10 jul 2014

Problemas personales, problemas de pareja





La primera afirmación de la propuesta es que los problemas de pareja son problemas personales que se expresan en la relación.

Y estos problemas sólo emergen en el vínculo amoroso, dado que estando con otro salen a la luz aspectos de uno que estaban en la sombra. Como terapeutas, la idea es tener esta mirada frente a los conflictos, y entonces, cuando una pareja viene a la consulta, abocarnos a ver cuál es la conflictiva personal de cada uno de ellos que está interfiriendo en la relación.


Ayudamos a que cada uno trabaje su problemática personal y mostramos cómo la neurosis de uno se engancha con la del otro.

La idea principal otra vez es:


Si te molesta esta situación, ¿qué cuestión personal se refleja en el conflicto?



El tema básico está plasmado en la frase de Hugh Pratter: "Una piedra nunca te irrita a menos que esté en tu camino".

Nos enganchamos con el famoso tema de la proyección. Pienso en aquello que tanto nos mostró Nana en sus laboratorios: "Proyecto en el otro las partes de mi que más rechazo".


"Cuando me doy cuenta de cómo me molesta esto en el otro, investigo cómo me molesta en mí mismo".



"Si pienso que yo no tengo nada de eso que me molesta del otro, el trabajo es darme cuenta de qué pongo yo de lo que tengo; porque si no pusiera de lo mío no me molestaría".



Esto es básico en Gestalt y es lo que dice Jung con el tema de la sombra. Proyecto mi sombra en mi compañero y al verla en él, la descubro.

A partir de allí tengo dos posibilidades: Intentar destruir la temida amenaza destruyéndolo a él o aceptar la oportunidad de integrarme con mi sombra y terminar para siempre con su amenaza.

Sin duda esto cambia sustancialmente la óptica y la comprensión de los problemas de pareja.

Dejo de culpar al otro por lo que hace y empiezo a ver qué estoy poniendo yo en este particular conflicto. En vez de utilizar mi energía para cambiar al otro, la utilizo para observarme. Y a partir de allí hablar de mí, de lo que yo necesito, de lo que a mí me pasa con las actitudes que él tiene.

Esto es mucho más fácil de escuchar para otro.

La llave es estar siempre conectada con lo que me está pasando y no hablar del otro. En todo caso, si no me agrada lo que sucede ¿qué otra cosa podría hacer yo para generar algo que me guste más?

Puedo quedarme llorando y quejándome, puedo buscar otro marido, o puedo ver cómo estar lo mejor posible con el que quiero y estoy.

Puedo usar el conflicto para encontrarle una salida creativa, para ver qué puedo desarrollar de mí misma, con qué puntos ciegos me estoy enganchando.Este es mi camino y el que transmito.

Esto es lo que me gusta de la vida, ir descubriendo sobre mí y sobre los otros; un desafío, no esperar que no haya conflictos, sino verlos como una oportunidad para desarrollarme.Y si es cierto que una de las dificultades es lo proyectado, la otra es la dificultad para darnos cuenta de lo que verdaderamente necesitamos. Por supuesto que cuando no obtenemos lo que creemos necesitar, nos resulta más fácil reaccionar que procurarnos aquello que nos falta, aunque muchas veces estemos pidiendo cosas equivocadas.

Por ejemplo, puedo hacer un escándalo porque llegaste tarde. Así, la discusión se centra en esa pelea aparente. Pero no se trata de eso, sino de ver qué es lo que te estoy pidiendo a través de la puntualidad. Si me vuelvo loca porque llegás tarde, quizás lo que necesite no se resuelva con que llegues temprano. Habría que ver qué me afecta tanto, qué interpretación hago de tu llegada tarde, qué es lo que necesito de vos, qué te estoy pidiendo a través del reclamo de puntualidad... ¿Que me demuestres que te importo?, ¿que me valores?, ¿que me consideres? ¿De qué estoy hablando cuando reacciono?

