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30 sept 2013

Qué es un profesor de Pedagogía Terapéutica (PT)



¿Quiénes son? ¿Qué funciones desempeñan en las diferentes etapas educativas: Infantil, Primaria y Secundaria?

Los docentes de Pedagogía Terapéutica pertenecen a la Educación Especial y desarrollan diferentes aplicaciones didácticas y metodologías destinadas a aquellos alumnos que presentan necesidades educativas especiales (NEE). Realizan su trabajo fuera del aula y de manera individual, o con grupos muy reducidos de alumnos.

Sus funciones son muy diversas, podríamos resumirlas en los siguientes apartados:

  • Colaborar con los docentes y tutores en la realización de adaptaciones curriculares individualizadas para aquellos alumnos que las precisen, tanto en objetivos, contenidos o capacidades, redactando un informe final y una propuesta para el curso siguiente.
  • Orientar a los docentes y tutores sobre los alumnos con necesidades específicas de apoyo educativo (ACNEAES) que requieran programas de intervención individual, y colaborar en su seguimiento y posterior evaluación.
  • Participar junto con el orientador del ciclo correspondiente en la valoración psicopedagógica de los alumnos con necesidades específicas de apoyo educativo.
  • Participar junto al tutor en la intervención con aquellas familias de alumnos que presentan NEE.
  • Colaborar con el Departamento de Educación Especial en cualquiera de las funciones que estén relacionadas con sus competencias.

¿Puede el docente de Pedagogía Terapéutica sustituir al tutor? ¿Cuál es su ubicación dentro del organigrama del centro escolar?

El docente de Pedagogía Terapéutica solamente ejercerá la tutoría en el caso de la creación de aulas específicas relacionadas con sus competencias docentes, separando esta labor de las responsabilidades del tutor o de otros docentes dentro del aula ordinaria.

La ubicación del docente de Pedagogía Terapéutica estaría dentro del Departamento de Educación Especial y Apoyo educativo de cualquiera de los centros de Educación Infantil, Primaria y Secundaria.


¿Cuáles son sus ámbitos de actuación?

  • Proporcionar a aquellos alumnos con NEE asociadas a discapacidad la atención necesaria para su integración dentro del centro escolar.
  • Proponer una intervención educativa especializada según cada necesidad.
  • Atender a aquellos alumnos que precisen adaptaciones curriculares individualizadas, ya sean significativas o muy significativas, fuera del aula y en grupos muy reducidos.
  • Intervenir en las adaptaciones de alumnos con discapacidad sensorial o motórica dentro de las diferentes etapas escolares.
  • Unificar su labor que, unida a la del tutor, se recopilará en un expediente individualizado para cada uno de los alumnos y se conservará en el Departamento de Orientación del centro educativo.
  • Colaborar con el Departamento de Orientación y de Apoyo educativo en la previsión de nuevos alumnos que requieran una intervención individual dentro del periodo escolar, planificando los recursos con los que cuenta el centro y solicitando otros nuevos.

Fuente: Revista Maestra Infantil Educación Especial
Año III Nº 10

28 sept 2013

Que es el "Retraso Madurativo"



Muchos niños y niñas pequeñas con dificultades reciben un primer diagnóstico de retraso madurativo. ¿En qué consiste realmente este diagnóstico? Brevemente voy a tratar de explicárselo. 

El retraso madurativo suele implicar las siguientes características:

  • El niño o la niña tiene afectadas varias áreas de su desarrollo: la psicomotricidad, el lenguaje, el desarrollo cognitivo o la interacción social.
  • La afectación consiste en un retraso cronológico, es decir, el niño o la niña con retraso madurativo, mantiene características similares a las de niños de menor edad cronológica. Su lenguaje, psicomotricidad o las áreas afectadas son muy parecidas a las de edades inferiores a las que el niño tiene actualmente, como si fuera más pequeño de su edad. Este aspecto es importante, en el retraso madurativo hay un retraso cronológico, pero siguiendo el curso normal del desarrollo. El retraso puede ser de aproximadamente un año o dos a lo sumo.
Sin embargo, cuando se produce una desviación, ya no hablamos de retraso madurativo. Por ejemplo, los niños que padecen trastorno generalizado del desarrollo su cuadro es claramente una desviación de la pauta normal de crecimiento en el ámbito de lenguaje e interacción social.

En el retraso madurativo, el niño progresa en su desarrollo y llega a normalizarse más o menos, especialmente si recibe estimulación adecuada.


Por tanto, el retraso madurativo es temporal, dura un tiempo limitado. Sin embargo, los que nos dedicamos a la evaluación y diagnóstico de niños pequeños utilizamos el retraso madurativo como un “genérico”, un cajón de sastre y empleamos esta categoría cuando en realidad no sabemos qué decir o es demasiado pronto para establecer un diagnóstico más riguroso que podemos sospechar como por ejemplo, un retraso mental.

Desgraciadamente, a nivel escolar, los alumnos con retraso madurativo no siempre son recocidos como alumnos con necesidades educativas especiales y por tanto, no se benefician de los apoyos y la estimulación adecuada en un momento de su desarrollo crítico. En estos casos, es siempre mejor estimular que esperar a que pase el tiempo “para ver si madura”. 

Jesús Jarque García

20 abr 2013

El Síndrome de Rett


¿Qué es el Síndrome de Rett?

El Síndrome de Rett (conocido también como Desorden de Rett) es un trastorno cerebral que causa problemas físicos y mentales; afecta el habla y la capacidad motriz, como la necesaria para hablar y gatear. Los niños con este desorden crecen normales entre los 6 y los 18 meses. Afecta especialmente a las niñas. Son muy raros los casos de varones con Síndrome de Rett.

Generalmente el primer síntoma es La hipotonía (pérdida del tono muscular). A medida que el síndrome progresa el niño pierde el uso voluntario de las manos, con movimientos repetidos que no puede controlar. Además pierde el habla y olvida lo que había aprendido. Desde el principio se observan problemas para gatear, caminar, crecer, para el contacto visual, dormir, también presenta convulsiones y dificultades para respirar y masticar. El inicio de este período de regresión es a veces repentino. En las primeras etapas el síndrome de Rett es muy parecido al autismo.

Tenga presente que este síndrome es diferente en cada niño. Su hijo mostrará seguramente puntos fuertes y débiles, pero con el ánimo, amor y apoyo que usted le brinde podrá disfrutar, dentro de lo posible, una vida feliz e independiente.



¿Cuáles son los síntomas más frecuentes del síndrome de Rett?


Usted notará que:

El niño no conversa.
Tiene dificultad para aprender y razonar (inteligencia).
Pierde el uso normal de las manos.
Repite los mismos movimientos de manos como frotarlas, torcerlas, aplaudir, y se las lleva a la boca con frecuencia.
La cabeza no le crece al ritmo del cuerpo.
Tiembla -- las piernas o todo el cuerpo -- especialmente cuando está disgustado o molesto.


Veamos a continuación algunos síntomas muy raros, que sólo algunos niños con este síndrome presentan:


Problemas respiratorios; tragan aire hasta que se les hincha el estómago.
Ataques (temblores o convulsiones) que normalmente se controlan con medicamentos.
Escoliosis (curvatura de la columna).
Rechinan los dientes.
Problemas de sueño con apnea (deja de respirar o parece que contiene la respiración durante el sueño), o no duerme a las horas normales.



¿Cómo puedo ayudar a mi hijo?


Ya usted ha dado un primer paso importante leyendo información sobre el Síndrome Rett. También debería hablar con otros padres que tienen hijos con el síndrome de Rett. Ya ellos han pasado por lo mismo y quizá le puedan ayudar. También le pueden ayudar mucho algunos grupos de apoyo, como por ejemplo Parent to Parent of Miami: http://www.ptopmiami.org

Las investigaciones demuestran que cuanto antes se empiece a ayudar a los niños, mejores serán los resultados para ellos y para la familia.


A continuación encontrará algunas listas de cosas que usted puede hacer para ayudar a su hijo. Recuerde que no está solo(a).


LISTA DE COSAS QUE PUEDO HACER PARA AYUDAR AL NIÑO


  • Ayudar a la motilidad y al desarrollo del niño.
  • Desarrollar la pronunciación y el lenguaje del niño.
  • Hacer que mi hijo sea evaluado (sometido a pruebas).
  • Colaborar con los proveedores de servicios de mi hijo: Un proveedor de servicios puede ser su médico, un audiólogo, un maestro, un director de escuela, un trabajador social o cualquier profesional. Recuerde que la persona que más sabe de su hijo y la que más influye en él es usted. Los proveedores de servicios están para ayudarle. 

