9 jul 2013

Actualización de mi mismo.



Me he dado cuenta de que muchas personas, incluida yo misma, hemos dedicado mucho tiempo de nuestras vidas a tratar de conocernos, de saber como somos, para poder reunir todo ello en una serie de adjetivos que nos puedan definir como personas, y eso parece que nos da seguridad y que conforma un buen traje o una buena tarjeta de presentación para aparecer ante los otros. 


Es por esto que a veces nos autodescubrimos a nosotros mismos autodefiniéndonos como una persona responsable, o extrovertida..., aplicada, u ordenada.... dormilón, o despreocupado. .. Amistosa o miedosa... Étc..,, todo ello... para que con en el paso de los años me de cuenta de que nada de esto es cierto, y del peligro que supone a veces el tratar de limitar nuestra conducta a un adjetivo, dado que nuestro inconsciente es muy pícaro, escucha estas palabras, y puede que trate de ajustar nuestro comportamiento a los adjetivos que nos hemos puesto, de modo que siempre "escogeremos" para nosotros aquellos comportamientos que coincidan con la etiqueta que nos hemos puesto, para que no se nos derrumbe la torre, los muros de contención que nos protege, o la careta que nos da seguridad.


La realidad es, que cada momento presente es una actualización de mi misma, y así como ayer tuve comportamientos de timidez, hoy me sorprendo un poco extrovertida,... Y así como ayer me parecía que era una persona ordenada, hoy me apetece vivir en mi particular caos o desorden. No soy nada de lo que los demás dicen que conocen de mi.... porque en un momento determinado soy todo lo contrario. Es la maravilla de sentir que uno puede discurrir a través del continuom, de un polo al otro, y sin que ello suponga una incomodidad, una despersonalización, o una falta de identidad, dependiendo del momento, la compañía, el estado emocional. ... 


Ha sido maravillosa la catarsis de darse cuenta... de que en cada momento, soy una actualización de mi misma.

Ana B. Taboada

27 jun 2013

La ley del Espejo



Esta semana me han hecho un regalo que hoy quiero compartir con todos. Ha caído en mis manos este relato, una joya y un regalo que creo que podría ser el libro de cabecera de muchas personas, todas aquellas que deseen descubrir el funcionamiento de las cosas, de cara a alcanzar la paz interior y la felicidad. 

Es un pequeño relato que nos habla a cerca de la importancia del "perdón" en nuestras vidas, y como este (aparentemente) simple acto, puede cambiar el discurrir de las mismas. El perdón, la capacidad de agradecer, y como «La vida es un espejo que refleja nuestro corazón.» Es decir que «ocurren acontecimientos que sintonizan exactamente con nuestro interior». O también se puede decir que «la causa que se halla en nuestro interior se hace realidad como efecto».

Todas las palabras de el mundo que a mi se me ocurrieran, nunca llegarían a trasmitir lo que el autor con las suyas, asi es que aquí os dejo algunas de sus ideas, y el enlace para que podáis leer el relato completo y disfrutar de él. Espero que os guste tanto como me ha gustado a mi...pero sobre todo, que os remueva un poquito por dentro y os haga pasar de el estado de sopor...a la acción. Porque eso significará que más personas estarán en el camino de obtener ...LA PAZ.

Ana B.


"Al igual que cuando nos miramos en un espejo podemos conocer nuestra propia imagen, si miramos lo que nos pasa en la vida podremos conocer qué tenemos dentro del corazón. ¿Qué hace usted cuando no le gusta su imagen reflejada en el espejo? Por ejemplo, si se mira en el espejo y ve que está despeinado/a, 

¿qué hace?

Por mucho que extienda la mano para arreglar los cabellos de su imagen en el espejo, ¿verdad que no lo conseguirá? Probablemente lo que hará será extender la mano hacia su cabeza y los arreglará.
De forma parecida, para resolver de raíz los problemas de la vida hace falta eliminar la causa que se halla en el propio corazón. Si no cambiamos nuestro interior, y únicamente esperamos que cambien los otros y las situaciones, no conseguiremos lo que deseamos.

Cuando digo que «hace falta cambiar nuestro interior» no quiero decir que «no haga falta actuar en la realidad».

Por ejemplo, si alguien está siendo maltratado por otro, lo primero que se tiene que hacer es actuar para protegerse en la vida real. Pero, al mismo tiempo que se intenta hacer lo mejor posible en la vida real, es también importante ir cambiando lo que se tiene dentro del corazón.