Cuando estamos demasiado centrados en nosotros mismos, no podemos ver lo que le pasa al otro y nos volvemos autorreferentes. Para el otro, desde afuera, nuestra actitud resuena por lo menos exagerada cuando no francamente irracional.

Y posiblemente lo sean porque estas actitudes tan arcaicas provienen en realidad de los primeros años de vida, de las conductas incorporadas para defendernos de las heridas padecidas en la infancia.. John Bradshaw llama a este recuerdo de la herida primigenia "el niño herido". Es este niño herido que llevamos dentro el que nos hace actuar así. Los dolores que no pudimos expresar en nuestra infancia los cargamos como una mochila, y se expresan con nuestras reacciones antes de que nos demos cuenta, de modo que nos encontramos instalados allí antes de poder pensar. Estas reacciones son las que nos causan más problemas en las relaciones íntimas.

Desafortunadamente, cuando estamos en una relación, los enojos y dolores no resueltos en el pasado los actuamos en el presente con el otro a través de nuestras reacciones.

Por lo general, estos viejos dolores no aparecen hasta que nos ponemos en pareja. El noviazgo y el matrimonio disparan estas viejas heridas y suponemos que es nuestro compañero el que las causa.

Habitualmente no ocurre al principio, sino en la medida que nos vamos sintiendo verdaderamente unidos con el otro.

Este niño herido que llevamos en nuestro interior es como un agujero negro que chupa todo, es como un dolor de muelas: cuando aparece no podemos pensar en otra cosa, el dolor domina nuestra vida.

En muchos casos de separación el problema no se encuentra en la relación de uno con el otro, sino en asuntos no resueltos de uno de ellos (o de los dos) con su propio pasado.

Mi reacción genera tu reacción, y así nos vamos potenciando negativamente.

Cuando acarreamos a nuestros niños heridos tenemos la sensación de no estar nunca en el presente, siempre estamos reaccionando por cosas que nos pasaron hace muchos años.

Esto imposibilita la relación con el otro.

Hasta que no me ocupe de este niño herido él seguirá reaccionando y empeorando mis relaciones íntimas.Y el único que puede escucharlo soy yo mismo, cuando me ocupo de su tristeza, de su enojo. Entonces el niño no va a reaccionar, porque está contenido.

Es necesario aclarar que no es posible descubrir algunas de estas heridas en soledad. Necesitamos de alguien que nos permita encontrar nuestras heridas, un vínculo que las dispare con una persona que las autorice, que nos permita sentir lo que sentimos sin descalificamos.

El niño herido necesita validación de su dolor.Solo cuando la persona se siente validada en su dolor, puede expresarlo y atravesarlo.

El dolor es un proceso que ocurre a través del shock, la tristeza, la soledad, la herida, el enojo, la rabia, el remordimiento. Y toma mucho tiempo.

Para llegar al punto del dolor es fundamental salirse de culpar al otro y observar qué me pasa a mí con mis reacciones.

Cuando establecemos una pareja hacemos un pacto inconsciente en el cual, por ejemplo, yo espero que vos seas el padre que no me va a abandonar y vos esperás que yo sea la madre que te va a aceptar incondicionalmente como sos. Y cuando esto no ocurre, porque es imposible que el otro cure mis heridas, empiezo a culparte.

En los peores casos, cuando una pareja siente ese vacio que no puede llenar el uno con el otro, deciden tener un hijo... y lo que aparentan ser dos adultos no son más que dos niños necesitados que buscan la salvación en su hijo. Parecen adultos, pero en sus relaciones interpersonales actúan como niños.

Hay personas que pueden ser brillantes en el nivel adulto, pero cuando vuelven a la intimidad de sus relaciones más comprometidas no son más que niños infinitamente necesitados que reaccionan frente a la falta de cariño, de atención o de reconocimiento.

Cuando vemos a las parejas en el consultorio, reconocemos de inmediato a los niños internos que se están expresando.