Cuando hable con ellos:

  • No tenga pena de hacer preguntas o comentarios. Sea específico en cuanto a lo que sabe de su hijo y en cuanto a lo que usted quiere y necesita para él. Diga honestamente lo que espera, lo que le preocupa y lo que no entiende.
  • Si piensa que su hijo necesita algo en particular (como una evaluación del habla) insista hasta que lo obtenga o hasta que entienda por qué no lo necesita.
  • Coopere con los profesionales de intervención temprana en la escuela para escribir el IFSP o IEP para reflejar las necesidades y capacidades del niño. Asegúrese de que incluye los servicios que necesita el niño, tales como los tratamientos de patología del lenguaje y la terapia ocupacional. No se olvide tampoco de la tecnología asistencial.
  • Ayudar a mi hijo en los movimientos físicos y en su desarrollo: Participar en las tertulias familiares, en actividades recreativas, en juegos y en todos los aspectos de la vida diaria. Por tener el síndrome de Rett el niño no debe ser marginado. Al contrario, anímelo a aprender y a desarrollar mejor los movimientos y el control muscular, dentro y fuera de casa. Muchas actividades de verano y al aire libre están a su disposición.
  • Desarrollar la pronunciación y el lenguaje del niño: Hable con él. El solo hecho de hablar con el niño le aumenta su destreza para hablar y expresarse. Háblele siempre. Por ejemplo, en el supermercado, nombre cada artículo que vaya poniendo en el carrito. Describa los colores y las formas. Escuchando, el niño aprende a hablar.
  • Si el niño trata de hablarle, tómese todo el tiempo para escucharle. Quizá quiera decir muchas cosas, dele todo el tiempo que sea necesario.
  • Juegue con el niño: Dedique diariamente el tiempo que requiera para jugar y hablar con el niño. Esto no es fácil con una familia grande o con múltiples ocupaciones, pero ayuda mucho. Es igualmente efectivo si el niño pudiera cantar escuchando música grabada.
  • Lea con el niño y señale objetos en los dibujos para desarrollar el lenguaje.
  • Pregúntele al terapeuta de lenguaje del niño qué podría usted hacer en casa. Pida una evaluación de su capacidad de pronunciación y lenguaje. No se preocupe si el niño es muy pequeño para hablar. Los terapeutas de lenguaje ven a niños muy pequeños, incluso bebés. Nunca es demasiado pronto para hacer una evaluación (prueba) de comunicación (lenguaje).


¿Cómo voy a poder con todo esto?


En primer lugar, tendrá que pensar en usted misma.

Un niño discapacitado da mucho trabajo. Hay momentos de alegría y de fiesta, pero también de desesperación. Es fácil sentirse abrumado.

Usted puede hacer mucho por la vida de su hijo cooperando con sus terapeutas, médicos y maestros, pero usted también tiene que ser buena consigo misma. Eso no es ser egoísta: es imprescindible. Si usted está agotada y estresada, no podrá ayudar a su hijo como es debido.

Analice cómo responder a sus propias necesidades. La próxima vez que algún amigo o familiar le diga "¿Quieres que te ayude?", diga que sí. Que se sienten a cuidarlo, o que echen una mano en la cocina, para que usted pueda cogerse un tiempo para usted. A continuación, algunas cosas que sirven para "recargar baterías":

Haga algo para sentirse más feliz: Podría salir con un ser querido, o con amigos, o darse un baño largo, o dedicarse a algún proyecto de creación.
El ejercicio es esencial para el espíritu, la mente y el organismo: Dese largos paseos, levante pesos, monte en bicicleta, o vaya a una clase de aeróbicos. Pero que lo que hace le resulte agradable, no un esfuerzo por el mero esfuerzo.
Nunca pierda la esperanza: Muchos padres piensan que el poema "Welcome to Holland" (Bienvenido a Holanda) es una bendición.

¿Muchos niños tienen el síndrome de Rett?

Este síndrome es relativamente raro, afecta a una de cada 10.000 niñas. Se presenta en cualquier grupo étnico o racial, en cualquier parte del mundo. El riesgo de tener un segundo niño con el síndrome de Rett es de menos del 1 por ciento.


¿Qué consecuencias tiene esto para la inteligencia y el aprendizaje?

Para empezar, sabemos que tener el síndrome de Rett no significa que la capacidad de aprendizaje o de raciocinio (inteligencia) del niño esté afectada. Tener el síndrome no quiere decir que no pueda aprender lo mismo que cualquier niño, sino que le tomará más tiempo. El niño necesitará gran apoyo y más tiempo para aprender.

Podría suceder que algún niño, con un caso agudo de síndrome de Rett, pudiera tener un nivel intelectual inferior, pero es porque la parte del cerebro que controla el pensamiento y el raciocinio se ha dañado. Luego de un cuidadoso examen de un psicólogo titulado usted sabrá si el síndrome ha afectado la capacidad de aprendizaje del niño. El examen no duele y normalmente no toma mucho tiempo. Puede hacerlo examinar en distintos lugares.


¿Hay cura o tratamiento para el síndrome de Rett?

El síndrome de Rett no tiene cura. El tipo de tratamiento depende de los síntomas que el niño presente. Necesitará medicinas si muestra dificultades para respirar, dormir, moverse o si tiene convulsiones. He aquí algunos posibles remedios:

Terapia física: ayuda al niño a desarrollar la habilidad motriz que requiere el uso de los músculos grandes del cuerpo, los que usa para sentarse y caminar. La terapia también es importante para fortalecer los músculos y prevenir que se acorten.

Lleve al niño al fisioterapeuta para que lo evalúe. El le indicará los ejercicios que usted y el niño pueden hacer en casa. Algunos aparatos especiales podrían ayudar al niño con problemas de movimiento.

Terapia ocupacional: Le ayuda al niño a adquirir ciertas destrezas vitales como vestirse y comer. El terapeuta ocupacional le ayuda a desarrollar los músculos menores del cuerpo y le puede proveer de ciertos dispositivos de asistencia, como cabestrillos, arreos o escayola.

Terapia de lenguaje: Le vendría bien si el niño tiene dificultad para hablar, comunicarse o tragar. Un terapeuta del habla y del lenguaje, conocido también como patólogo, puede evaluar al niño y ayudarlo en asuntos de lenguaje.

Tecnología asistencial: Los dispositivos asistenciales son de gran utilidad para el que tiene alguna discapacidad o necesidad especial. Muchos de ellos están a disposición de su hijo para que pueda hacer lo que los demás niños pueden hacer.


Algunos ejemplos:

Una computadora con pantalla táctil o un tablero con letras para ayudar al niño a comunicarse.
Una cuchara con mango grande para ayudarle a comer.
Una abrazadera para piernas o un andador para ayudarle a caminar.Un especialista en tecnología asistencial le asistirá en la selección de los utensilios o herramientas que le servirán al niño.


¿Qué especialistas deben ver mi hijo?

Su hijo podría tener que ir a ver a muchos distintos especialistas en Medicina. Por ejemplo:

Pediatra: Es el médico especialista en niños. La palabra "pediátrico" delante del título de un profesional significa que es especialista en niños.

Fisioterapeuta Pediátrico: Es un profesional con experiencia en niños, que puede fortalecer los músculos del niño y flexibilizarle las articulaciones de los brazos, piernas y costillas.

Terapeuta Ocupacional Pediátrico: Es un profesional con experiencia en niños con problemas musculares y de las articulaciones. Este terapeuta también colabora en la determinación de los problemas articulares y musculares en la vida diaria del niño, por ejemplo: vestirse solo, comer o dibujar. Luego puede recomendar los dispositivos de asistencia adecuados.

Terapeuta de Lenguaje Pediátrico: Es el profesional que evalúa y aplica su tratamiento a los problemas de comunicación (problemas del habla) y los problemas para tragar. A veces se le llama también patólogo del lenguaje.

Psicólogo Pediátrico: Es un profesional que realiza los tests sobre las capacidades del niño en el aprendizaje y en el razonamiento. La evaluación (pruebas) de un psicólogo cualificado determina en qué grado puede estar afectada la capacidad de aprender del niño por el síndrome de Rett. Esta evaluación no causa ningún dolor y es relativamente rápida.

Trabajador social y consejero: Es un profesional que aconseja y provee ayuda emocional al niño y a su familia y que puede ayudar a coordinar otros servicios.

Coordinador de servicios: Es una persona que organiza los detalles en las agencias y que sirve de contacto para ayudarle a usted y a su familia a obtener servicios y ayuda.

Especialista en Tecnología Asistencial: Es la persona que trabaja con discapacitados para proporcionarles soluciones de tecnología asistencial. Estas tecnologías pueden resolver las tareas de la vida diaria: comer solo, conversar, moverse por la casa o jugar. Este especialista domina una serie de soluciones para ayudar al niño a disfrutar de una vida más plena. Algunos de estos servicios, con sus dispositivos técnicos los paga el sistema Medicaid.

Gastroenterólogo pediátrico: Es un médico que se especializa en tratar los trastornos gastrointestinales en los niños. También los trata cuando hay sangramiento y cuando hay problemas al tragar u otros relacionados con los intestinos. Los niños con el Síndrome de Rett también pueden tener trastornos gastrointestinales como el reflujo ácido y vómitos.

Neurólogo Pediátrico: Es un médico especialista en el tratamiento de problemas del sistema nervioso y del cerebro del niño. Los niños con el Síndrome de Rett tienen ataques algunas veces.

Geneticista: Es el médico o consejero que enseña a los padres si su hijo tiene una condición genética, médica o un trastorno. El geneticista o asesor de genética también ayuda a las familias a entender si futuros bebés en la familia podrían tener un desorden del espectro autista.

Maestro especial para preescolares / maestro de educación especial: Está entrenado para trabajar con su hijo, que dedica especial atención al desarrollo del niño y que trabaja con usted para enseñarle técnicas que benefician a su hijo.





18 abr 2013

Evaluación psicopedagógica del TDAH en los colegios




¿Han realizado la evaluación psicopedagógica a tu hijo/a?

Y aunque parezca mentira, hay muchas veces que no nos saben que responder.
Muchas veces nos podemos encontrar con personas que desconocen lo que es una evaluación psicopedagógica y para que sirve, ni tan siquiera, si sus hijos la tienen realizada o no.

¿Quién la realiza?

Normalmente suele ser realizada por el orientador/orientadora del centro.


¿La realizan de oficio o alguien debe pedirla?

