21 feb 2013

Adaptación curricular



Hay algunas modificaciones simples que pueden hacerse para asistir a los alumnos con Necesidades educativas especiales (N£E), en el aula ordinaria. Muchas de ellas no llevan mucho tiempo y pueden hacer un mundo de diferencias. La siguiente lista incluye algunas ideas para ayudar a nuestros alumnos:

  • Cuando un trabajo individual es presentado, trataremos de entregarlo al alumno en pequeños pasos. Por ejemplo: un ejercicio del libro de texto o actividades puede; ser dividido por la mitad. El alumno puede hacer una parte y luego proseguir en otra dirección. Esto previene que el niño se sienta sobrecargado con la cantidad de trabajo entregado. Nota: puede tratarse de una eliminación de contenidos o una simplificación de actividades.
  • Asignar tiempo extra dentro de los límites razonables. Reducir la longitud de una consigna también es una buena idea.
  • Presentar información video-auditiva siempre que sea posible: retroproyectores, posters, postales, pizarras, vídeos, ordenadores... Debemos respetar aquí el grado de atención o dispersión del alumno frente a estos recursos.
  • Hacer que los alumnos hagan pequeños ejercicios después de escribir: juntar las palmas de las manos, apoyarlas fuertemente sobre la mesa, tensar y relajar los miembros.
  • Si un alumno no puede realizar nada de lo que hace el resto, el docente debe modificar ias actividades. Por ejemplo, si la mayoría de los alumnos están realizando restas con llevadas, el docente deberá "recortar el problema y usarlo de marco". Debe crear algunos problemas apropiados al nivel del alumno, como restas de dos dígitos sin dificultad, y reemplazar en el problema original modificado. El alumno tendrá entonces un ejercicio que luce como el de cualquier otro, pero adaptado a su nivel madurativo.
  • Tener una gran variedad de niveles de libros de lectura en la clase. Un "cuento de escucha" no puede faltar. Padres, alumnos mayores u otros voluntarios pueden grabar partes de los textos más interesantes. Con alumnos con dificultades de aprendizaje en la lectura o que no la hayan logrado todavía, pueden acudir a estas grabaciones como alternativa.
  • Usar mapas temáticos u otros organizadores gráficos para asistir a los alumnos en ejercicios escritos. Organizadores previos o mapas preconceptuales o conceptuales (según el nivel) pueden ayudar a buscar conceptos y sus significados cuando leen. Realizar un resumen y entregarles copias a todos los alumnos les enseñará a prestar atención a los puntos importantes de un capítulo.
  • Usar un fichero codificado, por ejemplo por color, para conservar los objetivos y modificaciones individuales de los alumnos. Los nombres no deben estar en el fichero. El uso de un código permite tener información a mano sin violar la confidencialidad. Si es necesario, preguntar a los docentes de educación especial para encontrar e interpretar los datos del legajo del niño.



Discusiones con los padres


¿Por qué discuto tanto con mis padres?

La ropa que llevas. Los alimentos que comes. El color de las paredes de tu habitación. A dónde vas y cómo llegas allí. Con quién sales. A qué hora te acuestas por la noche.

Te preguntarás qué tienen en común todas esas cosas. Son unos pocos de los cientos de ejemplos de cosas que tus padres controlaban en tu vida cuando eras un niño. Cuando eras un niño, no tenías voz ni voto en muchas de las cosas que sucedían en tu vida; tus padres tomaban todas las decisiones, desde qué comías a la hora del desayuno hasta qué pijama te ponías para dormir. Y esto es lo que corresponde. Los niños necesitan ese tipo de protección y asistencia, porque no son lo bastante maduros para cuidar de sí mismos ni para tomar decisiones sobre cuestiones importantes.

Pero, con el tiempo, los niños crecen y se convierten en adolescentes. Y parte del hecho de ser un adolescente consiste en desarrollar una identidad propia, una identidad que es diferente de la de tus padres. Es completamente normal que los adolescentes tengan sus propias opiniones, ideas y valores sobre la vida; eso es precisamente lo que los prepara para la etapa adulta.