Muchas veces los adultos no se ponen de acuerdo porque en realidad cada uno está expresando a su niño herido, cada uno está en una escena de su infancia reclamándole a su mamá o a su papá diferentes cosas, y el otro no puede dar porque también está pidiendo lo suyo. Cuando podemos ayudarlos a darse cuenta de lo que está pasando, la discusión pierde sentido: Dejan a sus niños calmados, ya que les dieron espacio para expresarse, y pueden volver al presente a encontrarse.

Nuestros niños heridos necesitan un espacio para expresar su enojo y su dolor. Cuando se lo damos, empiezan a crecer y no interfieren en nuestras relaciones íntimas.

Welwood nos inculca una lección práctica: "Aprender a aprovechar cada dificultad que encontramos en el camino para ahondar más, para conectarnos con más profundidad; no sólo con nuestra pareja, sino también con nuestra propia condición de estar vivos."



Jorge Bucay y Silvia Salinas

10 may 2014

Dos tipos de saber...


Un erudito preguntó a un sabio cómo los detalles se reunían para formar un todo, y cómo el conocimiento de lo diverso se diferenciaba del conocimiento de la plenitud.

El sabio dijo: "Lo disperso se convierte en un todo si logra encontrar un centro y actuar centrado. Ya que tan sólo a través de un centro lo diverso se hace esencial y real; su plenitud, empero, nos parece simple, casi poca cosa, como una fuerza tranquila dirigida a lo próximo, permaneciendo debajo y cerca de aquello que sostiene.

Para experimentar o transmitir la plenitud, por tanto, no necesito saber ni decir ni tener ni hacer todo, uno por uno. El que quiere llegar a la ciudad entra por un solo portal. El que toca una campana una vez, sólo con ese tono hace sonar muchas cosas más. Y el que recoge la manzana madura no necesita averiguar su origen; la tiene en la mano y la come".

El erudito objetó que el que quería la verdad, también tenía que saber todos los detalles. Pero el sabio lo contradijo: tan sólo de la verdad antigua se sabía mucho. La verdad que conducía más allá era arriesgada y nueva. Ya que, así como una semilla oculta el árbol, también ella esconde su final.

Por tanto, el que vacila en actuar,porque pretende saber más de lo que el siguiente paso le permite ver, pierde lo que es efectivo. Toma la moneda en vez de la mercancía, y de los árboles hace madera.

El erudito pensaba que eso sólo podía ser parte de la respuesta, y le pidió un poco más. Pero el sabio se negó:

la plenitud en un principio es como un barril de mosto, dulce y turbio, y necesita la fermentación y el tiempo suficiente para aclararse. El que entonces, en vez de probarlo, bebe, facilmente se tambalea.


Cuento de Bert Hellinger.

6 may 2014

Madres imperfectas

Cuando me enteré de que estaba embarazada pensé que tenía que ser una madre perfecta, devoré todos los libros de crianza habidos y por haber, blogs, noticias en internet, recorrí tiendas…

Sólo cuando tuve a mi hija conmigo descubrí que las madres perfectas no existen más que en su imperfección.

También descubrí que sí existe el cansancio, la tristeza, la frustración, el hastío e incluso la desesperación.
Y así fue cómo me convertí en una madre imperfecta.

Esa madre que a veces está triste y llora, mamá cercana, de carne y hueso.
Una madre que te deja saltar en el sofá y a veces hasta se arranca a saltar contigo.

Una madre que cada noche sin escepción te llena de besos, de cosquillas y de mordisquitos en la barbilla.
Que te canta mientras tu agitas las manos y dices Maaaa maaaaa!!!

Una madre que comparte contigo sus bocadillos de nocilla, que salta contigo en los charcos, que te deja que te ensucies.
Madre que tropieza constantemente con bloques de construcción, aparecen por todas partes, hasta en los lugares más insospechados.

Madre que anda a gatas por toda la casa, contigo sentada sobre su espalda mientras gritas Iiiiiiii Iiiiiiiii!!! Hasta que sus rodillas empiezan a pedir clemencia.
Madre que a veces se enfada sin razón, sólo porque está cansada y te riñe y a los 5 minutos te pide perdón y tu con tu inmenso poder sanador la abrazas y la llenas de besos.