Con el perdón se consigue la calma. Vamos a reflexionar un poco sobre el «perdón ». Cuando pienso «No se lo puedo perdonar » significa que todavía vivo atado al pasado, que el corazón está repleto de rencor hacia alguna persona. 

Si siento resentimiento hacia alguien y me digo que “¡no se lo puedo perdonar!”, no conseguiré nunca la paz interior. Estamos trastornados porque una fuerza extra está actuando sobre nosotros. Y si esta situación se prolonga se acabará convirtiendo en sufrimiento.

Ciertamente esto es una situación difícil. Yo también la he experimentado. En este momento, nosotros tenemos dos opciones: «perdonar» o «no perdonar»

Si en el pasado resultamos heridos de la relación con alguien, podemos escoger «no perdonar». En este caso significa que nos permitimos quedar anclados en el acontecimiento pasado. Y debido a esa situación pasada eliminamos la posibilidad de tener una vida llena de paz.

Por otro lado, tenemos también la opción de «perdonar». Si perdonamos, entonces tanto nuestro cuerpo como nuestro interior se calman y podemos relajarnos.

Nos liberamos del hechizo del pasado, y conseguimos paz y libertad de espíritu.

«Perdonar» no significa que damos el visto bueno a lo que nos han hecho, ni que lo pasamos por alto. Tampoco significa que tengamos paciencia a pesar de pensar que «él/ella tiene la culpa». «Perdonar» significa que nos liberamos del pasado que nos ata, que dejamos de hacer reproches, y que escogemos la calma de los momentos presentes.

¿Y usted? ¿Siente en este momento resentimiento hacia alguien? ¿Estaría dispuesto a perdonar a esa persona con tal de conseguir una vida feliz para usted?

Debe tener en cuenta que perdonar a alguien es sólo para usted mismo/a. No es para nadie más. Perdonémonos a nosotros mismos.
Probablemente haya quien piensa: «Me es imposible perdonar a tal persona».
En este caso, no se culpe, ni piense: «Soy un desastre porque no puedo perdonarle» o «Así no podré ser feliz », etc. Tiene que comprender que le han herido, y antes será necesario que lo acepte. Quizá todavía no esté preparado/a. Es necesario que se acepte a sí mismo/a.

Primero uno se perdona a sí mismo. Esto es lo que en psicología se conoce como autoaceptación. Primero aceptamos que nos han herido, y después nos autoperdonamos por no poder perdonar a tal persona. De este modo, conseguimos autoaceptarnos, y conseguimos el alivio que nos posibilitará perdonar.

                                                            LA LEY DEL ESPEJO

Yoshinori noguchi




29 may 2013

Sentimientos que dañan el alma


Si les pidiera que contestaran a la pregunta: ¿cuál es su misión en la vida? Seguramente no me darían una sola respuesta, sino muchas. Todas las personas tienen objetivos diferentes relacionados con su vida familiar, personal, social y laboral. Pero hay un deseo que nos une a todos, y ese es el de ser feliz. Todos anhelamos equilibrio interior, paz y tranquilidad.

El bienestar no viene genéticamente predeterminado, sino que se busca, se entrena. Las personas se rodean de circunstancias, de otros compañeros de viaje y de momentos que les aportan felicidad, buscan la seguridad y tratan de desprenderse de todo lo que les incomoda y provoca dolor. De hecho, vivimos en la era de la felicidad. Se cultiva y practica una filosofía dirigida a cuidarse y mimarse, y muchas personas dejan de salir de su zona de confort para evitar enfrentarse a sus miedos y no sentir la incomodidad del sufrimiento. Pero la envidia, la culpa, el remordimiento, la inseguridad, la frustración, la vergüenza…todos esos sentimientos forman parte nuestra evolución. Lo inteligente es saber dosificarlos para que cumplan con su función y no dejar que nos bloqueen.