Pero, mientras tú vayas cambiando y convirtiéndote en esa nueva persona capaz de tomar sus propias decisiones, es posible que a tus padres les cueste bastante adaptarse al cambio. Todavía no han tenido tiempo para acostumbrarse a tu nuevo "yo"; todavía te ven como a aquel niño a quien no le importaba que lo decidieran todo por él.

En la mayoría de las familias, es este proceso de adaptación lo que suele provocar muchas discusiones entre padres e hijos. Tú quieres decorar las paredes de tu habitación con carteles y ellos no entienden por qué han dejado de gustarte los dibujos que siempre has tenido en tu dormitorio. A ti te parece bien pasar el tiempo con tus amigos en el centro comercial cada tarde al salir de la escuela, pero ellos preferirían que practicaras algún deporte. Este tipo de enfrentamientos son muy frecuentes entre padres e hijos durante la adolescencia: los adolescentes se enfadan porque consideran que sus padres no los respetan y no les dejan espacio para hacer lo que les gusta, y los padres se enfadan porque no están acostumbrados a no tener el control o porque no están de acuerdo con las decisiones de los adolescentes.

Es fácil acabar muy dolido en este tipo de conflictos. Y cuestiones más complejas, como el tipo de amigos que tienes o tu actitud hacia el sexo o salir por las noches, pueden desencadenar discusiones incluso más fuertes, porque tus padres siempre intentarán protegerte y garantizar tu seguridad, independientemente de la edad que tengas.

La buena noticia sobre las discusiones que tienes ahora con tus padres es que en muchas familias este tipo de peleas disminuyen a medida que los padres se van haciendo a la idea de que sus hijos tienen derecho a tener sus propias opiniones y una identidad que puede diferir bastante de las suyas. De todos modos, es posible que tanto tú como tus padres necesiten varios años para adaptarse a los nuevos roles. Mientras tanto, haz un esfuerzo por comunicarte con tus padres lo mejor posible.

A veces te parecerá imposible, como si tus padres no fueran capaces de entender tu punto de vista y nunca fueran a cambiar. Pero el hecho de hablar y expresar educadamente tus opiniones puede ayudarte a ganarte el respeto de tus padres, y podrán llegar a acuerdos satisfactorios para ambas partes. Por ejemplo, si estás dispuesto a limpiar tu habitación para poder volver a casa una hora más tarde, tanto tú como tus padres saldrán ganando. Además, ten en cuenta que todos los padres han sido adolescentes y en la mayoría de los casos pueden hacerse una idea de lo que están pasando sus hijos.


Fuente: http://kidshealth.org



Padres y discapacidad


Cuando se trabaja en el ámbito de la discapacidad intelectual, uno se da cuenta de algunas situaciones que se producen, y que son muy comunes en muchas de las familias donde alguno de los hijos tiene dificultades. 

Mientras que el hijo es pequeño, los padres parece que aceptan más o menos bien, el hecho de que su hijo sea diferente al resto de los niños o compañeros del cole, lo ayudan y apoyan en la medida en que este lo necesita, pero tienen un cierto control sobre él, que parece que les aporta tranquilidad. 

Pero cuando el hijo con discapacidad crece, comienza a enfrentarse a un mundo de adultos que en muchas ocasiones no está preparado para recibir a las personas con discapacidad, y en la búsqueda de esta adaptación al mundo, surgen una serie de situaciones conflictivas con los padres que resultan en problemas de conducta por parte de los hijos, y es cuando los padres deciden llevarlo a un profesional. 

El tipo de problemas de conducta va a depender del grado de discapacidad que tenga la persona, porque dependiendo de su capacidad para afrontar determinadas situaciones, dará en más o menos éxito. Pero en términos generales los problemas que suelen comentar los padres están relacionados con mentiras, comportamientos rebeldes, actitudes peligrosas a nivel social, irresponsabilidad, mal rendimiento académico, etc… 

Independientemente del grado de discapacidad, es importante tener en cuenta que cada persona es un mundo, y que personas con similares discapacidades, pueden tener una capacidad de afrontamiento a las situaciones muy diferente. Y esto va a depender de muchos factores, como son el nivel cultural, el apoyo recibido por la familia, el carácter, el apoyo social recibido, etc… 

Debemos tener en cuenta, que una persona con discapacidad intelectual, suele tener en mayor o o menor grado, dificultades en las habilidades sociales, en el lenguaje, aspectos relacionados con la autonomía personal y social, falta de iniciativa, dificultades cognitivas (que redundan en un menor rendimiento académico, falta de atención, memoria..). 