Como norma general, debemos irnos haciendo a la idea de que lo que no hagamos nosotros por nuestros hijos, a veces no lo va a hacer nadie, aunque también es verdad que hay centros con muy buenos profesionales que nos ponen todas las facilidades, pero ni mucho menos es la tónica general en todos los centros.

Cuando un niño o niña presenta problemas de aprendizaje, la punta de lanza, es decir la detección suele ser en el aula, por los profesores que son los que pueden observar la dificultad, pero como no siempre todos los profesores pueden estar formados o tener conocimiento de los diversos problemas de aprendizaje, el tutor puede comunicarlo a los padres o consultarlo al servicio de orientación.

También si el tutor no hace nada, pero los padres detectan algún problema pueden acudir al servicio de orientación, a través del tutor o directamente pidiendo cita.

En definitiva, pueden acudir al servicio de orientación los profesores informando a los padres o los padres informando a los profesores, pero si pensamos que el que tenga que hacer algo ya lo hará, lo único que conseguimos es perder tiempo, que en estos casos es fundamental aprovecharlo.

¿Tenemos derecho a tener una copia de la evaluación?

Si, por supuesto. Como mucho, nos pueden pedir que firmemos una petición por escrito, pero tenemos derecho a acceder al expediente de nuestros hijos.

¿Es primero la evaluación psicopedagógica o el diagnóstico?

No es demasiado importante. Puedes acudir a un centro con el diagnóstico e iniciar allí la evaluación psicopedagógica, o por el contrario la orientadora puede pedirte antes de realizar la evaluación que inicies el proceso del diagnóstico. En ese caso te deriivará con una carta al servicio de Salud Mental o Neurología que corresponda.

¿Si ya tenemos otros diagnósticos o evaluaciones psicopedagógicas nos sirven al cambiar de centro?

Normalmente cada centro quiere hacer sus propias evaluaciones psicopedagógicas, pero también es cierto que suelen aceptar cualquier informe o diagnóstico previo para llenar el expediente del niño. Cuanta más información mejor, en ocasiones puede ser para ahorrarse trabajo, en ocasiones para tener el máximo de información, en definitiva cualquier dato es importante.

Lo único importante a tener en cuenta es que si venimos con un diagnóstico de un centro privado, la mayoría de los centros públicos no lo admiten. A veces si como datos para el expediente, pero nada más y de inmediato te derivan al diagnóstico público.

Entonces ¿Para qué sirve el diagnóstico privado? Normalmente para agilizar el proceso de cara a cualquier posible tratamiento o actuación, pero teniendo en cuenta que en los colegios públicos casi nunca servirá ya que no lo aceptarán.

¿Cuanto tardamos en recorrer el proceso del diagnóstico público?

Pues hay que armarse de paciencia, porque te puedes meter en un proceso que puede llegar a un año, en ocasiones más, y eso significa dos cursos escolares, por lo que hay que agilizar cualquier gestión.

¿Diagnosticar es etiquetar innecesariamente al niño?

Hay gente que piensa que realizar un diagnóstico de dificultades de aprendizaje sólo sirve para etiquetar al niño, y que las etiquetas son malas.
Realmente el diagnóstico pretende poner un nombre al problema, porque cuando le podemos poner un nombre, podemos comenzar a ayudar al niño, porque quiere decir que sabemos que es lo que ocurre y qué es loq ue podemos hacer por el.
Las etiquetas no las ponen los padres con el diagnóstico, las etiquetas las pone la sociedad al señalar lo diferente y esas barreras se deben superar donde las ponen, en la propia sociedad que nos rodea.
En definitiva, no somos los padres los que ponemos las etiquetas a los niños, precisamente porque queremos lo mejor para ellos.

¿Qué podemos esperar de la evaluación psicopedagógica?

Normalmente lo que se pretende es medir y evaluar las dificultades de aprendizaje así como orientar a padres y dar pautas a profesores para el mejor manejo del aprendizaje del pequeño.
Las pautas pueden ser indicaciones metodológicas y a veces darle alguna hora a la semana de apoyo con PT o L (Pedagoga terapeuta o logopeda).

¡Y ya hemos terminado?

Ni mucho menos, esto era sólo el principio.
La evaluaciónm psicopedagógica es un trámite casi interno al colegio, es decir que lo que allí se plasme aplica sólo a ese centro educativo y ellos lo gestionan como quieren.
Si el colegio dispone de PT y L permanentes y estos disponen de huecos libres, pueden dar los apoyos al niño, pero si no son permanentes o tienen todas sus horas ocupadas... el niño se queda sin apoyos y dependemos de la buena voluntad del profesor y sus capacidades para aplicar cambio metodológicos.

Entonces, si los apoyos aún no son en firme, ¿Qué es lo que nos falta?

Falta algo que no solemos saber los padres. En realidad faltan dos cosas.

La primera sería la valoración de la discapacidad. En ocasiones, y dependiendo de la afectación que tenga sobre el niño la dificultad de aprendizaje o el TDAH, en el caso que nos ocupa, los tribunales de valoración pueden decidir si aplica o no alguna discapacidad. Lo más importante es que las discapacidades inferiores al 33% no sirven para nada en general, y las del 33% en adelante, nos empiezan a generar derechos.

Y falta también la petición de dictámen educativo que esta la debe elevar la orientadora, pero siempre con la aprobación de los padres por escrito, ya que si la conceden lo que estamos haciendo es meter al niño en una lista (ACNNEE) de alumnos con necesidades educativas especiales (ACNNEE) que te da derecho directo a los apoyos oficiales que te correspondan, los que venían en la evaluación psicopedagógica.

¿Es bueno estar en la lista ACNEE?

Depende como lo mires, tiene sus cosas buenas y menos buenas. En general es mejor estar que no estar, porque los centros están obligados a darte los apoyos, tanto si los tienen permanentes como si son temporales, es decir ciertos días y horas a la semana. En este caso tu hijo tendría derecho a recibir los apoyos y el centro la obligación de conseguirlos. También los niños con necesidades educativas especiales y dictamen educativo, generan derechos a los colegios, derechos a recibir más apoyos y gestionarlos adecuadamente.

Entonces ¿Cual es la parte "menos buena" de estar en ACNNEE. Pues es cuando intentamos cambiar de colegio, porque los centros tienen estipulados un número máximo de alumnos con necesidades educativas especiales por aula, y si al centro al que optamos ya tuviese el número máximo ocupado en las aulas del curso solicitado, podríamos encontrarnos sin plaza, a pesar de que hubiese libres para alumnos sin estas necesidades.
Además estar en ACNNEE implica que ya no echamos las solicitudes el los plazos y lugares normales, las inscripciones de alumnos con NNEEs van por otro sitio y son gestionadas independientemente del colegio.

¿Y que pasa si en alguno de estos trámites el colegio no nos responde?

Pues que debemos pedir todo por escrito y que nos den una copia de entrada y si aún así no nos responden, acudior al EOEP o a inspección a exigir nuestros derechos.


Esperamos que estas pequeñas indicaciones, no muy oficiales y que han sido aprendidas en el recorrido educativo de nuestros propios hijos os saquen de dudas o mejor aún, os plantéen dudas que podáis ahora si, plantear en los centros.


¿Tiene mi hijo evaluación psicopedagógica realizada?
¿Cuales son los apoyos que se recomiendan?
¿Debemos pedir dictámen educativo?
¿Podemos tener una copia de la evaluación?


Un saludo.



28 mar 2013

Intervención en déficit de atención

1. Introducción

En esta página vamos a exponer los puntos claves para intentar ayudar y optimizar el aprendizaje de niños con déficit atencional (con o sin hiperactividad).

Aunque las orientaciones están pensadas básicamente para los niños con un diagnóstico de T.D.A.H, algunas de estas pautas pueden igualmente resultar útiles para niños que presentan problemas de concentración o distracción fácil.

El déficit de atención es uno de los problemas más habituales en las escuelas. Los niños que lo padecen ven limitado su aprendizaje y para los maestros suponen un elemento de dificultad añadido por los efectos que puede tener su comportamiento en el grupo. De aquí la importancia de conocer los puntos clave del trastorno y la forma de paliarlos, en la medida de lo posible, en el aula.

2- Puntos fundamentales a tener en cuenta:


1 El déficit de atención (con o sin hiperactividad) es básicamente un trastorno de tipo neurobiológico. Por tanto, no es debido directamente a causas de tipo emocional, social, educativas, etc, si bien, éstos factores pueden agravar el problema.

2 Es un trastorno crónico, de por vida, si bien va evolucionando y puede mejorar sustancialmente con el entrenamiento debido. En la vida adulta son aquellas personas que lo olvidan todo y tienen facilidad para empezar o hacer varias cosas a la vez sin aparente esfuerzo.

3 Normalmente el déficit de atención se da conjuntamente con la hiperactividad y la impulsividad, rasgos que se incluyen dentro de lo que conocemos como T.D.A.H. (Trastorno de déficit de atención con hiperactividad).

4 Hay que entender el funcionamiento del niño en función de su peculiar estilo cognitivo. Podemos afirmar que el niño está superado por su propio nivel de activación y su voluntad queda en un segundo término.

5 Le costará mucho más que otros niños sin el trastorno, poder concentrarse o atender cualquier instrucción.

6 Pueden parecer “sordos” delante cualquier demanda del adulto. Por el contrario, pueden oír o atender a estímulos irrelevantes que sólo ellos perciben. En ellos suele cumplirse aquello de que: “estén en todo y no están en nada."

7 La mayoría de estos niños no son discapacitados intelectuales a pesar de que es muy probable que desarrollen problemas específicos del aprendizaje y se produzca un cierto retraso escolar. Ello no es impedimento para que en la etapa adulta consigan, dentro de sus áreas de interés, logros académicos o laborales.