                                 "Hay un remedio para las culpas, reconocerlas"
                                                                              (Franz Grillparzer)

Todo tiene su razón de ser y una explicación lógica. Los sentimientos negativos funcionan como un termómetro, nos indican que algo no funciona y se manifiestan a través del malestar. Pero tienen su parte positiva: educan, permiten evolucionar y generan aprendizaje. ¿Si no sintiera culpa, cómo sabría que ha herido a alguien? Si no sintiera frustración, igual no le daría valor al esfuerzo cuando consigue su objetivo. ¿Y qué me dice de la inseguridad?…También tiene un sentido evolutivo, le protege de las amenazas, aunque muchas de ellas no sean tan aterradoras como imagina. Ahora, deje espacio a sus sentimientos y, cuando estime que han convivido con usted el tiempo suficiente, ábrales la puerta y déjeles marchar.

Siente envidia porque anhela aquello que desea y que sí tienen otras personas. Siente envidia porque valora el mundo como un lugar injusto en el que usted no está ni tiene lo que desearía. Una de dos, o acepta su realidad o se implica en modificarla. Pero sufrir sin invertir tiempo y esfuerzo, no. Para abrir la puerta de salida a la envidia:

  • Reconozca su sentimiento. La envidia es un sentimiento que, además de hacerle sufrir, es feo. Dígase a sí mismo: “Tengo envidia”. Si no lo hace, siempre tratará de justificar su malestar, pero no llegará a vencerlo.
  • Analice por qué. Esfuércese y acepte lo no controlable. Las personas suelen tener envidia porque perciben una situación como injusta. Los motivos por los que no tiene aquello por lo que suspira (tipo, inteligencia, dinero, poder…) pueden ser muy variados, pero sean los que sean tiene dos opciones: la primera, implicarse y trabajar en lo que dependa de usted para conseguirlo, la segunda, aceptar lo que no puede gestionar.
  • Si es de los “envidiosos buenos”,compórtese como si no tuviera envidia. Pregunte a su amigo qué tal le va en ese trabajo en el que está triunfando y escúchele; dígale a su amiga que la ve más delgada y esbelta, alégrese de forma sincera por el viaje de vacaciones que va a hacer esa pareja de conocidos o familiares. Y refuércese por haber superado una situación difícil. Dígase a sí mismo: “Ves, lo haces muy bien, ahora te sientes mejor por haberte interesado por ellos”.
  • Céntrese en usted mismo. El valor no está en la comparación, sino en su propio yo. Plantéese un objetivo y piense en qué medida puede involucrarse para alcanzarlo. A veces pierde más tiempo criticando, desprestigiando y deseando lo de otros que invirtiéndolo en su mejora. Esa energía sería muy productiva si la gastara en evolucionar.

Pida perdón para vencer a la culpa y el remordimiento. Usted siente culpa cuando sabe que ha herido a otra persona, con intención o sin ella. Ver que otro sufre por algún comportamiento que ha tenido le hace sentir mal. Ese malestar es el motor que le lleva a reflexionar para que la próxima vez tenga más cuidado. Gracias a esta sensación incómoda conseguimos aprender. Si cada vez que hiriésemos a alguien no sintiéramos ese dolor, estaríamos hablando de una persona sin empatía, incapaz de ponerse en el lugar de otros, y esto le dificultaría mucho sus relaciones sociales. Nadie quiere convivir, ni trabajar, ni tener como amigo a una persona que hace daño y que no es consciente del mismo.


Pero sentir culpa no significa que tenga que machacarse toda la vida. La culpa le permite pensar qué haría de forma diferente la próxima vez, y a partir de ahí, borrón y cuenta nueva. Siga estos pasos para deshacerse de su malestar.

Pida perdón de forma sincera. Pero no lo haga de forma cobarde, no utilice el whatsapp, dé la cara. Pronuncie el nombre de la persona y acompáñelo diciendo que lo siente y por qué.

Repare el daño. Pedir perdón es el primer paso, el segundo es tener un detalle. Si ha roto algo, repárelo; si ha sido borde, tenga el gesto de llevar unos bombones, si no ha sido atento con algo que era importante para esa persona, mande un correo, una canción o algo gracioso que haga sentir especial a la persona herida.


        “El miedo siempre está dispuesto a ver las cosas peor de lo que son”  
                                                                                                               (Tito Livio)

Sea el de siempre. Haberse equivo­­cado una vez no le obliga a convertirse en alguien sumiso con esa persona, como si tuviera que estar avergonzado toda la vida. Todos cometemos errores. Si el desliz entra dentro de lo razonable y, sobre todo, si no ha tenido una mala intención, tendría que poder perdonarse. El rencor y la soberbia de las personas heridas a veces superan su buena intención. Cuando haya hecho todo lo que podía, deje que la otra persona tenga su tiempo. Y si le parece excesivo, decida cómo comportarse usted a partir de ahora con esa persona que no tiene capacidad para perdonar y cerrar heridas.

