26 jul. 2013

Intervención psicológica en catástrofes



Cuando surgen catástrofes como la acaecida en la tarde del 24 de julio en Santiago de Compostela, surge también el gran debate de si el papel del psicólogo es útil en estos casos, y algunas personas llegan a dudar a veces de que su trabajo a pie de la catástrofe y en las horas posteriores, sirva para algo.

Recuerdo un curso al que asistí hace años, relacionado con la intervención psicológica en catástrofes, donde yo misma fui consciente por primera vez, de la gran utilidad de los psicólogos en situaciones como esta.

A continuación os describo, para salir de dudas, algunas de las actuaciones que estos profesionales pueden llevar a cabo, y que redundan por supuesto en unos buenos resultados, ahora veremos en relación a que:

  • En primer lugar, algo fundamental en la misión de los psicólogos en estos casos, es acompañar a los familiares de las víctimas o los heridos, a lo largo de todos los procesos y momentos que estos tengan que afrontar, como la espera de información, la comunicación de noticias, la expresión emocional resultante, la identificación de cadáveres, la gestión de papeleos, …etc. La idea es que los familiares no se sientan solos en estos momentos, y tengan la sensación de que personas especializadas en dar apoyo emocional, están a su lado en todo momento.
  • Es importante proporcionarles o buscarles espacios físicos donde se sientan seguros, fuera de peligro, y donde su intimidad esté salvaguardada de la prensa, de curiosos o de cualquier agente externo que impida el que puedan expresar o vivir su dolor de la manera que cada persona decida o le permitan sus circunstancias.
  • Por definición, un profesional de la psicología en catástrofes, debería ser experto, o al menos buen conocedor, de la gestión de sentimientos como el dolor. Con lo cual, es su misión ayudar y facilitar la expresión de emociones, así como transmitir a los familiares la idea de normalidad ante esta catarsis (desmayos, gritos, dolores de cabeza, estado de shock, labilidad emocional, etc…). Es importante respetar la forma particular que cada persona individual manifieste de cara a la expresión de emociones. Habrá personas que prefieren estar solas un rato, y otras que necesitan acompañamiento todo el tiempo, algunas personas sentirán la necesidad de gritar o pronunciar el nombre de su ser querido, y otros preferirán llorar de forma silenciosa….El profesional estará atento a las necesidades particulares de cada persona, para responder adecuadamente a ellas, y proporcionarles el apoyo o no apoyo que cada uno demande en cada momento.
  • No favorecer más dramatismo del que ya supone la situación. Esto supone dar una respuesta de tranquilidad sea cuál sea la manifestación del dolor. Esto implica la no victimización de los familiares, la sobreprotección o la transmisión de ideas de debilidad emocional ante hechos tan dolorosos. En estas situaciones, es habitual el pensamiento de que los hechos superan la capacidad de aguante, y sobrevienen ideas de ”rozar con la locura”. Por ello es bueno transmitir que este pensamiento es normal, pero engañoso, es decir, el profesional es el espejo de sostén donde el familiar puede reflejarse, para que este sea consciente de la fortaleza interna que todos tenemos para soportar grandes dosis de dolor, y que tiene derecho a derrumbarse por momentos, con la seguridad de que podrá sostener su gran pesar. 
  •  Transmitir información fehaciente y veraz, a cerca de todos los acontecimientos y sucesos que rodean todo lo ocurrido a su familiar. Uno de los peores momentos por los que pasan los familiares en situaciones de catástrofes, son aquellos donde no obtienen información que les permita comenzar un duelo, o saber del paradero de su familiar. Es importante que obtengan información con la mayor celeridad posible, para evitar el desasosiego que causa la incertidumbre y su difícil manejo. La información dada ha de ser todo lo real posible, por muy dura que esta sea, pero respetando siempre el nivel de profundidad que cada persona pueda soportar. Hay que tener en cuenta que solo teniendo datos fehacientes que aporten realidades, se pueden empezar procesos de duelo o cualquier otro. Solo conociendo la realidad de la situación, las personas pueden empezar a asumirlas, mientras que la incertidumbre supone una situación emocional más difícil de manejar.
  • Estar en permanente disposición de los familiares para cualquier demanda que estos puedan emitir, como la necesidad de alimentos, agua, mantas, necesidades de sueño, etc…cualquier necesidad que su satisfacción suponga una manera facilitadora de soportar la grave situación. 
  •  Preparar a los familiares para el momento del reconocimiento de cadáveres, informar de posibles situaciones con las que estos se pueden encontrar, y detectar cuales, de entre los distintos familiares, están más preparados o predispuestos para el afrontamiento de esta tarea. Es importante respetar el ritmo de cada uno para tomar este tipo de decisiones, recibir con normalidad estados iniciales de negación y solo asesorar o proponer actitudes consideradas por el profesional más saludables, cuando se observe que las personas están preparadas para dar un nuevo paso y asumir y responder ante la situación de nuevas formas que vayan dirigidas hacia un comienzo normalizado del duelo.
  • Estar en permanente situación de escucha, acogiendo con total aprobación todo lo escuchado y emitido, sin penalizar ninguna emisión ni censurar ni corregir palabras, frases, emociones, sentimientos. Hay que ser conscientes de que cada persona tiene su particular e individual forma de sentir y expresar, y sobretodo en momentos donde la situación es abrumadora y no controlable en fases iniciales.



En realidad, y resumiendo todas estas actuaciones, podríamos desmitificar la actuación de los psicólogos en estas grandes catástrofes, afirmando que ninguno de los extremos que a veces se escuchan son ciertos, es decir, no es cierto que los profesionales de la psicología no ayuden en estos momentos, pero tampoco lo es el que los psicólogos “alivien” (como se dice en algunos medios de comunicación estos días) el dolor de las personas. Digamos que más bien ayudan a gestionar ese dolor, a expresarlo de formas saludables, a proporcionar espacios que lo permitan, y a no sentirse solos en esos momentos. 

Se habla mucho de “qué se le dice en estos momentos a las personas que pierden a un familiar”, y yo creo que no es tanto un momento de palabras, sino de acompañamiento. Este acompañamiento puede ser en forma de abrazos, de cercanía física, de satisfacción de necesidades, de escucha, de contención emocional, de apoyo. En momentos como este, el impacto emocional vivido cobra protagonismo en relación a las partes racionales de las personas, con lo cual, si lo que prima es un lenguaje emocional, no tiene sentido responder desde los profesionales con un lenguaje más racional o verbal. Por eso es importante estar atento a cuales son las necesidades emocionales de las personas en estos momentos. Es decir, resulta mucho más terapéutico en estos momentos un abrazo, que una palabra. 

Y por último añadir, que los psicólogos son catalizadores en estas situaciones, ayudadores, y facilitadores, pero desde luego nada comparable al alivio o cura que puede suponer el abrazo o la cercanía de los amigos y familiares, con lo cual también es misión de los psicólogos el propiciar y facilitar que estos hechos se den.


Ana B. Taboada - Psicólogo
Num Col. G-4678



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