8 Durante la infancia suelen tener problemas de relación con los iguales. En la adolescencia puede aparecer una baja autoestima. Siempre tienen la sensación de que nadie les comprende.

9 El déficit de atención se puede trabajar desde la escuela y en casa si conocemos los pormenores del trastorno y como hacerle frente.

10 Respecto al tema de la medicación (a partir de los 6 años: metilfenidato) tiene que ser valorada por un médico o pediatra. Normalmente produce una mejora en la atención y la hiperactividad pero presenta efectos secundarios que son necesarios valorar. En general, si no hay conductas disruptivas asociadas o un déficit de atención muy severo, la medicación puede esperar.


3- Orientaciones psicopedagógicas


Un niño con déficit de atención supone un gran estrés añadido para el maestro/a. El aula constituye un entorno colectivo en el que hay un orden y un tiempo. No obstante, para estos niños, las situaciones demasiado estructuradas entran en conflicto con su propio estilo de funcionamiento cognitivo y motriz.
Hay que tener siempre en cuenta que necesitarán efectuar un mayor esfuerzo respecto a otros niños sin el trastorno para concentrarse o mantener la atención. 

Con frecuencia parece que el niño va hacia atrás y que cosas que tenía ya aprendidas no es capaz de recordarlas en momentos determinados.

Cada niño tiene su propio ritmo de aprendizaje y esto es especialmente cierto con los que presentan déficit de atención.

Por lo general, estos niños, no presentan discapacidades intelectuales relevantes, situándose dentro del grupo normativo (C.I. entre 80 y 115) en la mayoría de los casos.

Lo que sí ocurre con cierta frecuencia es que son claros candidatos a desarrollar problemas específicos del aprendizaje (dislexias, disgrafías, discalculias, etc.) debido a sus problemas de atención y la dificultad de trabajar en tareas secuenciales o de seriación.

También suelen presentarse, en este colectivo, problemas de lateralidad. A medida que el niño crece y acumula cierto retraso en el aprendizaje pueden aparecer una baja autoestima, desmotivación y abandono fácil de cualquier actividad académica.

Pautas concretas:

a) Para que puedan aprender más.
b) Para mejorar su autoestima y motivación
c) Para regular su conducta


a) Para que aprendan más:


1 Por regla general, los niños con déficit atencional, aprenden mejor cuando la información es presentada visualmente. Por ello es muy importante, en la medida de lo posible, acompañar la información oral, con la presentación de imagenes.

2 Las instrucciones deben ser claras y concisas, adecuadas a la capacidad y características del niño. Mejor sólo una instrucción en cada emisión verbal. Si introducimos diversas peticiones en una misma locución, el niño se pierde con facilidad. No emitir, junto a las demandas, excesivos razonamientos de nuestra petición por el mismo motivo.

3 Cuando se efectue una demanda oral, es necesario asegurarnos de que antes se haya establecido contacto ocular. De esta forma eliminamos la atención a posibles estímulos distractores y facilitamos la recepción del mensaje. Antes de hablarle hay que pedirle que nos mire.

4 La ubicación física del alumno con déficit de atención en el aula es muy importante. Debemos priorizar aquellos sitios con pocos elementos de distracción (ventanas, zonas de paso, ruido, etc.), cerca del maestro o al lado de niños tranquilos en su defecto.

5 En algunos casos, puede utilizarse algún compañero con el que tenga buena relación y tenga el perfil adecuado para que le ayude en las tareas que tiene mayor dificultad.

6 El niño atenderá con mayor facilidad las actividades que sean presentadas de forma estimulante, innovadora, especialmente si nos apoyamos con material visual.

7 Puede también resultar útil anticiparle las diferentes actividades y repetir las instrucciones en el momento de iniciarlas. Es básico asegurarnos de que el niño ha entendido la tarea antes de iniciarla. Recordar que no es tanto un problema de comprensión sino de que el niño atienda.

8 Según la edad del niño, podemos enseñarle a hacer esquemas, a subrayar, en definitiva, a reconocer lo esencial de lo accesorio.

9 Intercalar actividades más lúdicas si consiguen acabar el trabajo menos atractivo (matemáticas, etc.) en un tiempo prefijado. Pueden utilizarse, según edad y preferencias, mandalas, actividades ordenador, etc.

10 Es de gran ayuda que en casa tenga un espacio de tiempo para trabajar con los padres y que supervisen la realización de los deberes. Los padres son piezas fundamentales para reforzar los aprendizajes. Este trabajo debe efectuarse independientemente de que el niño tenga ya otros soportes como refuerzos, maestro de repaso, etc.


b) Para mejorar su motivación y autoestima:


1 Resulta muy útil comenzar la tarea con ellos, si bien, luego tendrán que continuar la tarea ellos solos.

2 El punto clave para motivarlo es que el niño vea que es capaz de ir haciendo el trabajo como el resto de sus compañeros, pese a sus dificultades específicas. Es necesario que nos aseguremos unos primeros éxitos al principio. Para ello deberemos calibrar su capacidad real de trabajo y ajustarnos, en la medida de lo posible, a aquello que el niño sea capaz de realizar en un espacio concreto de tiempo. No hay que olvidar que los niños con déficit de atención necesitan más tiempo y poner mayor esfuerzo para centrarse que otros niños sin el trastorno.

3 No compararlo nunca con otros niños. El niño con problemas de atención tiene, sin duda, aspectos deficitarios pero, seguramente, hay también aspectos positivos en su capacidad de aprendizaje (buena memoria visual, etc.). Por tanto hay que buscar aquello en lo que funciona mejor para poder motivarle en la adquisición de otras habilidades en las que presenta más problemas.

4 Puede ayudarle mucho el hecho de fraccionar las tareas escolares en pequeñas partes(paso a paso). De esta forma podremos reforzarlo inmediatamente e invitarlo a seguir trabajando. Probablemente, cuando el niño esté cansado, difícilmente conseguiremos que siga trabajando y quizás sea necesaria la introducción de otro tipo de actividades.

5 Hay que tratar con naturalidad sus errores y problemas para centrar la atención. No hay soluciones mágicas al respecto y sólo el trabajo cotidiano y la constancia pueden ayudarnos a avanzar.

6 Si el niño es incapaz de permanecer quieto en su asiento en el aula, puede estar indicado el valorar la posibilidad de introducir alguna actividad que implique movimiento, por ejemplo, ordenar el aula, ir a recoger alguna cosa, hacer algún recado, etc, en algún momento de la clase. Ello, pero, puede tener el inconveniente de que otros niños lo soliciten.

7 Priorizar la calidad de su trabajo frente a la cantidad. Con frecuencia, estos niños, presentan disgrafía, problemas con el control del trazo y, también, omisiones, rotaciones o distorsiones de letras y números así como distorsiones en la forma de los dibujos (tamaño, forma, etc.). Regular los deberes para casa. Es preferible, en inicio, que hagan pocos pero bien acabados.

8 Cuando juzguemos su comportamiento o trabajo, es importante intentar sustituir el verbo “ser” por el “estar”. No debemos decir: “Eres muy distraído, así no aprenderás nunca.” por: “Estas muy distraído, si quieres puedes hacerlo mejor.” Lo que pretendemos es enviar el mensaje de que él puede cambiar las cosas (locus de control interno) y evitar las etiquetas.

9 Para estos niños es muy importante el soporte pedagógico pero también el emocionalpor parte de maestros y educadores. Es necesario establecer un equilibrio entre la exigencia de trabajo y el acompañamiento en la regulación de los síntomas negativos del trastorno.

10 Son necesarias tutorías individualizadas de soporte. Consensuar con la familia y los diferentes profesionales educativos unas pautas comunes de actuación, efectuando reuniones periódicas. Igualmente hay que utilizar la agenda escolar como medio de comunicación diario entre escuela y casa.


c) Para regular su conducta en clase:

1 Concretar al niño qué quiere decir “portarse bien.” Por ejemplo, especificaremos: “Acabar la página o ejercicio, no levantarse de la silla, no chillar, etc.” Hay que evitar instrucciones largas o que comprendan varias demandas a la vez. Tampoco es conveniente (cuando se le solicita algo concreto) de intentar razonar demasiado el motivo de nuestra petición (difícilmente nos escuchara y comprenderá el mensaje).

2 Hacer una lista de las cosas que sí se pueden hacer (hablar bajito, levantar la mano para solicitar alguna cosa en clase, salir del aula con tranquilidad, etc.)

3 Poner las normas por escrito, con soporte gráfico y en un lugar visible para todos los alumnos. De esta forma les recordamos permanentemente lo que se espera de ellos en clase.

4 Marcar los límites de forma muy clara para todos. Establecer las consecuencias sustialumnos con déficit atencional suele funcionar muy bien la economía de fichas.Deberemos tener en cuenta que funciona mejor la retirada de puntos (coste de la respuesta) que el castigo directo (perdida inmediata del reforzador o premio). Recordar también que tanto el premio como el castigo (tiempo fuera u otro) funcionan mejor si se aplican de forma inmediata después de la conducta que queremos premiar o evitar.

5 Cuando apliquemos algún correctivo es importante mostrarse seguro y contundente pero a la vez debemos ser capaces de no chillar o alzar la voz. Esto puede alterar más al niño y no vamos a conseguir ningún efecto positivo. Podemos explicar muy brevemente el motivo de nuestra decisión pero sin razonar excesivamente, ahora no es el momento.