Enfréntese con valentía a su inseguridad y su vergüenza. La inseguridad, la vergüenza y el miedo son sentimientos y reacciones del cuerpo y de la mente ante lo que usted interpreta como una amenaza. Siente inseguridad cuando no controla el ambiente, cuando lo que le rodea no es predecible. Siente vergüenza cuando percibe la posibilidad de no estar a la altura, de perder, cuando las expectativas le superan. Y el miedo se apodera de usted pensando que puede pasarlo mal, puede contagiarse, darle un infarto, perder el trabajo o ser rechazado por esa persona que le atrae. ¡Qué más da el miedo que sienta! El verdadero peligro es dejar escapar las oportunidades, no luchar por ellas, porque ahí es donde está la derrota.

Aprenda a convivir con el fracaso y con las emociones negativas, forman parte de la evolución y de la vida. ¿Alguna vez le dijo alguien que esto sería fácil? Cometer errores, ser criticado, sufrir… es parte del camino. Coexis­­ten con la felicidad, la recompensa y el orgullo.



   "La felicidad es darse cuenta de que nada es demasiado importante"
                                                                                          (Antonio Gala)

Si quiere conseguir salir de su zona confortable:

  • Busque un motivo. Seguro que lo tiene. Póngalo ahora por escrito, en grande y en un lugar visible.
  • No piense que puede fallar y centre su atención solo en lo que desea hacer y cómo. Describa su plan de actuación.
  • Es válido, bueno y fuerte. Tiene ejem­­plos en su vida que lo demuestran. ¿Qué tiene en la cabeza, lo que le debilita o sus fortalezas? Son sus puntos fuertes los que debe potenciar, no los que restan.
  • Pensar en el éxito. ¿Qué hace pensando en lo que puede fracasar o en lo que no desea que ocurra? ¡Menudo gasto de energía inútil! El tiempo es limitado, inviértalo en pensar en lo que ¡sí! desea que pase. Prepárese con la palabra y con el pensamiento para conseguirlo. Repítase: “¡Yo puedo! ¡Estoy preparado! ¡Me lo he trabajado!”.
  • No a las emociones negativas. No es el único que las tiene, las tenemos todos, pero muchos de nosotros hemos decidido dejar de escucharlas. Es lo que nos diferencia. Su vida no es más difícil, ni tiene menos suerte que otros. Solo que los otros, en lugar de escuchar el peligro, lo valoran, y luego deciden enfrentarse a él. No se trata de ser temerario, solo valiente.
  • Actúe. Los cinco puntos anteriores son geniales solo si los pone en marcha. Los propósitos solo tienen sentido si se materializan.

“Solamente aquellos espíritus verdaderamente valerosos saben la manera de perdonar”                                                                  (Laurence Sterne)

Los sentimientos negativos le permiten ver el mundo desde otro punto de vista, pero no significa que le tengan que paralizar. Analice y saque una lectura positiva de su emoción y de su presencia. Aproveche lo que le pueden aportar y, luego, desármelos.

Hay muchas personas con miedo a ser felices. Hacen extrañas deducciones, como que si se entregan al placer recibirán un castigo. Cuando cometen un error se lo reprochan una eternidad, para tomar consciencia del tremendismo de lo que han hecho. Ser sufrido, negativo, sumiso… no es la pócima de la felicidad. Nadie le va a recompensar en otra vida por haber sufrido en esta de forma gratuita. Atrévase a ser feliz y a tener recuerdos de esos que vale la pena almacenar.

Patricia Ramirez


23 may 2013

La silla mala...o cómo los muebles tienen la culpa de todo.

De seguro esta escena te resulta conocida: un niño está parado sobre la silla balanceándose, de pronto pierde el equilibrio y cae al piso. Enseguida empieza a gritar y chillar inconsolable. El adulto, ante el llanto del niño, exclama: "¡Silla mala, silla tonta, te voy a dar taz taz!" E inmediatamente empieza a golpear a la silla en actitud justiciera.