Madre que no consigue conciliar el sueño si no estás acurrucada a su lado.
Madre que rompe la regla nº1 del ecologismo casero: No te bañarás. Y llena la bañera hasta arriba para darse un largo baño de espuma contigo, mientras tú salpicas y superas el aforo limitado de muñecos en la bañera.

Madre imperfecta, sin depilar ni maquillar, en vaqueros y cola de caballo, cómo íbamos a correr con vestido y tacones??
Madre que no sabe preparar un biberón, ni una papilla, pero si “huevos fritos con patatas” de yogur, manzana y melocotón.

Madre que te pone música punk, y flamenco y rap y música clásica y baila contigo por toda la casa.
Madre que prefiere tener la casa un poco más sucia y jugar más contigo.
Madre que a veces sucumbe al embrujo de la caja tonta y te sienta delante sólo para poder descansar 15 minutos.

Madre que dice palabrotas, que no lo puede evitar y espera con miedo tu primer “joooooder”…
Madre que sale a trabajar cada mañana y aunque pasen los meses no desaparece su angustia por separación.

Madre revolucionaria que te lleva a manifestaciones.
Madre que hace malabares con manzanas, aceitunas, muñecos o calcetines, la etapa punkarrilla no fue en vano.

Madre que dibuja peces, vacas, casas y gatos que sólo desciframos tu y yo.
Madre traductor simultáneo, la única capaz de entender cuándo “tata” significa patata o caca o realmente tata.

Madre. La palabra más perfecta y más imperfecta de nuestro diccionario.

5 may 2014

Psicotrampas

Si bien no suscribo en su totalidad su forma de pensar, sí creo que este hombre dice cosas realmente interesantes y que ofrece una posible visión a cerca de los motivos por los cuales se produce el sufrimiento humano, y cómo ponerles solución. 
A.B.

"Pensar en positivo para superar el dolor produce el efecto contrario"

El psicólogo Giorgio Nardone acaba de publicar el libro 'Psicotrampas' en el que analiza las principales causas del sufrimiento humano y presenta soluciones

Giorgio Nardone es el creador de la terapia breve estratégica, modelo centrado en la búsqueda de soluciones como base para entender cómo funciona el problema. El nuevo libro de Nardone, Psicotrampas, es el resultado de más de 30 años de estudios de soluciones terapéuticas ya que, según el autor, “la única manera de conocer bien el problema es a través de su solución”. Nardone categoriza en este libro las trampas mentales que el ser humano construye a través de sus mecanismos psicológicos y que, repetidas durante mucho tiempo, pueden acabar derivando en una psicopatología grave. 

Según el psicólogo, el ser humano se ha complicado la vida al aplicar unos mecanismos determinados sin preocuparse de los resultados o, dicho de otra forma, utilizando siempre la misma estrategia a la hora de afrontar problemas distintos. En el peor de los casos, estos mecanismos han acabado derivando en lo que él llama psicotrampas, ya que “la naturaleza no nos ayuda, pero la cultura tampoco nos ha salvado”. Nardone cree que la espontaneidad es sólo una ilusión, rechaza las teorías que aseguran que modelamos nuestras pautas de comportamiento durante nuestra infancia y se muestra crítico a la hora de hablar del pensamiento positivo y la Ley de la Atracción. Phillips, conocido autor de planteamientos freudianos concluye uno de sus libros afirmando: “Lo único que aprendemos de nuestros errores es que seguiremos repitiéndolos”. Este anatema para los seres humanos es el que Nardone quiere afrontar aplicando nuevas perspectivas y planes de acción en primera persona que permitan anular el efecto de estas “psicotrampas” de las que, según él, todos somos susceptibles a convertir en patología, especialmente aquellas personas menos flexibles. 

-Dice que todos somos novelistas de nuestra vida. ¿Nos gusta más el drama que la comedia?