6 Evitar comentarios, cuando le llamemos la atención, del tipo: “eres un desastre, nunca harás nada, no tienes remedio, estoy harto de ti, etc.” Podemos en su lugar sustituirlo por:“Estoy disgustado por tu conducta, me duele apartarte de tus compañeros, sé que puedes hacerlo mejor si quieres…”

7 El maestro es un modelo para el niño. Hay que ser tolerante, flexible y paciente con estos niños en la medida de lo posible. Suelen requerir más afecto dado que, a menudo, se sienten solos. Es necesario combinar la exigencia de trabajo con la comprensión hacia su trastorno.

8 La comunicación con la familia es fundamental en este trastorno. Se recomienda que haya un tutor o maestro de referencia para efectuar el oportuno seguimiento y coordinar las acciones con la familia.

9 Su peculiar conducta suele propiciar la incomprensión y alejamiento de una gran parte de sus compañeros. No saber esperar los turnos en el juego, mostrarse nerviosos o excesivamente impulsivos pueden granjearles más de una enemistad. No obstante, la mayoría de ellos necesitan (como la mayoría de niños) del afecto y amistad de sus iguales. Por tanto si el niño se siente rechazado puede incrementar algunas de sus conductas negativas.

10 Para prevenir problemas, puede ser muy útil explicar al resto de compañeros de clase (a partir de Primaria) la necesidad de que algún o algunos compañeros necesiten consideraciones especiales y tengan un peculiar funcionamiento. La idea es lanzar un mensaje de que el trastorno de la atención no es un problema exclusivo de una posible mala educación, sino que hay en su base componentes biológicos de difícil control por parte del niño que lo padece. Ello, pero, lleva añadido el riesgo a que se etiquete al niño. Deberá valorarse cada caso en función de las características del niño, familia y escuela.

11 Otro recurso que puede utilizarse, es buscar un compañero con el que se lleve bien, para ayudarle en sus tareas en clase y acompañarlo en algún tipo de juego guiado bajo la supervisión del maestro. La idea es ir consolidando un mejor funcionamiento social.


Déficit de Atención y problemas de aprendizaje



De la misma manera que el llamado Síndrome de Déficit de Atención ha pasado en los últimos años a ser el motivo más frecuente de consulta en neurología infantil, los problemas de aprendizaje constituyen, a su vez, el motivo que más lleva a los padres a consultar por un hijo con déficit de atención. Sin embargo, hay que establecer un diagnóstico diferencial apropiado para distinguir si existe en cada caso una relación de causa y efecto entre el déficit de atención y los problemas de aprendizaje o si se trata de una relación comórbida. Los problemas de aprendizaje pueden ser separados en problemas generales de aprendizaje y trastornos específicos de aprendizaje.

  • Los problemas generales de aprendizaje pueden manifestarse de diversa manera y afectan el rendimiento académico global del niño o adolescente escolar. Equivalen a un retardo en los procesos generales de aprendizaje. Y aunque el más común es el retardo lector, involucran todas las materias académicas en un grado parejo. Pueden presentarse por diversas causas y los mecanismos etiopatogénicos son variados.

  • Los trastornos específicos de aprendizaje son propios de niños de inteligencia normal o superior, que carecen de alteraciones neurológicas, sensoriales o emocionales y que viven en un ambiente sociocultural, familiar y educacional satisfactorio. Estos trastornos son específicos porque comprometen sólo un área del aprendizaje, es decir, la lectura, el cálculo aritmético o la escritura. Generalmente, tienen carácter hereditario dominante y se piensa que su transmisión es cromosómica. Ellos son denominados dislexia, discalculia y disgrafia.

Está demostrado que el déficit de atención guarda relación con los problemas generales de aprendizaje y no con los trastornos específicos. Los niños o adolescentes con déficit de atención y problemas generales de aprendizaje no pueden centrarse en las actividades escolares, no prestan atención a las exposiciones orales de los profesores, no cumplen con las tareas en el aula ni con las enviadas a la casa y frecuentemente están desinteresados en todo lo relacionado a su escolaridad. En estos casos, el déficit de atención actúa casi siempre como factor causal o factor desencadenante.

El déficit de atención no es determinante en la presencia de dislexia, discalculia ni disgrafia pero puede tener una presencia paralela que las complique.

En los problemas generales de aprendizaje, el tratamiento y el manejo del déficit de atención mejorarán sustancialmente el rendimiento global del niño o adolescente, mientras que en los trastornos específicos no tendría significación.

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El Dr. Javier Flórez del Águila, médico neurólogo, es Jefe del Departamento de Diagnóstico del Centro Peruano de Audición y Lenguaje (CPAL). Teléfono: 344-1939. Correo electrónico: jflorezd@terra.com.pe
Este texto es el resumen del tema presentado en la Mesa Redonda sobre Trastorno por Déficit Atención con Hiperactividad, organizada por el APDA y el Colegio Newton.

Artículo aparecido en el boletín electrónico n.º 3 del APDA, del 22 de marzo del 2004.

Primeras señales del Déficit de Atención

Todos hemos nacido siendo diferentes los unos de los otros. Por ejemplo, es muy habitual encontrar madres que describen que sus hijos, incluso siendo gemelos o mellizos, han tenido siempre características que parecían opuestas desde el mismo momento de su nacimiento: niños más o menos activos, más o menos dormilones, más o menos irritables, más o menos atentos, etc.

El temperamento con el que venimos al mundo, por supuesto, no es inamovible: nuestro proceso de desarrollo, muy largo en nuestra especie, lo modula de forma potente. Mientras que algunos rasgos se acentúan, otros se suavizan y progresivamente aparece un repertorio de respuestas conductuales cada vez más rico y complejo a medida que nos enfrentamos también a una mayor complejidad en el entorno.

Coincidiendo con el inicio de la edad escolar, muchos padres comienzan a fijarse con mayor detenimiento en los rasgos distintivos de su hijo, comparándolos de manera inevitable con aquellos niños de su misma edad con los que empieza a relacionarse. Si bien es cierto que los ritmos de cada niño son diferentes, tampoco puede obviarse que la adquisición de una enorme cantidad de conductas (desarrollo del lenguaje, desarrollo de la psicomotricidad, desarrollo de las funciones cognitivas, etc.) sigue un proceso lógico en todos los individuos de la especie.

Las diferencias en la adquisición de los procesos de atención son especialmente visibles en el ámbito escolar, donde los niños progresivamente han de ir enfrentándose a toda una serie de tareas que van demandando más y más atención, más y más concentración. Las funciones cognitivas, como no podía ser de otra manera, se asocian de manera directa a la adquisición de conductas de atención y concentración.

Los niños que no se concentran con facilidad, que interrumpen el ritmo de la clase, que se muestran más inquietos e impulsivos y que no parecen desarrollar estrategias de autocontrol son enseguida identificados por los profesores y educadores, y su rendimiento escolar muchas veces se ve afectado con bastante rapidez.

Todas las características que acaban de describirse pueden ser rápidamente identificadas por padres de niños a quienes les ha sido diagnosticado un trastorno de déficit de atención. Además, estos padres probablemente habrán escuchado también en el colegio que sus hijos son más inmaduros que el resto de niños de su edad.

En efecto, la capacidad para dirigir nuestra conducta en base a nuestros objetivos, mantener y alternar la atención, prever acontecimientos en base a la observación,organizarse, planificar una secuencia de acciones, ejecutar ese plan, inhibir ciertas conductas en ciertos contextos, controlar los propios impulsos, etc., que habitualmente se asocia a la adquisición progresiva de madurez; se corresponde con lo que llamamos la función ejecutiva.

Desde el punto de vista conductual los niños con TDA pueden tener dificultades para: mantener su atención sobre una tarea y reenfocarla hacia otra cuando esto es necesario, atender a los demás, respetar las normas cuando juega, seguir las rutinas establecidas, intervenir adecuadamente en una conversación hablando cuando le toca y callándose cuando no le corresponde hablar, esperar su turno en clase o en una cola, organizar tanto sus tareas como sus espacios, reprimir sus impulsos, dominar sus emociones e inhibir su expresión abrupta cuando es oportuno, ofrecer soluciones a los problemas que se le pueden plantear en el día a día, etc.

Y todo ello es debido a un mal funcionamiento de la función ejecutiva, controlada eminentemente por la región prefrontal de nuestra corteza cerebral. Por ello, ante la identificación de este tipo de señales, es recomendable recurrir al juicio de un profesional de la psicología clínica infanto-juvenil que evalúe al niño e informe a la familia de si puede o no requerir ayuda para compensar sus dificultades.

Así el déficit de atención puede ser descrito con una disfunción a nivel cortical pero para sudiagnóstico, que ha de ser minucioso, además de que es necesario llevar a cabo una exhaustiva observación del niño en su ambiente habitual (en la escuela y en el hogar), también es imprescindible realizar una profunda evaluación teniendo en cuenta diversos aspectos de la vida del niño: su historia , descripciones minuciosas de sus conductas en sus distintos ambientes (en clase, en el patio, en casa, etc.), sus rutinas, sus hábitos alimenticios, sus intereses, el desarrollo del lenguaje, sus relaciones con otros niños…

No obstante, la función ejecutiva, gobernada principalmente por los lóbulos frontales, no adquiere un nivel de progreso considerable hasta los 7 u 8 años por lo que, antes de esta edad, puede ser precipitado afirmar que existe un problema de déficit de atención en el niño. Lo que no quiere decir que no se le pueda ayudar también a entrenar aquellas conductas que más le cuesta efectuar, impidiendo así que su rendimiento escolar y sus relaciones con los demás puedan verse perjudicadas.