El niño -eventualmente- para de llorar y el adulto se siente convencido de que ha hecho un gran trabajo. ¡Nada más alejado de la verdad! Lo que ciertamente ha hecho es satisfacer el deseo natural que tiene ese pequeño ser humano de culpabilizar a otros por lo que le sucede. De no asumir su propia responsabilidad.
Es natural la tendencia de querer proteger a nuestros hijos, pero no debemos olvidar que nuestra función como padres no es pretender evitarle los problemas y las adversidades que la vida puede presentar, sino mas bien, capacitarlos y darles las herramientas para enfrentarlos.



Y todo empezó con una silla…


¡Qué común es ver a las madres, abuelas, tías y demás familiares, enseñar al niño a señalar a lo externo como responsable por su malestar!

Estamos criando hijos que tienden a pensar que sus errores o desaciertos son responsabilidad de otro, antes de mirar hacia ellos mismos. Esta falsa idea, los llena de ira, resentimiento, desánimo y otros sentimientos negativos en lugar de usar la experiencia como bagaje de conocimiento que les servirá en un futuro para superar otros problemas.

Ese determinismo externo es sumamente dañino: empequeñece, menosprecia y destruye la capacidad que tiene cada ser humano de ser dueño de su propia vida, amo de sus emociones y no esclavo de ellas; responsable de sus reacciones y sus actos.

Y pensar que todo comenzó con una "silla mala".

  • Sacando provecho a la situación Si tu hijo, sube a una mesa y se cae, aprovechemos la oportunidad de hacer de esta experiencia dolorosa un aprendizaje
  • Evalúa la gravedad del golpe: Si tu hijo se partió la cabeza y se está desangrando, no es el mejor momento para darle una lección al respecto. ¡Llévalo a una clínica!
  • Determina quién es el responsable: a veces sucede que es un accidente y nadie tiene la culpa. Otras veces fue culpa nuestra directamente. Si ese el caso, pide disculpas. He conocido casos en que los padres permiten a su hijos que los golpeen cual si fueran un mueble. Esto es gravísimo, ya que rompe el principio de autoridad.
  • En amor y no con ira : aunque en ocasiones la frustración de verlo caer te haga sentir tentado a a gritarle y usar palabras fuertes para llevarlo a entender su error, y así evitar un nuevo incidente de este tipo, NO LO HAGAS. Detente, tómate un minuto si lo necesitas, y cuando estés calmado habla con él; sólo entonces podrás comunicarte con éxito, usando un tono apropiado, con explicaciones acorde a su edad.
  • Está bien consolarlo: no estamos implicando que dejes a tu hijo llorar por horas. Consolarlo es importante. Es necesario que el niño pueda sentir que en nosotros tiene aceptación, apoyo y especialmente amor. Somos sus padres y es saludable transmitirle que puede venir a nosotros cuando se sienta lastimado o herido.
  • Enséñale la lección: es necesario que ayudes a tu hijo a tomar conciencia de la situación. Si ha sido responsabilidad suya, debe de entenderlo y asumir las consecuencias.Ciertamente nos demanda un trabajo extra, pero ¡bien vale la pena!


Claudia Vasquez. Psicóloga

22 may 2013

Claves para entender a los niñ@s


Son muchas las ocasiones en las que observamos determinadas conductas, comentarios, actitudes y formas de actuar de los más pequeños, ante las que no sabemos cómo responder de forma adecuada. Suele ocurrir que la respuesta que damos no tiene la reacción esperada. Esto sucede porque tendemos a mirar a los niños y niñas desde nuestra mentalidad de adulto. Es fundamental comprender que los pequeños no son adultos en miniatura, tienen una determinada y especial forma de pensar y de entender el mundo.

Cosas que para nosotros son insignificantes para ellos pueden tener una importancia crucial. Por ello debemos entrar en el mundo de los pequeños, entender lo que pasa por su mente y de esta forma dar la respuesta apropiada.


CLAVES PARA ENTENDER A LOS NIÑOS Y NIÑAS

Están descubriendo el mundo, todo es nuevo para ellos, cada día aprenden cosas que desconocían y que suelen parecerles asombrosas. Esto les crea una gran incertidumbre y al mismo tiempo un interés por explorar lo que les rodea y por descubrir que otros misterios se producen a su alrededor.

Para ellos el mundo que les rodea es algo completamente nuevo, algo que están conociendo, lleno de múltiples cosas desconocidas, es algo fascinante y maravilloso.