Todos estos aspectos van a suponer que cuando la persona adulta con discapacidad tenga que enfrentarse por si, como adulto, a una serie de situaciones en las que sus padres ya no juegan un papel tan principal y protector, aparezcan situaciones conflictivas y problemáticas que a la persona le costará resolver de forma autónoma. 

Las dificultades en las habilidades sociales, harán que no se relacione adecuadamente tanto con sus iguales como con otras personas, derivando esto en problemas relacionales…las dificultades en las cuestiones de autonomía personal le traerán conflictos con sus padres y las personas con las que vivan…las dificultades cognitivas, harán que los estudios reglamentarios como la educación secundaria obligatoria, se le quede grande, fracasando una y otra vez, provocando de nuevo problemas y conflictos con los progenitores y otras personas. 

Todo este cúmulo de situaciones problemáticas hace que el entorno más cercano a la persona reaccione ejerciendo una presión (inconsciente), que en muchas ocasiones no es adecuada a las características personales de cada indivíduo, y la reacción más común de la persona con discapacidad, es la rebeldía y que entre en bucles de pensamiento del tipo de “yo no valgo para nada”, así como un descenso en la autoestima y muy baja motivación para hacer cualquier cosa. 

Los padres se suelen mostrar desesperados ante esta situación, y la reacción visceral que les nace, es seguir ejerciendo presión sobre el hijo, que solo agudizará los síntomas que mencionaba. 

Todas estas situaciones se pueden prevenir, o en cuanto aparezcan tratar de amortiguar, con una adecuada actitud por parte de los padres y el entorno. Por un lado, decir que a veces los padres se olvidan de que sus hijos tienen una dificultad, y esto no se puede perder de vista en ningún momento. Nunca para proyectar sobre el hijo una actitud de victimismo, ni conformismo, ha de transmitírsele que en la medida de sus posibilidades él o ella puede seguir evolucionando, y dando de si un poquito más de cada vez. Pero como padres, tenemos que tener claro cuáles son los límites de nuestros hijos, y pedirle en función de lo que él es capaz de dar, de la edad que tiene y la capacidad que tiene. 

Por ejemplo, si nuestro hijo tiene discapacidad intelectual, con una afectación cognitiva importante, que le dificulta atender, y memorizar, así como traer de nuevo a la memoria para plasmar en un examen, no podemos pedirle unas notas altas en sus estudios, o que curse unos estudios preparados para personas con todas sus capacidades intactas, o que curse una carrera, sin ningún tipo de apoyo o adaptación curricular. Porque de este modo, le estaremos avocando a un fracaso casi seguro, que para nada favorecerá el desarrollo personal, y profesional de nuestro hijo.

Noto en algunos casos, una dificultad grande por parte de algunos padres para asumir que su hijo es diferente, que tiene una serie de dificultades que le acompañaran toda su vida, y que consecuentemente las expectativas inicialmente puestas en él, han de modificarse.

Las mismas actitudes de ansiedad, preocupación y frustración de los padres, volcadas en los hijos, son las que en muchas ocasiones provocan o mantienen la aparición de las mismas situaciones conflictivas que llevan a los padres a acudir a un profesional. 

Por ejemplo, cuando un chico o chica con discapacidad cuenta a sus padres alguna situación vivida que estos juzgan como inapropiada, reaccionan ante el hijo con actitudes de enfado, no valorando la situación sino valorando a la persona. Suelen decirle cosas del tipo de: “lo has hecho muy mal”, o” has actuado mal”, “siempre haces igual”, “siempre metes la pata”. El hijo lleva una regañina cargada de resentimiento hacia él, y lo que conseguimos con ello es que interiorice los sentimientos negativos de forma que llegue a creérselos, y por otro lado, en posteriores ocasiones actuará con la intención de evitar el pasar por la misma situación desagradable…es decir, seguirá "metiendo la pata", pero para no llevar la “bronca”, nos mentirá. 