-¡Nos encanta la tragedia! Como occidentales somos todos hijos de la tragedia, que es un género que supera a los dos que has nombrado (Sonríe). La tragedia siempre tiene un final terrible, y nuestra existencia también tiene un final trágico: la muerte. 

-Llama la atención que, pudiendo elegir nuestra manera de vivir la vida, nos decantemos por complicárnosla…

-La naturaleza no nos ayuda nada, ya que somos seres hechos para complicarnos la vida. Nuestra naturaleza nos impone el funcionamiento neurofisiológico de repetir aquellos parámetros que nos han funcionado anteriormente. Lo que sucede es que algo que haya podido funcionar en nuestro pasado no tiene porque funcionar en el presente, y más cuando la tipología del problema también es distinta. Nuestra mente hace que elaboremos la misma estrategia con cualquier tipo de problema, y eso es erróneo ya que sólo nos lleva al fracaso. 

-¿Esta es la base de cualquier psicotrampa?

-La base de cualquier piscotrampa reside, efectivamente, en repetir constantemente un parámetro que nos ha funcionado anteriormente. Nuestra naturaleza nos impone este mecanismo mental, pero la cultura tampoco nos salva ya que no nos ofrece una serie de herramientas que nos dejen elegir tranquilamente el modelo que necesitamos. Como occidentales, hemos sido todos educados en la racionalidad y la lógica; el problema es que tendemos a aplicar estos conceptos en momentos donde no se pueden aplicar. Muchas estrategias no nos funcionan porque están elaboradas sobre una lógica preconstituida en base de una teoría que no tiene en cuenta la realidad de los hechos. 

-¿Por ejemplo?

Dos psicotrampas de pensamiento muy extendidas son la psicotrampa de la verdad definitiva y del razonamiento perfecto, y ambas son hijas de nuestro razonamiento racional. Creemos que este razonamiento nos salvará de cualquier problema, pero como se ha visto, por mucho que avanza la medicina moderna, algo que se plantea como conocimiento definitivo, aún no nos ha ayudado a combatir las infecciones más graves o el cáncer. Incluso te diré que el razonamiento lógicamente perfecto puede ser la base de las acciones más criminales. 

-¿Definimos nuestros patrones conductuales en nuestra infancia?

-¡Esto es un mito! En el momento en el que tenemos capacidad de racionamiento, aproximadamente desde los 14 años, somos nosotros mismos los que construimos nuestra realidad. La realidad no es lo que nos han impuesto en nuestra infancia, sino lo que nosotros hacemos con los demás. Cada persona es responsable y artífice de su destino. La visión de que nosotros estamos moldeados o condenados por algo que nos sucedió durante nuestra infancia es un argumento obsoleto desde un punto de vista del psicoanálisis. Construimos la mayoría de problemas nosotros mismos a través de nuestras tentativas equivocadas a la hora de resolverlos. Si la estrategia no funciona e insistes, complicas más el problema en lugar de resolverlo. 

-¿Cuál debe ser, entonces, la base de nuestro aprendizaje?

-Lo primero que tenemos que hacer es observar cuáles han sido nuestras tentativas de solución y, si no funcionan, cambiarlas y dejar de insistir, que es lo que solemos hacer espontáneamente. Es importante dejar de insistir en aplicar soluciones disfuncionales y saber cambiar la estrategia.

-Entiendo que las psicotrampas que nos solemos poner no son, en un inicio, una psicopatología que hay que tratar con ayuda de un especialista…

-Para nada. Son tentativas a la realidad que, hasta cierto punto, pueden llegar a funcionar. La trampa es cuando nos excedemos, como un medicamento que en sobredosis puede convertirse en algo nocivo. Ninguna de las psicotrampas es patológica en sí, lo es en el momento en el que exageramos su aplicación.

-¿Nuestra espontaneidad a la hora de buscar soluciones puede actuar como saboteadora?

-La espontaneidad no existe. La espontaneidad es el último aprendizaje que se ha convertido en una adquisición. Si repito algo un cierto número de veces luego acaba saliendo algo natural. La espontaneidad es otro de los falsos mitos modernos. 