Su mundo al mismo tiempo se rige por sus propias reglas y normas, diferentes completamente a las del mundo adulto.

EL BEBÉ (0-3 años)

En el momento en que nace, el bebé es el gran desconocedor de todo lo que le rodea, el mundo, las realidades físicas, las personas, las relaciones, las conductas, etc. Poco a poco irá explorando todo esto, haciendo grandes descubrimientos cada día.

En esta primera etapa su desarrollo será crucial e inmenso a la vez. Va a adquirir las bases de todas las destrezas básicas que le permitirán desenvolverse en su futuro.

Los niños y niñas de esta edad tienen la necesidad de investigar y explorar el mundo que les rodea con todos los sentidos. Es fundamental para ellos tocar, ver, oír, oler y probar las cosas. En un primer momento se centrara en las realidades físicas, los objetos que le rodean.

En cuanto a las personas empezará a ensayar conductas que le permitan relacionarse con ellas. Ellos se perciben como el centro del mundo, su egocentrismo no les permite entender que no todo gira a su alrededor, es necesario para su desarrollo que poco a poco vayan alejándose de esa idea.

  • Se producen muchos cambios en muy poco tiempo.
  • La vida de los bebés se centra en la satisfacción de sus necesidades básica
  • Experimentar conductas y exploran el mundo que les rodea
  • No tienen adquirido el lenguaje verbal, se comunicarán con llantos, sonrisas, gestos, etc.

¿Qué podemos hacer?

  • Estimulación. Procura proporcionarle los estímulos adecuados para estimular su pensamiento.
  • Refuerzo. Refuerza las conductas deseadas, con una sonrisa un gesto, prestándole atención, una palabra, etc. Y al mismo tiempo no refuerces aquellas conductas no deseadas.
  • Muestras de cariño. No escatimes en mostrar tu cariño, gestos, abrazos, besos, palabras, etc.
  • Aporta seguridad, como clave para su autoestima cubriendo sus necesidades. Presta atención a las necesidades del niño/a y no las desatiendas. A sus necesidades, tampoco te anticipes a ellas, es importante que los pequeños crezcan en un clima seguro, no debemos desatenderlos pero tampoco anticiparnos y sobreprotegerlos.
  • Cuidado con dejar todo y atender al lloro (no es dar respuesta a una necesidad, hacer caso al pequeño cada vez que llore).

EL NIÑO DE EDUCACIÓN INFANTIL. (3-6 años)

Esta edad se corresponde con la segunda etapa de la educación infantil. Los niños y niñas continúan en fase de crecimiento y descubrimiento. Tienen ya conciencia de sí mismo y de los demás como personas diferentes.

En esta etapa se perciben como el centro de todo lo que sucede a su alrededor. Su egocentrismo es natural y en cierto modo necesario, pero debemos tener cuidado con esto, y evitar generalizarlo a etapas posteriores.

  • Continúa el descubrimiento del mundo que les rodea. La experimentación sigue siendo la protagonista. Necesidad de explorar con los sentidos.
  • Necesidad de cariño de las figuras más relevantes. Lo que más teme es que sus padres no le quieran, de aquí las llamadas de atención, celos entre hermanos, etc.
  • Explorando los límites, debido a que es el primer momento de conciencia de la propia identidad el pequeño quiere ser dueño de sí mismo y comienza a poner a prueba e investigar los límites de lo que puede y no puede hacer.
  • Imitan todo lo que ven de aquellos mayores representativos, padres, tíos, primos mayores, etc.
  • Juego simbólico. Simbolizan realidades y juegan a ser, prueban diferentes roles. Están imitando el mundo de los adultos. El juego simbólico es fundamental para su aprendizaje y desarrollo.

¿Qué podemos hacer?