En este caso, se puede corregir a la persona sin necesidad de enfadarse con él y mucho menos juzgarlo como persona. Hemos de juzgar la situación, enseñándole en qué puntos ha de mejorar y apoyándolo allí donde creamos que necesita ayuda. De este modo, si nuestro hijo recibe aceptación y comprensión por nuestra parte, siempre contará con sus adultos para pedir ayuda, para contar lo que le pasa, y para seguir intentándolo. 

Otro ejemplo, lo encontramos en la gestión del dinero o el teléfono móvil. Evidentemente, dadas sus dificultades, esta gestión será deficitaria, y muchos padres se frustran y riñen a sus hijos porque se han gastado todo el dinero o porque las facturas del teléfono móvil son astronómicas. Tenemos que entender que nuestro hijo/a no se gasta todo el dinero por que sí, a propósito o para fastidiarnos…lo hace porque tiene dificultades a la hora de autogestionarse, sus propias dificultades derivadas de su discapacidad lo provocan. 

Y en este caso necesita, como en otros muchos ámbitos de su vida, que el proceso de enseñanza sea lento y secuencial. Es decir, en el caso de una persona sin discapacidad, esta aprende de forma más o menos natural el uso y la forma de gestionar el dinero sin necesitar grandes apoyos…la misma madurez y el aprendizaje personal le irá guiando en su consecución. Pero esto no ocurre así en el caso de las personas con discapacidad intelectual, necesitan muchos más apoyos por parte de los padres, profesores, hermanos, …para conseguir las cosas. Necesitan secuenciar el aprendizaje en pequeños pasos, que una vez conseguidos, nos faciliten el pasar al siguiente. No podemos pretender que por ciencia infusa, la persona aprenda de forma autónoma a manejarse con grandes cantidades de dinero, o a gestionar un sueldo, o un teléfono móvil etc…hemos de enseñarle. 

Todas estas cuestiones, nos ayudan a entender el porqué de los problemas de conducta que estas personas desarrollan una vez atravesada la adolescencia. Los problemas de conducta suelen ser la respuesta (no adaptativa) que ellos encuentran para tratar de establecer un equilibrio entre lo que el entorno le pide, y lo que ellos pueden dar.  Y de la misma forma entenderemos también que el que se mantengan o no, depende en gran medida de la actuación de los padres cuando aparezcan. Es decir, los padres han de dar una respuesta en estos casos que no obligue a su hijo/a a tener que mentir, vaguear, lloriquear, y tener conductas de rebeldía. Los hijos necesitan comprensión, y sentir que en sus padres tienen un apoyo incondicional, independientemente del número de veces que se equivoquen. En muchas ocasiones esto no es así, y los padres con su actitud juzgadora y opresiva, terminan siendo percibidos por sus hijos como sus principales enemigos, ante los cuales hay que protegerse, y de ahí sus comportamientos "atípicos" que los padres no entienden.

A continuación cito una serie de recomendaciones que es interesante tener en cuenta para que haya un buen entendimiento entre padres e hijos y consecuentemente no aparezcan esos problemas de conducta tan comunes: 

· No atribuir malas intenciones. Las personas con discapacidad no comenten errores apropósito o con intención de fastidiar a sus padres. Hacen las cosas lo mejor que pueden dadas las circunstancias que les rodean. Con lo cual, no son mentirosos, traicioneros, vagos, tontos, torpes, etc…En su lugar podemos enseñarles las conductas correctas desde la aceptación y la comprensión. Juzgando siempre la conducta, no a la persona. 


· Evitar las expresiones negativas y futuristas. Algunos padres recuerdan constantemente a sus hijos lo mal que hacen las cosas, o les hacen comentarios del tipo de “nunca serás nada en la vida”, o “nunca podrás hacer tal o cual cosa”. Nosotros no somos futuristas, no sabemos qué va a pasar en el futuro y no tenemos en nuestro poder el saber a donde llegará nuestro hijo y qué objetivos alcanzará. En su lugar, podemos ayudar a que se proponga objetivos alcanzables a corto plazo, y adecuados a sus capacidades en el presente. Si remamos con la motivación de lado, y no a contra corriente, todo será más fácil de alcanzar.


