nombre.

Un estudio realizado en la Universidad de Oregon dirigido por Marjorie Taylor, dio como resultado que el 70% de los niños entre 5 y 6 años, que tenían amigos imaginarios, eran hijos únicos o primogénitos, o sea niños que parecen empezar esa amistad porque se sienten solos.

Otro estudio demostró que los amigos imaginarios suelen aparecer en momentos de la vida en que se producen cambios importantes, como el nuevo embarazo de la madre, el nacimiento de un hermano, o si uno de los progenitores se ausenta del hogar por mucho tiempo.

Los amigos imaginarios también aparecen cuando los padres de un niño se separan o cuando cambian de domicilio y los obligan a perder a sus amigos.

Es evidente que los niños y también los jóvenes que tienen amigos imaginarios compensan los sentimientos de soledad, pérdidas afectivas o falta de atención.

Los niños imaginarios suelen desaparecer cuando el niño logra relacionarse con otros niños o cuando se adapta a su nueva situación luego de una pérdida.

Los ancianos pueden crear amigos imaginarios, principalmente cuando se quedan viudos; fenómeno que aún no ha sido bien estudiado.

El psiquiatra Kenneth Shulman tuvo tres pacientes de más de ochenta años que veían a sus cónyuges que habían fallecido, pero no deseaban compartir esta experiencia con sus familiares.


Fuente: "Mente y Cerebro", No.49/2011, "Amigos imaginarios", Inge Seiffge-Directora de psicología evolutiva en el Instituto Psicológico de la Universidad de Mainz.