Si bien todas las señales que apuntan al TDA parecen preocupantes y el hecho de que nos digan que su origen es “genético” no tranquiliza sino que más bien da escalofríos, es importantísimo tener en cuenta que las dificultades de los niños con TDA pueden trabajarse a nivel cognitivo y conductual, entrenando rutinas y pautas de acción, instaurando hábitos y dotando la niño de estrategias y herramientas que mejoran su adaptación al entorno y su bienestar.

Con todo ello, es posible ayudar al niño a compensar sus dificultades tanto a nivel académico como a nivel social, familiar y emocional.

22 mar 2013

La apatía en la escuela

Los que trabajamos junto con docentes tratando de acompañarlos oficiando de co-pensores en la dura tarea de crecer como educadores y de realizar aportes para la transformación de la educación, recibimos a menudo consultas respecto al comportamiento de niños y adolescentes denominado "apatía". Estos educadores señalan a este fenómeno que se ha incrementado en estos últimos tiempos y que afecta a un sinnúmero de alumnos de todas las edades, como "una falta de interés" en el colegio, en las actividades, en el futuro, etc.

Por supuesto que la apatía como afección ha sido muy estudiada competentemente por profesionales de todas las ciencias humanas y tratada en ámbitos terapéuticos de prevención de salud mental. Lo que me lleva a desarrollar este entramado de reflexiones es la necesidad de brindar una respuesta que esperan estos docentes respecto a la posibilidad de hacer algo en la tarea cotidiana respecto a este fenómeno que además, parece exceder el ámbito escolar para instalarse en la misma sociedad.


Pero, ¿qué significa "apatía"? Ninguna consideración debería obviar la pregunta ya que esta nos conduce al significado profundo del término y nos permitirá desprender de ella las consideraciones. El término "apatía" proviene de dos vertientes etimológicas: el verbo p£scw (pasjo) en griego significa en primer lugar, "estar afectado por una pasión o sentimiento; experimentar alguna impresión placentera o dolorosa" . De allí se deriva p£qoj (pathos) que significa "pasión (en todos sus sentidos); sentimiento, sensación, emoción". En la vertiente latina, muy emparentada con la griega, y que luego pasará al castellano, se utiliza el verbo "patior": padecer, sufrir, soportar, tolerar, consentir, permitir" y sus derivados: "patiens" : el paciente y "patientia" : tolerancia, sumisión. Nótese las sutiles diferencias entre las dos vertientes, la griega y la latina.

Por otro lado, la palabra "apatía", lleva un prefijo "a" , uno de cuyos significados es el de "privación, falta de, impotencia". Reunidos todos estos datos, ¿qué nos aporta este análisis lingüístico al tema que nos ocupa? Precisamente nos indica que "algo se ha retirado, suprimido, privado" y ese algo es "la pasión, el sentimiento, la experiencia". La apatía conforma así un estado de sustracción, de ocultamiento, se supresión de estados emocionales, apareciendo como una sensación de vacío, de ausencia. Y lo curioso es que una pequeña partícula, la letra "a" nos ha dado la pista para descubrir en contenido de este fenómeno.


Y esto es lo que los docentes señalan en su práctica pedagógica: los niños y los adolescentes, ¿qué es lo que retiran, sustraen de su vida escolar? ¿De qué se privan? ¿Se trata solo de una situación de tipo personal o está en juego intrincadas redes sociales de interacción? ¿Porqué sucede esto? ¿Cuáles son sus causas? Las siguientes reflexiones tratarán de tejer la trama y la urdimbre de la respuesta a esta problemática.

La primera respuesta a estas preguntas es formular otra pregunta: ¿Cuál es la situación de niños y adolescentes en el sistema educativo? El paso por el sistema educativo se corresponde a las etapas de la niñez, la pubertad y adolescencia, momentos de ansiedad y de incertidumbre, donde se da una apertura a lo social que trasciende el reducido mundo familiar, muchas veces sin recibir ayuda por parte de las personas adultas. Durante estos años, los alumnos en la escuela no solo aprenden contenidos curriculares, sino otra programación oculta, sutil y silenciosa con la que aprenden reglas de interacción social, relaciones de poder, valores que difieren de los que se predican y que se actúan más allá del lenguaje verbal. Las modalidades de vinculación autoritaria se trasmiten en los estilos de comunicación y aprendizaje y se evidencian en la obsesión por la uniformidad y reglamentaciones disciplinarias, en la ausencia de diálogo, en las actitudes intolerantes frente al disenso. Para muchos alumnos, la escuela se ha convertido en una deshumanizada oficina expendedora de títulos y certificados; en un lugar donde no hay lugar para lo nuevo, lo imprevisto, lo diferente; donde la indisciplina solo es vivida como un ataque personal a los adultos que detentan la autoridad. El alumno que transita los abruptos caminos (curricula) del sistema educativo, también percibe la dicotomía entre aprendizajes escolares y extra-escolares (abismo) Vive el aprendizaje como algo cuya justificación y utilidad está encerrada en si misma; desarrolla actividades organizadas por profesores cuya finalidad muchas veces desconoce. Tiene presente "qué tiene que estudiar", algunas veces no tiene idea de "cómo", ni "para qué" lo tiene que hacer. Percibe objetos frecuentes y naturales de la vida escolar: libros, papeles, pizarrones, tizas, etc. y también el despojo de lo que le es "propio".


Si se le preguntara para que sirve lo que está estudiando, las respuestas rondarían alrededor del modelo de sociedad: un modelo de "acumulación" y de "marginación" : "pocos llegan, solo los dotados" . Los contenidos los siente como impuestos y ligados rígidamente al contexto en el que fueron aprendidos y su aplicación es posible en contextos similares: el aula. La prioridad excesiva a un reducido sector de la personalidad, hace que el énfasis esté puesto en algunos factores intelectuales: el "retener" y el "repetir": exigencias casi exclusivas de los exámenes finales que por algo se llaman finales: toda la educación apunta y termina en ellos.

No es extraño que muchos docentes se pregunten con razón qué es lo que el alumno "retira", "suprime" en su vida escolar. Es precisamente lo que queda afuera de estos exclusivos factores antes mencionados: el sentir, el experimentar, el observar, el investigar, el intuir, el querer, la pasión por el descubrir, etc.

Hace poco se realizó una encuesta en un colegio de educación técnica entre alumnos de los últimos años.. Una de las preguntas consistía en señalar "¿qué características de la escuela son más importantes para Ud.?" Algunas respuestas reflejaban el pensamiento de casi todos los entrevistados, como por ejemplo: "Una de las características que me parece importante es que cada vez que paso de año, te dan menos ganas de estudiar" . Esto de "menos ganas de",¿no hace recordar a algo?

La segregación escolar y las clasificaciones de los niños en el colegio, son otras de las formas brutales de moldeado ("formación", que se le dice) que con frecuencia la escuela realiza. Hay poca preocupación por la personalidad de cada alumno y por el respeto que se merece y la poca que existe, se desvía hacia la categorización y el "etiquetaje" .El ejercicio del poder con frecuencia, se manifiesta sutilmente en juicios, muestras de impaciencia, gestos despreciativos y comentarios desvalorizadores, arrebatos de ira e irritación y los gritos estentóreos (las consultas a los fonoaudiologos, lo atestiguan) Y a todo esto hay que agregar la autodesvalorización del niño y del adolescente como forma de reacción ante el ambiente desvalorizador. Recuérdese que los famosos mecanismos de defensa estudiados por el psicoanálisis también pueden ser reinterpretados sistémicamente como "mecanismos de intercambio" con el medio ambiente.

El niño desde su más temprana edad va formando lo que se ha denominado el "autoconcepto": el conocimiento que tiene de si mismo. El comportamiento posterior depende de ese autoconcepto en cuanto que el mismo se comportará según lo que cree que es capaz y no tanto por lo que realmente es. De ahí que muchos alumnos anticipen porque "creen saber" los resultados de su actitud. Los indicadores son las reacciones de los adultos que lo rodean; lo que éstos esperan del niño condiciona severamente lo que el niño hará. Si se le anticipa un hipotético fracaso, los esfuerzos serán mínimos y esperará malos resultados, dando a los adultos la comprobación de la certeza de sus juicios al tiempo que los refuerzan en sus actitudes desvalorizadoras, generándose así lo que se denomina un "circuito de realimentación". En realidad no existe un autoconcepto que no haya pasado por los demás. Los niveles de aspiración de los alumnos generalmente están en función de lo que esperan sus docentes. Estas expectativas sobre los alumnos pueden convertirse en "profecías" que se cumplen a si mismas. Habría que recordar aquí las investigaciones en el área de la psicología social que se realizaron y que siguen realizándose con los mismos resultados respecto al fenómeno denominado "efecto Pigmalion" (que hace referencia al personaje mitológico que se enamora de su propia obra de tal manera que le impregna vida).

El alumno se ve en los otros como en un espejo y acaba acomodándose a lo que los otros esperan de él. Es fácil comprobar en ámbitos escolares, la correlación existente entre "malas notas" y una autoimagen negativa: al fracaso escolar se lo identifica con el fracaso personal. El tamiz con que se mide a la persona del alumno muchas veces es exclusivamente escolar: "el estudiante se ha comido a la persona".

La apatía no es un fenómeno estático para ser estudiado en un gabinete; tiene un destino dinámico: nace, se desarrolla, lleva al desinterés, el desinterés engendra al aburrimiento y éste muestra muchas caras: la pasividad, la inercia, la tristeza e incluso algo muy nuestro: la bronca y desde allí comienza acercarse al otro polo de la apatía: la agresión rebelde. No es muy extraño encontrar sobre todo en adolescentes la alternancia entre apatía, inercia y exasperación en los comportamientos escolares y extra-escolares. Del rechazo pasivo: apatía, inercia, inhibición, ensueño, escape, ausencia, al rechazo activo: agresividad, rebelión.