  • Usa el juego, los cuentos y los mundos inventados, simboliza las realidades para que ellos comprendan. Es su modo de razonar y de entender. Entra en su mundo, participa en el mismo y a parte de pasar un rato de diversión y acercamiento con ellos, lograras enseñarles cosas.
  • Disciplina pero positiva. Es fundamental que los niños y niñas tengan una disciplina, las normas y reglas les aportan seguridad, aprenden a respetar y desarrollan su autonomía. Debemos educarles con disciplina, pero sin inculcar el miedo. Han de entender las normas, pero no temerlas.
  • Refuerzos. Refuerza las conductas deseadas, con una sonrisa un gesto, prestándole atención, una palabra, etc. Y al mismo tiempo no refuerces aquellas conductas no deseadas.
  • Sirve de ejemplo para ellos. Los pequeños aprenden más de lo que ven que de lo que les decimos. En todo momento compórtate como les pides a ellos que lo hagan.
  • Comienza a darles autonomía y responsabilidades adecuadas a su edad y desarrollo. Es importante que el niño haga cosas por si mismo y que tenga alguna responsabilidad.
  • Demuéstrales tu cariño y apoyo. Los gestos de cariño han de ser constantes, deben saber que son queridos y aceptados.
  • No permitas conductas indeseadas, ya que se generalizarán.

EL NIÑO EN EDUCACIÓN PRIMARIA (6 A 11 AÑOS)

Entramos en una edad, en la que los niños y niñas empiezan a hacerse más independientes. Su socialización se amplia, es necesario que esto ocurra. Comprenden lo que es pertenecer a un grupo y esto va a ser fundamental para ellos, la búsqueda de aceptación por parte de los otros va a guiarles desde esta etapa hasta bastante tiempo más adelante.

Su mente y su cuerpo continúan cambiando.

Continúan descubriendo cosas día a día, quieren aprender, y sienten una gran curiosidad por todo lo que les rodea. Van a preguntar todo y buscan respuestas claras.
  • Socialización con los iguales, los amigos empiezan a cobrar fuerza.
  • Importancia de la opinión de los demás, aún no tienen definido claramente su propio criterio, buscan la opinión de los otros.
  • No quieren ser diferentes, ni mejor ni peor.
  • Se separan algo de la familia, aunque siguen guiándose por estos criterios y valores.

¿Qué podemos hacer?

  • Cuida su autoestima. En esta etapa, la aceptación es fundamental para ellos, el sentir que no son aceptados puede causar daños en su autoestima.
  • Desarrolla sus habilidades sociales. Procura que se relacione con gente, que entienda las claves de las relaciones.
  • Responde a sus preguntas, sean del tipo que sean con naturalidad y con paciencia. Es bueno para que ellos comprendan y ayuda a crear un clima de confianza y a estrechar lazos afectivos.
  • Déjales su autonomía y su espacio. Empiezan a separarse de los adultos, es importante que aprendan a desenvolverse por sí mismos. Cosas que ellos puedan hacer y momentos en los que tengan su espacio.
  • Disciplina pero positiva. Es fundamental que los niños y niñas tengan una disciplina, las normas y reglas les aportan seguridad, aprenden a respetar y desarrollan su autonomía. Debemos educarles con disciplina, pero sin inculcar el miedo. Han de entender las normas, pero no temerlas.
  • Refuerzos. Refuerza las conductas deseadas, con una sonrisa un gesto, prestándole atención, una palabra, etc. Y al mismo tiempo no refuerces aquellas conductas no deseadas.

EL PREADOLESCENTE (11 A 13 AÑOS)

Comienza la etapa complicada. Los niños y niñas de esta edad, se sienten fuera de lugar, ni son niños o niñas ni son mayores. Tendrán alternancia de conductas y actitudes de ambas edades.

Empiezan a producirse los grandes cambios que acompañan a la adolescencia. El grupo de iguales cobrará más fuerza y la necesidad de sentirse aceptados va a dominar su comportamiento y actitudes. Esta necesidad va a llevar a que cobre una gran fuerza el sentimiento de vergüenza, determinadas cosas les hará sentir vergüenza o apuro, por miedo a no ser aceptados por los iguales.

  • Comienzan a rebelarse contra los adultos y las normas de estos, empiezan a exigir ser los responsables de sus decisiones.
  • Ni son niños, ni son mayores, edad complicada en este sentido.
  • Comienzan cambios corporales y mentales.
  • Se sienten raros y que no encajan, son demasiados mayores para ciertas cosas y demasiado pequeños aún para otras.
  • Se sienten incomprendidos, sin lugar definido.

¿Qué podemos hacer?