-Llevamos dos. ¿Cuáles son las psicotrampas más generalizadas?

-Hay dos grupos de psicotrampas: de acción y de pensamiento. Si hablamos de pensamiento, la más extendida es la psicotrampa del engaño de las expectativas. Esperar que los demás hagan exactamente lo mismo que yo haría en la misma situación. Hay que entender que cada persona es diferente y no hará lo mismo que yo.

-Vaya, que esperamos demasiado de los demás…

-Sí, especialmente de las personas que nos son más cercanas. Cada individuo tiene una percepción concreta de las cosas y nunca la podrá percibir como la otra persona; como no siente lo mismo, su comportamiento y su reacción será diferente. Si yo espero que hagas exactamente lo que yo haría, caeré en una psicontrampa porque me llevaré una desilusión.

-¿Qué estrategia tenemos que elaborar para afrontar esta situación?

-Empezar a aceptar que cada persona percibe la realidad desde diferentes puntos de vista y dejar de esperar de los otros que hagan lo que haríamos nosotros. Es importante aprender a ver la realidad con los ojos de los demás y tener previsto que ellos harán algo diferente. Con esto prevenimos desilusiones o sentirse herido por una expectativa falsa. 

-Vamos a las de acción. ¿Cuál es la más recurrente?

-Insistir, insistir e insistir. Cuando un ser humano está convencido de que algo es justo o funciona insiste en ello hasta la saciedad. Por ejemplo, si estoy convencido de que mi pareja no me da suficientes atenciones y se lo digo constantemente, el resultado que voy a obtener es justamente el contrario. Otro ejemplo que tiene que ver con nosotros mismos: si hacemos algo y fracasamos, muchas veces seguimos insistiendo y repitiendo lo mismo pensando que algún día en algún momento esto saldrá bien. Nos transformamos en el burro que quiere mover el árbol con la cabeza. 

-¿Qué tenemos que hacer aquí para evitar rompernos la cabeza?

-Pensar que si una estrategia no ha funcionado en un tiempo, la única opción que nos queda es cambiarla; sustituir la rigidez por la flexibilidad. Al mismo tiempo, se suele decir que un hombre es fuerte cuando no se rinde y sigue insistiendo. Hay cierta presión social a seguir insistiendo y no desfallecer, pero eso es absurdo cuando la estrategia es equivocada de base o no sirve para ese problema concreto.

-Otro discurso que se ha consagrado es el del pensamiento positivo para atraer cosas buenas a tu vida. ¿Ahora también me dirá que eso es un falso mito?

-¡Por supuesto! Es un mito moderno que viene de esta filosofía americana del “piensa positivo y todo irá bien”. Esto es algo que ya se había propagado antes en la década de los sesenta con la beat generation o la new age, y ahora con las filosofías tibetanas y el “piensa y produce”. También está la absurda ley de las atracciones de la que se sigue hablando. 

-Bien, se ha cargado cuatro de un solo párrafo. ¿Cuál es su punto de vista?

-Si le digo a una persona que está deprimida que piense en positivo lo único que obtendré es que se deprima aún más y tendrá un efecto contrario, como sucede con todos los problemas compulsivos. Pensar en positivo para superar el dolor produce el efecto contrario. ¿Cuándo funciona este tipo de pensamiento? ¡Cuando las cosas ya van bien! Entonces sí que puedes lograr que las cosas vayan aún mejor; pensar en positivo cuando hay cosas trágicas hace que eso vaya todavía a peor. 

-¿Qué hay que decirle, entonces, a una persona que está triste o pasando por un momento doloroso?

