10 may. 2014

Dos tipos de saber...


Un erudito preguntó a un sabio cómo los detalles se reunían para formar un todo, y cómo el conocimiento de lo diverso se diferenciaba del conocimiento de la plenitud.

El sabio dijo: "Lo disperso se convierte en un todo si logra encontrar un centro y actuar centrado. Ya que tan sólo a través de un centro lo diverso se hace esencial y real; su plenitud, empero, nos parece simple, casi poca cosa, como una fuerza tranquila dirigida a lo próximo, permaneciendo debajo y cerca de aquello que sostiene.

Para experimentar o transmitir la plenitud, por tanto, no necesito saber ni decir ni tener ni hacer todo, uno por uno. El que quiere llegar a la ciudad entra por un solo portal. El que toca una campana una vez, sólo con ese tono hace sonar muchas cosas más. Y el que recoge la manzana madura no necesita averiguar su origen; la tiene en la mano y la come".

El erudito objetó que el que quería la verdad, también tenía que saber todos los detalles. Pero el sabio lo contradijo: tan sólo de la verdad antigua se sabía mucho. La verdad que conducía más allá era arriesgada y nueva. Ya que, así como una semilla oculta el árbol, también ella esconde su final.

Por tanto, el que vacila en actuar,porque pretende saber más de lo que el siguiente paso le permite ver, pierde lo que es efectivo. Toma la moneda en vez de la mercancía, y de los árboles hace madera.

El erudito pensaba que eso sólo podía ser parte de la respuesta, y le pidió un poco más. Pero el sabio se negó:

la plenitud en un principio es como un barril de mosto, dulce y turbio, y necesita la fermentación y el tiempo suficiente para aclararse. El que entonces, en vez de probarlo, bebe, facilmente se tambalea.


Cuento de Bert Hellinger.

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