. No recordar errores del pasado. Recordar al hijo los errores que ha cometido en el pasado no le ayudará a avanzar, el pasado ya no se puede cambiar, y es necesario que las experiencias negativas sirvan para integrar aprendizajes, y no para menoscabar todavía más la baja autoestima de los hijos. 


· Felicitar a nuestros hijos en sus pequeños logros. Por muy pequeños que sean y aunque la edad cronológica deseable no vaya acorde con la consecución de ese objetivo. Por ejemplo, si nuestro hijo con discapacidad aprende a los veinte años a coger el autobús, o si consigue instaurar un hábito como lavarse los dientes todos los días, o aprende a fregar los platos, o gestiona perfectamente veinte euros…Felicitarlo siempre. Hacedle saber que tiene cosas positivas y que las valoramos en él/ella, así como el esfuerzo que cada día dedica a conseguir lo que se propone. 

En el caso de una persona sin discapacidad, es posible que una nota de 5 o 6 o en un examen no sea algo para celebrar, si sabemos que puede dar más, pero en el caso que nos ocupa sí lo sería. Porque tenemos que tener en cuenta que nuestro hijo tendrá que esforzarse más que la media, y todo le costará mucho más trabajo. Y que probablemente habrá ámbitos en los que las expectativas para él/ella han de adecuarse a sus capacidades, y no a lo que nos gustaría que hiciera. 


· Aceptar a nuestro hijo tal cual es. En la base de todas estas cuestiones que comento, está casi siempre una dificultad para aceptar a nuestro hijo tal cual es. Siempre se le está pidiendo más, y crecen con la sensación de que sus padres no los valoran por lo que ya son en el presente. 

Si nuestro hijo es “demasiado” cariñoso con nuestros amigos, o le gustan en exceso las tecnologías (móvil, ordenador) y les dedica demasiado tiempo, no le gusta leer, no les gusta ir de compras, no son coquetos/as, no se arreglan en exceso, son despistados, tienen conductas inapropiadas derivadas de sus dificultades sociales….aceptémoles! Pensemos que hay cuestiones de nuestros hijos que les acompañarán siempre, y en nuestras manos está en aceptarlas y vivir en paz con ellos y con nosotros mismos, o en vivir frustrados permanentemente e infelices, porque nuestros hijos no son lo que nos hubiera gustado. 


· Sentirse orgullosos de los hijos con discapacidad y hacérselo saber. Nuestro cometido en cuanto a nuestro hijo, es hacer de él, la mejor versión de sí mismo, pero nunca pretender que sea una persona diferente, o pedirle cosas, a las cuales él no quiere o no puede enfrentarse. En cuanto dejemos de pedir a nuestro hijo, y de ejercer presión sobre él, y aprendamos a valorar los pequeños logros, nos daremos cuenta de todos los avances que hace cada día y de todas las dificultades a las que se enfrenta una y otra vez. Y esto tiene que hacer que nos sintamos orgullosos de ellos. Nuestros hijos necesitan saber que sus padres los quieren tal cual son, incluidas sus dificultades. 



Las personas con discapacidad tienen sus derechos igual que el resto de las personas. Y dadas sus dificultades en ocasiones no son capaces de defenderlos, pero eso no quita que tengamos que respetarlos. Tienen el derecho del respeto a su dignidad, su intimidad, el respeto a su ritmo de aprendizaje, a que se acepten y se respeten sus dificultades, a que se le den tantas oportunidades como necesite, y que defiendan el desear las mismas cosas que deseamos los demás. Un trabajo, una pareja, un sueldo, un coche, una vivienda, unos amigos, tiempo libre… 

Nadie es quien, ni siquiera los padres, para coartar las ilusiones de los hijos. Luchemos con ellos y apoyémosles en todo lo que necesiten, y la vida misma les irá diciendo qué cosas pueden alcanzar y cuáles no.


Ana Taboada. Psicólogo. 