Algunos especialistas se han referido a una situación como de contagio: la apatía y el aburrimiento se trasmiten de un alumno a otro, de los alumnos a los profesores, de los profesores a los alumnos y la institución contagia a todos.

Todo lo que se ha señalado sobre la apatía en niños y adolescentes, podría ser referido a los docentes y educadores. Es que en algún momento los docentes pasan a ocupar el mismo lugar del alumno en el sistema educativo: el lugar de la desvalorización, la no participación, la marginación en las decisiones, la explotación como trabajador de la educación, la coerción, etc. generando inexorablemente la mutilación afectiva que implica la apatía y que luego es trasmitida (si se puede decir así) al alumno.

El docente y el educador pueden pensar que sus intenciones son buenas (y ser así en el nivel consciente) puede pretender la reflexión critica, aprendizaje creador, enseñanza activa, promoción de la personalidad, rescate del sujeto, etc., etc. pero definir el vinculo pedagógico como vínculo de dependencia y sometimiento, y aquí es donde se da una de las contradicciones más severas que sufren muchos docentes que de muy buena fe e intenciones más que nobles, se quejan de comprobar que sus alumnos están afectados por este sindrome del desinterés y la apatía.

Se predica los méritos del aprendizaje activo, pero en virtud de los supuestos de una natural dependencia, cuanto más pasivo sea el alumno, se cumplirá mejor con los objetivos de una "educación formadora". Y si esto sucediera así, ya está instalada la apatía en el alumno: él sabe que en aras de cumplir con estos objetivos y de ser aceptado deberá "hipotecar" sus propios intereses, su curiosidad, su "pasión". "Mi educación terminó cuando ingresé a la escuela" dijo alguna vez Bernard Shaw.

No es imprescindible que la apatía tenga un rostro trágico o deprimente. No consiste precisamente en esto, sino que el núcleo de la cuestión está en el "retiro" y la "supresión" de la propia pasión por un cumplimiento estricto del "principio de rendimiento". Me aventuraría a afirmar que detrás de niños muy rendidores, se esconde el fenómeno de la apatía por sometimiento. A veces se llama educación a lo que no es más que un adiestramiento.

La apatía y el desinterés tienen muchas fuentes que los engendran. Para poder comprenderlos hay que tener en cuenta: la historia personal, el ambiente familiar, las motivaciones sociales, las influencias de los medios masivos de incomunicación (¿cuántas horas pasa un chico frente al chupete electrónico de la TV?); los modelos propuestos por la sociedad que padres y maestros refuerzan, la situación socioeconómica y política, la tradición cultural, etc. (un famoso pensador del s. XIX lo expresó diciendo: "Los millones y millones de muertos de nuestra historia pasada, nos oprime el cerebro impidiéndonos pensar").

Sin una percepción totalizadora e integradora y un pensamiento sistémico, casi es imposible tener un panorama medianamente certero de este fenómeno. Nos duele profundamente la comprobación de que la escuela no está adaptada a las necesidades actuales ni los educadores lo suficientemente preparados para enfrentar esta problemática.

De la misma manera, el desinterés y la apatía no pueden reducirse solo a un factor psicológico individual. Están indefectiblemente ligados a una reacción frente a un complejo mundo de influencias y relaciones de tipo social. En forma brillante, como todas sus producciones, el padre del psicoanálisis, Don Segismundo, nos ha dado la pauta y la orientación suficiente para entender el fenómeno que nos interesa estudiar: 

"La oposición entre psicología individual y psicología social o colectiva, que a primera vista puede parecemos muy profunda, pierde gran parte de su significación en cuanto la sometemos a más detenido examen. La psicología individual se concreta, ciertamente, al hombre aislado e investiga los caminos por los que el mismo intenta alcanzar la satisfacción de sus pulsiones, pero sólo muy pocas veces y bajo determinadas condiciones excepcionales le es dado prescindir de las relaciones del individuo con sus semejantes. En la vida anímica individual aparece integrado siempre, efectivamente, "el otro", como modelo, objeto, auxiliar o adversario, y de este modo, la psicología individual es al mismo tiempo y desde un principio psicología social, en un sentido amplio, pero plenamente justificado. Las relaciones del individuo con sus padres y hermanos, con la persona objeto de su amor y con su médico, esto es, todas aquellas que hasta ahora han sido objeto de la investigación psicoanalítíca, pueden aspirar a ser consideradas como fenómenos sociales, situándose entonces en oposición a ciertos otros procesos, denominados por nosotros narcisistas, en los que la satisfacción de las pulsiones elude la influencia de otras personas o prescinde de éstas en absoluto. De este modo, la oposición entre actos anímicos sociales y narcisistas (Bleuler diría quizás autísticos) ­cae dentro de los dominios de la psicología individual y no justifica una diferenciación entre ésta y la psicología social o colectiva. (Sigmund Freud "Psicología de las Masas y Análisis del Yo").

¿Se podría aplicar esto mismo a la Psicopedagogía?¿Las dificultades de aprendizaje, son solo debidas al individuo o también "a él, sus vínculos y circunstancias"? . No pocos pedagogos opinan que muchos de los males que sufren los escolares deberían ser buscados en la misma escuela.

Para algunos partícipes y responsables de la actividad educadora, hablar y ni siquiera mencionar las dificultades de la escuela y las falencias y el mal funcionamiento del sistema educativo, es tener "malas ondas" ó "hacer intentos de destruir la escuela". Llevando este razonamiento al extremo, hacen responsables de la desintegración del sistema a los que lo describen y lo diagnostican. De este modo tienen una excelente coartada para abstenerse de cualquier acción sobre esta realidad. Por mi parte pienso que conocer cada vez mejor y más profundo los mecanismos por los cuales se produce el desinterés y la mutilación que supone la apatía, es crear las condiciones para actuar y emprender los cambios profundos que nuestros chicos, adolescentes y jóvenes necesitan para ser ellos mismos, sin mutilaciones afectivas ni intelectuales.

La discusión de si las condiciones descriptas se dan o no, y en qué medida se dan en ámbitos escolares, es superflua: pertenece a otra investigación que ya fue realizada y repetida un sinnúmero de veces. Sería conveniente que el lector de estas notas interprete que si estas condiciones se dan, no importa donde o en qué medida, es probable que el fenómeno de la apatía esté relacionado con ellas. No existe tampoco una relación lineal entre causas y efectos y mucho menos en el terreno de los comportamientos humanos que se sitúan en otro modelo de comprensión y análisis. Los comportamientos humanos siguen un modelo de causalidad circular tomando formas de "bucles de realimentación".

La detección de la apatía como experiencia escolar, es probable (y habrá que probarlo) que esté ligada a la situación que viven los niños y adolescentes dentro y fuera del sistema educativo. También está ligada a otras causas que deberán ser investigadas y relacionadas entre si y esto es más que obvio.

La idealización de las condiciones en que se desarrolla la educación o la negación de sus efectos más desagradables, probablemente no conduzcan ni ayuden en nada a resolver el problema de la apatía escolar. Solo sirven para brindarle una excusa al adulto pero bloquean la posibilidad de preocuparse por el alumno

(Interrumpo la redacción de esta nota. Una alumna de una carrera de psicopedagogía viene a saludarme. Le pregunto acerca de sus estudios, cómo le van las cosas, si está contenta. Me dice que no; que le va mal en los estudios (sin embargo, la recuerdo como una muy buena alumna) Razón? No puede terminar con una materia porque la han "bochado" tres veces y va para la cuarta. Le pregunto porqué. No sabe. Cree haber estudiado mucho. Sigo preguntando para ver si el profesor le dió razones de porqué no aprueba. Parece que no. Solo recibe por contestación un "no es lo que quiere el profesor". Y qué es lo que quiere el profesor? , insisto inútilmente. No se lo explican. Sigo preguntando: ¿le dijeron cuál es el criterio con el cual se evalúa la materia, cuáles son las exigencias mínimas para aprobar, cuáles son los objetivos a lograr, cómo tiene que preparar la materia, con qué método tiene que estudiar, cuáles son las fallas que tiene que corregir, etc., etc. etc.? Respuesta negativa. Me despido afectuosamente y le ofrezco mi incondicional apoyo para que pueda seguir adelante. (la psicopedagogía es una carrera clave en este momento en un país que necesita aprender) Me agradece pero me dice que "no tiene más ganas de seguir, que no sabe si vale la pena terminar la carrera" . Se va. Me quedo solo. Me indigno. Me lleno de bronca. Siento un calor que me sube por todo el cuerpo....debe ser la pasión...la reconozco...me ha acompañado toda la vida. Siento que estoy vivo...juro seguir luchando por una educación mejor, sin dejar caer los brazos aunque la voz de Leon me resuene en los oídos: "Cinco siglos igual...").

Después de todo lo expresado surge una pregunta muy obvia y es la que se formulan muchos docentes: Qué se puede hacer? El tratamiento de la apatia ¿es solo un problema de los especialistas? ¿es exclusivo del ámbito terapéutico? ¿Es posible emprender una transformación de las estructuras que posibilitan la apatía y el desinterés?¿Cómo se hace?¿Por donde se empieza? La apatía como señalé antes debe ser investigada y tratada desde un enfoque interdisciplinario. 