  • Cuida su autoestima. En esta etapa, la aceptación es fundamental para ellos, el sentir que no son aceptados puede causar daños en su autoestima.
  • Desarrolla con ellos la asertividad y la empatía. Para que estas habilidades sean más fuertes que el miedo a sentirse rechazados.
  • Se paciente con ellos, ya que se sienten incomprendidos.
  • Disciplina pero positiva. Es fundamental que los niños y niñas tengan una disciplina, las normas y reglas les aportan seguridad, aprenden a respetar y desarrollan su autonomía. Debemos educarles con disciplina, pero sin inculcar el miedo. Han de entender las normas, pero no temerlas.
  • Refuerzos. Refuerza las conductas deseadas, con una sonrisa un gesto, prestándole atención, una palabra, etc. Y al mismo tiempo no refuerces aquellas conductas no deseadas.
  • Déjales su espacio, están desarrollando su identidad, necesitan tener su independencia.
  • Dales responsabilidades y desarrolla su autonomía. Hay que estar pendientes de ellos, pero dejando que se desenvuelvan y que asuman responsabilidades.

EL ADOLESCENTE (14 EN ADELANTE)

Etapa de grandes e intensos cambios a todos los niveles. Los niños y niñas dejan de ser niños y niñas y se hacen adultos. Entran en un mundo nuevo y su cuerpo y su mente está en cambio y desarrollo constante.

Tienden a separarse del núcleo familiar, la dominancia es del grupo de iguales. En esta etapa para ellos es fundamental ser aceptado por los demás y cobra una enorme importancia lo que los otros piensen de uno.

El desarrollo corporal y la pubertad les llevan a un despliegue hormonal que hace que sus emociones estén a flor de piel. Los altibajos emocionales van a ser constantes.

Es una etapa clave para el desarrollo de la identidad personal y la personalidad, buscan definirse. No aceptan que les digan como tienen que ser o actuar, pero al mismo tiempo tienen necesidad de ello, ¿quién soy? ¿Cómo he de actuar?; por ello buscan pertenecer a un grupo que les defina.

En esta etapa se producen grandes descubrimientos, pero la diferencia con otras etapas es que se creen que lo saben todo, que nadie les va a enseñar nada. Esto se produce porque su capacidad cognitiva ha alcanzado el nivel adulto, tienen la habilidad y eso lo perciben, pero no saben manejarla.

  • Se rebelarán contra todo para buscar su propio yo.
  • Búsqueda de identidad personal, de definirse a uno mismo. Necesidad de pertenecer a un grupo para sentirse definidos, según los criterios del grupo.
  • Cambios corporales y mentales, proceso de adaptación a ese nuevo cuerpo y mente.
  • Cuestionan criterios y valores familiares, es necesario para definirse a sí mismos, para encontrar su identidad.
  • Nueva familia en el grupo de iguales, se separan del núcleo familiar por una búsqueda del yo, separado de sus orígenes.
  • Tienen múltiples y fuertes emociones y una capacidad de pensamiento de adulto, que aún no saben manejar adecuadamente. Todo esto junto es un caos.
  • Son capaces de comprender, pero ahora cuestionaran todo.
  • Quieren decidir, creen que pueden.

¿Qué podemos hacer?

  • Ten paciencia y calma con ellos.
  • Cuida su autoestima. En esta etapa, la aceptación es fundamental para ellos, el sentir que no son aceptados puede causar daños en su autoestima.
  • Desarrolla con ellos la asertividad y la empatía. Para que estas habilidades sean más fuertes que el miedo a sentirse rechazados.
  • Disciplina pero positiva. Es fundamental que los niños y niñas tengan una disciplina, las normas y reglas les aportan seguridad, aprenden a respetar y desarrollan su autonomía. Debemos educarles con disciplina, pero sin inculcar el miedo. Han de entender las normas, pero no temerlas.
  • Ponles límites, tenderán a saltarse los límites, pero es necesario que tengan ciertas normas.
  • Déjales su espacio, necesitan intimidad y espacio.
  • Proporcionales personas que les sirvan de modelo o de ejemplo para definirse. Algún pariente, amigo, etc.
  • No tengas en cuenta sus altibajos emocionales. Se comprensivo con ellos cuando estos sucedan.
  • Comprende su rebeldía como algo natural, no lo tomes como algo personal entrarás en una lucha sin sentido.
  • Actúa como ejemplo para ellos.
  • Escúchales y respétales. Si ven que tú lo haces, ellos tenderán a imitarlo.
  • Acéptales y muéstrales tu cariño.

Celia Rodríguez Ruiz