-Depende del motivo de su tristeza. Si es porque algo va mal en su vida, se deben analizar sus tentativas de solución y mirar de cambiarlas. Ver qué psicotrampas aplica y encontrar una solución. Hay muchas personas que están tristes porque se esfuerzan en ser felices. A esta gente hay que enseñarle, al menos una vez al día, a darle un espacio a esta tristeza y hacerle concentrar en las cosas que le hacen sufrir para que tomen conciencia. El efecto puede ser doble: o pones toda tu tristeza en este espacio y luego quedas libre, o cuanto más intentas estar triste voluntariamente tu cabeza irá en dirección contraria. Con este efecto paradoxal bloqueas tu tristeza y reaccionas. Esta es “la técnica de la peor fantasía”, que es exactamente la opuesta al pensamiento positivo. 

-¿El autoengaño tampoco funciona?

-Esta es una técnica de autoengaño voluntario, me pongo en la condición de estar más triste para salir de este estado. Este es un autoengaño terapéutico, mientras que pensar en positivo es un autoengaño que sólo funciona cuando no tienes un problema tan devastador. Si el problema es más grande, como los derivados de las psicopatologías, el pensamiento positivo no sólo no ayuda sino que te hunde más.

-¿El amor es la forma de autoengaño más sublime que existe?

-(Ríe). El amor es básicamente lo que nosotros ponemos a la otra persona, y no lo que verdaderamente hay en ellas. Cuando estamos enamorados, no vemos más que virtudes en la otra persona, mientras que sus defectos nos parecen virtudes ya que emitimos una luz positiva. La prueba es que, cuando ese amor se apaga, la frase más utilizada suele ser “no es la misma persona que antes”. Y es verdad, porque vuelve a ser lo que era sin lo que yo le he añadido. 

-Pues sí que me lo pone usted mal…

-¡De ninguna manera! Este es un autoengaño útil que nos sirve para vivir mejor. Está bien que las personas se enamoren, ellos no necesitan ayuda sólo por ello. Es un autoengaño funcional que nunca se debe extinguir.

-Me deja más tranquilo. ¿Han aparecido psicotrampas modernas en esta sociedad tan globalizada?

-Sí. La más extensible es la socialización de nuestras vidas, hasta las cosas más íntimas. Dos ejemplos muy claros son determinados programas como los reality shows o la tendencia de muchos adolescentes de contar toda su vida a través de las redes sociales. Esto tiene un efecto devastador porque las personas no construyen una propia identidad que sea diferente a la de los demás y, sobre todo, no aprenden a gestionar la responsabilidad de tener algún secreto. Hay cosas íntimas que un individuo tiene que guardar para sí mismo o hablarlas sólo con algunas personas escogidas.



Estar "con"...o simplemente estar.


De todos es conocida la necesidad que tenemos las personas de sentirnos rodeados de otras personas, o lo que es lo mismo, nuestra necesidad de socialización. Somos seres sociales por naturaleza, y sentimos la necesidad de compartir nuestro tiempo con nuestros amigos, familiares, o con otras personas que a lo largo del día van haciendo esa labor relacional en la cual, nos retroalimentamos unos a los otros. 

Pero hago en este punto una diferenciación, entre estar con….los otros, o simplemente estar. Es tal la importancia que para todos tiene el sentirse parte de un grupo, o pertenecer a un grupo familiar o de amigos, que en ocasiones el estar con los demás, se convierte simplemente en un mero “paripé”, o en un trámite de pseudo compañía a través del cual nuestra autoestima se sienta reforzada, al percibir de alguna manera que “tengo amigos”, o “he quedado”, o “tengo una comida familiar…”. 

Pero ese estar con los demás, ¿es realmente estar con ellos?...Analizando algunas reuniones de amigos o familiares, muchas veces observamos que las personas se reúnen unas con las otras, pero dando la sensación de que simplemente están,…compartiendo un espacio físico pero no compartiendo sus almas, sus vidas, su tiempo….Algunos encuentros se transforman en conversaciones de tipo monólogo, con discursos descriptivos de lo que uno ha hecho, de lo que el otro ha hecho, de lo que uno piensa, de lo que el otro piensa…pero no hay lugar para la escucha, la retroalimentación, el acompañamiento real en “eso” en lo que el otro está, ya sea una preocupación, una narración de un hecho, etc…