Estas anotaciones tienen por propósito tratar el enfoque desde el rol del docente y el de la institución. Es imprescindible que estas ideas sean completadas y extendidas a través del rol activo del lector de las mismas.

La primera consideración acerca del rol del docente y del educador es que la tarea más efectiva es la de prevención. Recurro nuevamente a las etimologías: La preposición "pre" significa "antes", "de antemano", "por adelantado". El verbo "venir" tiene varios significados: el de "llegar", "encaminarse hacia" y también el de "estar presente". En la vida cotidiana decimos que alguien vino o dejó de venir señalando que está presente o ausente. Para el tema que estamos tratando la tarea de "estar antes" y de "hacer algo antes de suceder algo" es fundamental y prioritaria.

Ya sabemos como aparece la apatía. El problema a resolver es qué y cómo hacer para impedir que aparezca. No se trata de "luchar en contra" sino de desplegar estrategias para que no se den las condiciones que puedan generar la apatía y el desinterés en los alumnos.

Existe también un punto de partida. ¿Por donde se empieza? El centro de toda la tarea educativa es el alumno, no es el adulto que enseña. A este enfoque se lo ha denominado "concepción de la educación centrada en el aprendizaje" ¿Cuáles son las necesidades del alumno? Las respuestas pueden ser muy variadas según desde donde se lo considere:

Seguridad (estabilidad del ambiente); Vivir su autonomía (demandas y rechazos); Medios materiales (espacio y objetos de acción); Modelos de acción (mímesis de apropiación); Conocerse y ser reconocido (diferenciación y afirmación de si) etc. También podemos incluir: sentir que lo elegido le es útil, le interesa y que puede ser dueño de eso; hacer algo que le importe personalmente; no sentirse "inquilino" de un programa ajeno; no sentir que adquiere habilidades "para después"; arriesgarse y "usar" lo aprendido, etc.

¿Cuál es el rol del docente en la situación de aprendizaje? La situación de aprendizaje es social. Los docentes tenemos "socios" en el aprendizaje, no "súbditos". La tarea educativa consiste en organizar las experiencias a través de la comunicación: 

  • Dejar que el alumno hable y se exprese.
  • Impedir que repita lecciones aprendidas de memoria.
  • Inducirlo a utilizar otras capacidades además de las intelectuales.
  • Promover la expresión de vivencias personales (qué viste, qué sentiste, cómo lo viviste?) y sobre todo sus opiniones (qué pensás sobre lo que estamos tratando?).
  • Procurar que el alumno establezca con sus compañeros una comunicación "constructiva" y no meramente "informativa".
  • Sacar a flote las capacidades (trabajar con lo mejor que tiene cada uno).
  • Crear un clima donde cada uno se sienta valorado.
  • Buscar el modo en que cada alumno triunfe en algo.
  • Presentar a la educación como el desarrollo de capacidades (autodespliegue) y no como una carrera de obstáculos o de vallas que hay que saltar.
  • Procurar que al alumno aprenda a "amarse a si mismo".
  • Impulsar el crecimiento de la identidad: potenciar y promover más el SER que el TENER.
  • Procurar que el "estudiante no se coma a la persona".
  • Acompañar el desarrollo TOTAL de la persona.Cuanto más valorado y aceptado se sienta el alumno más le ayudará a avanzar en sus aprendizajes. 
Si el docente logra tener una relación auténtica y transparente, de cálida aceptación, de valoración como persona diferente, donde vea al alumno tal cual es, probablemente esto ayude al alumno a experimentar y a comprender aspectos de si mismo, a emprender y enfrentar mejor los problemas. Sería muy ingenuo por otro lado, esperar y pretender que todo se dé en forma mágica.Es un trabajo arduo y no siempre se perciben los resultados; por eso se ha comparado la tarea del educador con la del jardinero:

    "Podemos pensar de nosotros mismos no como maestros, sino como jardineros. Un jardinero no hace crecer flores, él trata de darles lo que cree que les ayudará a crecer y ellas crecerán por si mismas. La mente de un niño, al igual que una flor, es una cosa viva. No podemos hacerla crecer metiéndole cosas, al igual que no podemos hacer que una flor crezca pegándole hojas y pétalos. Todo lo que podemos hacer es rodear la mente en crecimiento con lo que necesita para crecer y tener fe en que tomará lo que necesita y crecerá" (John Holt).

    Para muchos docentes el problema de la motivación en la tarea cotidiana es un escollo insalvable. La motivación ha sido muy estudiada por todas las corrientes de investigación psicológica. Hoy ya sabemos que el término no indica un movimiento (motivación viene de "mover") "desde afuera hacia adentro" (se lo denomina "incentivación") sino por lo contrario proviene "desde adentro hacia afuera" y que una persona "se motiva" a si misma. En rigor no es posible "motivar a otros" aunque ya lo hemos instalado en el lenguaje popular, sino que en realidad lo que hacemos es crear las condiciones y el clima para que los otros puedan "motivarse" (moverse) Ante cualquier duda, consultar los trabajos de Frederick Herzberg sobre la motivación.

    Volviendo a la tarea educativa, el alumno "se interesa" y "se motiva" si el docente hace lo posible para ponerlo "frente a la realidad" teniendo en cuenta que una experiencia tiene sentido si se la compara y confronta con la vida que vive el alumno. La pedagogía activa es más un estado de ánimo y una actitud del docente, que un problema de aplicación de técnicas.

    Se ha desarrollado entre los especialistas en educación una temática centrada en el rol de "mediación" del docente cuya función sería la de oficiar de "puente" entre el alumno y la tarea, entre el alumno y el objeto de conocimiento. El desempeño de este rol haría posible que el alumno realice su propia experiencia en el logro del saber. Este modelo de co-operación (denominado también "vinculo simétrico de co-operación complementaria": simétrico porque ambos están aprendiendo ; de co-operación porque trabajan juntos; complementaria porque el docente complementa lo que el alumno necesita, porque comenzó antes y conoce métodos de cómo aprender) tiene un punto de partida: las necesidades del alumno y un punto de llegada: la adquisición del saber "por apropiación". Nótese que la actividad :

     a) está centrada en el alumno
     b) el docente ordena los obstáculos del saber 
     c) no ejerce violencia para lograr una "adaptación pasiva" 
     d) el objetivo es la dificultad que debe vencer el alumno en el logro del saber 
     e) aprender es apropiarse de los instrumentos para conocer y transformar la realidad (uno de los tres objetivos que fijó la UNESCO para la educación: aprender a ser; aprender a aprender y aprender a hacer).

    En este modelo el objeto de conocimiento ya no es más propiedad exclusiva del docente sino que está afuera de ambos y la estrategia sería convocar, invitar, entusiasmar al alumno para "ir juntos en su búsqueda" constituyendo así una verdadera "aventura" del conocimiento, el cual ya no estaría para ser "acumulado" sino buscado, analizado, indagado, transformado y "construido".

    Esta situación permite que el docente quede liberado de la "angustia por acumular" información para luego transmitirla en forma rutinaria y luego dedicar sus energías a desarrollar métodos de aprendizaje y de búsqueda, propuestas de materiales y experiencias, a poner en contacto con la realidad al alumno promoviendo la investigación y experimentación. En lugar de pretender que los alumnos "lo atiendan a él", el docente estará "para atender a los alumnos". Toda esta "movida" pedagógica supone un verdadero "corrimiento" en el espacio simbólico rígido de la educación tradicional, de roles, vínculos, objetos de conocimiento, metodologías, utilización de materiales, ubicación y utilización del espacio físico de aprendizaje (el aula).

    Todo lo antedicho nos coloca a todos los que nos dedicamos a la educación frente al problema del cambio. Los cambios en la educación son cambios de sistemas. Pero hay una realidad y es que aun cuando los cambios en el docente estén interrelacionados con otros aspectos del sistema, no hay nada ni nadie que puede cambiar al docente si él no lo hace. Solo el docente puede cambiar al docente.

    La tan mentada "pedagogía activa" requiere cambios profundos. Así como la apatía requiere para desarrollarse de un clima y de determinadas condiciones a nivel individual y social, del mismo modo el promover en las clases a los alumnos como sujetos activos, constructores de sus propios aprendizajes, requiere una re-estructuración significativa de los espacios de aprendizaje.

    Esto nos lleva a la idea de un "pasaje" de una situación a otra, de un modelo a otro; de un lugar de pasividad a otro de actividad, de un modelo de exclusión a uno de inclusión que priorice la participación en la tarea educativa, única condición para que la apatía no se haga presente. Participar es "tomar una parte, la que le corresponde" en un grupo social, la apatía es "retirarla".


    Autor: Lic. Rodolfo Valentini
    Licenciado en Psicología y Profesor en Filosofía
    Docente universitario de Dinámica de Grupos, Psicología Educacional y Psicosociologia de las Organizaciones; Psicología Social; Pensamiento Sistémico (Universidad de Buenos Aires; Universidad de Moron; Universidad del Salvador; Universidad de Lomas de Zamora; Universidad Tecnológica Nacional)Psicólogo InstitucionalConsultor de organizaciones laborales en Recursos Humanos; Desarrollo Gerencial y Desarrollo de OrganizacionesDirector de Centros de Pedagogía UniversitariaAsesor de Instituciones Educativas de nivel primario, medio, universitario y de formación docenteCoordinador de seminarios de capacitación docente en Ministerio de Educación y en la Dirección General de Cultura y Educación de la Provincia de Buenos Aires.Coordinador de Cursos de Formación para Docentes de Escuelas Técnicas (Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires – Secretaría de Educación - Centro de Formación Profesional Nº 23 – AMET