16 jul. 2013

La actitud ante la muerte



Son demasiadas personas las que últimamente, fruto de largas o cortas enfermedades como el cáncer, o accidentes tontos y fortuitos, nos dejan. Demasiadas como para no percatarnos o que pasen desapercibidas. Y en relación a las actitudes que rodean estas muertes, se produce un fenómeno cuanto menos curioso, que llaman mi atención, y comparto ahora con todos vosotros. 

Y es la imagen que la sociedad quiere dar a cerca de lo que considera las actitudes más favorables o “mejor vistas”, de cara a la muerte. A nadie se le escapa, y a mí tampoco, cuales son los actitudes aprobadas por la sociedad en este sentido, qué aspectos son los que se resaltan una y otra vez, que tipo de palabras se escuchan en la tele, en un tanatorio, o en los corrillos de amigos y familiares, cuando se refieren a la “actitud” de las personas que encaran la muerte, ya sea de forma directa (personas afectadas), o indirecta (familiares y amigos allegados). 

Y por eso es muy frecuente escuchar cosas del tipo de: “ha sido un luchador”, “nunca se ha rendido”, “le importaban más los demás que él mismo”, “ha mantenido siempre la entereza”, “no ha derramado ni una lágrima”, “ha aceptado la situación con mucha entereza”, etc etc…

Hay todo un mundo de emociones, sentimientos y actitudes relacionadas que suscita y rodea al tema de la muerte, y sin embargo, la gran mayoría de las personas cuando se encuentran en ámbitos sociales, solo hacen mención a una parte, y no es casualidad que justo lo que comentan, es justo a lo que todos dan importancia. Y pocos se atreven a dar relevancia a otros aspectos, porque ver la otra cara de la moneda, sería, socialmente, dejar en mala posición al que se ha ido o a sus allegados.

Es por esto que no se habla del miedo, del llanto, de los momentos “bajos”, de las miles de veces que alguna persona se ha preguntado “¿por qué?”, de los intentos de “tirar la toalla”, de las maldiciones a la divinidad o a la vida en general, del profundo sentimiento de soledad o tristeza, del pensamiento de injusticia, de la sensación de “no me lo merezco”, del abandono de las fuerzas, del “ya no puedo más”. Etc, etc…..

Sentimientos y pensamientos tan reales, necesarios, y sanos dependiendo el momento, como los anteriormente mencionados. No se entiende muy bien el porqué de la mala prensa de estos sentimientos, y parece que uno solo se encara adecuadamente con la muerte, si lo hace con “entereza”. Nadie o pocas personas hablan de esta parte, y solo valoran como positivo, y así lo cuentan, LA ENTEREZA.

La entereza es una actitud fruto de un proceso, no se alcanza esta de repente, en un minuto, o un día después de que ha sido comunicado un diagnóstico, o una muerte, o una mala noticia sea cual sea. La entereza es como la paz que uno encuentra, después de haber pasado por otros estados, estados que conllevan el miedo al que me refería, las dudas, la inseguridad, el terror que a uno le entra al conocer la nueva situación. Si lo que aparece en los estados iniciales es entereza, algo está fallando, algo está dejando de sentirse o ser vivido. 

La reacción natural ante la muerte es un estado de shok , desencadenante de toda una serie de sentimientos y emociones que nada tienen que ver con la entereza y la fortaleza. Bien es cierto que en función del carácter, personalidad, o forma de ser de cada uno, todos lo viviremos de formas diferentes, o lo mostraremos de formas diferentes. Pero que dejen ya de contarnos “el cuento” de que todo el mundo es fuerte, de que eres mejor persona si no lloras, o de que has afrontado tal o cual situación, como se esperaba….con entereza.

Esto solo ayuda a que en nuestro inconsciente, sigamos penalizando otros sentimientos naturales, y que forcemos a nuestro organismo a fingir que “no pasa nada”, que “todo está bien”, que ”asumo esto con entereza, porque parece que eso es lo que se espera de mi”. 

Y nos olvidamos que “El cuerpo grita, lo que el corazón calla”. Si no damos espacio para que surja lo que en cada momento ha de ir surgiendo, tarde o temprano lo hará igualmente, saldrá estrepitosamente, de una forma no sana, y en un momento seguro que no adecuado. 

Que no nos cuenten cuentos…..esas personas que se han ido, han sentido miedo, han llorado o al menos han tenido ganas de hacerlo, han sufrido, han sentido cansancio por la lucha, han sentido tentaciones de tirar la toalla, han perdido las fuerzas en algún momento…..y todo ello NO ES MALO. Es sano y natural, de la misma manera que lo es el recuperar las fuerzas, el ser positivo, el salir disparado hacia arriba después de tocar fondo, el integrar cada una de las cosas que van pasando y aceptarlas, el asumir la situación y acostumbrarse a una nueva normalidad, para que al final, uno pueda, actuar con ENTEREZA.

Estas personas, no han sido ni mejores ni peores que otras, en función de lo que hayan sentido, pensado o expresado, de cara a la muerte. Han sido personas. Todos somos iguales en esto, y todos hemos de pasar por estados muy similares. Y no hay personas mejores o peores,en función de su manera de encarar la muerte, hay la que a cada uno le toque en cada momento. No se es peor persona porque se  llore, o se tengas miedo, ni mejor persona porque se tenga "entereza". 

Que cada uno sienta y exprese lo que en cada momento le venga. Y eso, ...lo que llegue, será lo correcto.


Ana B. Taboada - Psicólogo
Num col. G-4678




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