El estar “ con los otros” se vuelve en ocasiones una sutil competición, de manera que solo utilizamos la información que el otro nos da, para registrarla en nuestro interior, y ver de qué manera yo la puedo superar, o en qué medida yo tengo o carezco de “eso” de lo que se está hablando. Esta es una manera de estar sin estar, uno continúa en su mundo, en su pequeña esfera, a pesar de estar acompañado y contactando con otras esferas. Lo que nos viene del exterior, solo nos sirve en estos casos para seguir inmersos en nuestras preocupaciones, en nuestras cosas, interpretamos y registramos lo del otro a través de las gafas de nuestra propia visión, sin hacer el más mínimo esfuerzo por ampliar un poco la imagen.

Es una permanente dificultad para abstraerse de lo de uno mismo, y desde este lugar, se hace realmente difícil el compartir de verdad. Más bien es un chequear, registrar, analizar lo que viene del exterior para poder estar permanentemente a la altura de lo que interpretamos que está sucediendo, para que nuestra autoestima no se resienta. 

No se puede compartir desde un lugar donde uno no está…es decir, uno solo comparte aquello que puede compartir, aquello que posee, o aquello que se encuentra en condiciones de poder ofrecer. Estar con los demás no debería ser una herramienta para alimentar nuestro ego o asegurarnos una buena autoestima. Estar con los demás es un compartir real, desde lo que cada uno es, y el goce y el disfrute proviene precisamente de la satisfacción de lo que yo puedo aportar, y lo que el otro me aporta a mi, me complementa, me hace disfrutar, o simplemente me gusta. 

Estar con los demás requiere de una visión más amplia, de la capacidad de tomar distancia con lo de uno mismo para poder “ver” de verdad al que tenemos en frente. “Escuchar” al otro no es desde mis propias preocupaciones, o desde la comparación con mis asuntos, …sino desde el vacío parcial de mí mismo, desde la apertura que permite el no juzgar, no comparar, no chequear con ningún fin….simplemente escuchar, asentir, entender, comprender, dar un espacio al otro para que pueda encontrar un lugar “real” de “intercambio”.

Os invito a que hagáis un experimento: Un día cualquiera, en un lugar cualquiera, con la persona que escojáis, pedidle que os hable a cerca de algo, os comente un problema, u os describa una situación vivida, lo que le apetezca compartir….Y entonces, escuchad….solo eso, escuchad….escuchad cómo habla, lo que dice, fijaos en la entonación, en la expresión de su cara, si lo dice con tristeza, si sus ojos reflejan algo…observad cómo se mueve, si gesticula, si está rígida o petrificada, si muestra alguna emoción….no tratéis de razonar, no escuchéis desde el intelecto, analizando lo que dice, …no aportéis vuestra opinión ( no os la han pedido), no le interrumpáis para contar algo similar que a vosotros os ha ocurrido…No,… simplemente escuchad, escuchad como si de repente nada supierais de la vida y nada hubierais vivido, ….simplemente estar CON esa persona, con lo que a esa persona le está pasando AQUÍ Y AHORA, y lo quiere compartir. Que tal? Fácil? Difícil?

Cuanto más difícil os resulte hacerlo, es indicativo del grado en el que estáis con vosotros mismos y no con el otro. 

COMPARTIR ES ESTAR EN LA ACTITUD DE APERTURA NECESARIA Y SUFICIENTE, DE MANERA QUE EL OTRO PERCIBA QUE LO SUYO HA SIDO TENIDO EN CUENTA POR TI, QUE LE HAS DADO UN ESPACIO A EL Y SUS ASUNTOS, INDEPENDIENTEMENTE DE LOS TUYOS. ESTAR “CON” LOS DEMÁS ES FRUTO DE UN INTERÉS REAL POR EL OTRO, PARA EL APRENDIZAJE, EL GOCE, EL DISFRUTE Y DEFINITVAMENTE, FRUTO DEL “AMOR” POR LOS DEMÁS. 



Ana B. Taboada- Psicólogo.