Inteligencias múltiples


Aquí os dejo un artículo muy interesante a cerca de el tema de las Inteligencias Múltiples, y de la posibilidad de que sea el sistema escolar, el que se adapte a las características específicas de los alumnos y no al revés.
A.B.



El artículo:
Las paletas de inteligencias múltiples

En ocasiones las teorías educativas se centran en un plano abstracto, metafísico... Es muy común que los educadores echen en falta propuestas concretas para los nuevos paradigmas del aprendizaje. En kalypolis.com hemos defendido las inteligencias múltiples y su aplicación al ámbito diario de trabajo. Hoy os traemos la aplicación práctica de esta teoría; Las Paletas.

¿Qué son las paletas?. La propuesta práctica para la teoría de las inteligencias múltiples se basa en el diseño de una paleta de pintor con sus pequeños huecos donde los colores son sustituidos por las diferentes inteligencias. En medio se sitúa el objetivo o contenido que se quiere trabajar. Finalmente para cada color se diseñan actividades que trabajen específicamente a través de esa inteligencia. Veamos un ejemplo:






Esta paleta del sistema solar pretende trabajar el mismo concepto desde diferentes inteligencias. Por ejemplo, una persona que tenga muy desarrollada la inteligencia visual-espacial disfrutará y aprenderá significativamente el concepto mediante la construcción de una maqueta. Sin embargo, si no es tu mayor capacidad existen otras actividades que permitirán que avances adquiriendo ese contenido.

Desde esta metodología se trabajan todas las inteligencias y, de un modo multidisciplinar, se da una respuesta global a un mismo aprendizaje. Es posible que alguien no sea especialmente bueno estudiando de manera “clásica” un contenido, pero quizás mediante la música, el movimiento o la reflexión con otros consiga la motivación y el estímulo necesario para adquirir el concepto o destreza.

Sin duda es una metodología pensada para la inclusión, independientemente de tus fortalezas y debilidades se diseñan actividades para sobresalir o mejorar. Se dan oportunidades a todo tipo de perfiles. También es motivador pues aleja del aula el concepto de “estudiar”...como podemos ver; el trabajo es mayoritariamente práctico. 

Esta manera de trabajar los contenidos necesita una reformulación en la organización del aprendizaje y los contextos; ya sean escolares o familiares, exige un cambio fuerte en el modo de enseñanza tradicional, pero no es tan complicado. Muchos centros de todo el mundo ya trabajan así, incluso antes de la invención de las Paletas... Pero por qué no llevarlo a casa y pensar: ¿Una paleta para enseñar a alguien algo en un contexto socio-familiar? Animaos a probarlo en diferentes contextos, es fácil y los resultados son esperanzadores. ¿Mejorará el interés por aprender? ¿Es más sencillo que la manera clásica de programar? 


David B.


20 feb 2013

Educar en familia


¿Cómo no Equivocarnos en la Educación de Nuestros Hijos?


Hoy en día, todos los padres queremos que nuestros hijos sean personas brillantes inteligentes y con éxito, pero además también se preocupan porque sean personas de bien , en una sociedad tan difícil y con tantos y tantos vacíos morales que se han perdido día a día. Pero todos los padres saben y y le dan la mayor importancia que sus hijos crezcan con una educación basados en fundamentos de valores.

Sabías que la mayoría de las veces los padres nos equivocamos en la manera cómo educamos a nuestros hijos?, Sabías que muchas veces creemos que reprenderlos consecutivamente, mostrando nuestra autoridad ante ellos, es muestra de que les estamos inculcando límites verdaderos?. Sabías que en otros casos pensamos que es más fácil ser apáticos ante determinadas situaciones frente a los niños, es más fácil que enfrentarla realidad?. Esta y otras preguntas te las responderemos es en el transcurso de este Post.

Como padres debemos saber que el éxito de una educación responsable es el respeto que se tenga hacia nuestros hijos, resaltando al máximo la autorrealización de nuestros niños, la responsabilidad y su libertad, siempre teniendo en cuenta tanto su edad como el nivel de maduración que tenga según el desarrollo emocional que cada quien posea.

La mayoría de las veces los padres castigamos las malas conductas de los niños, pero muy pocas veces aplaudimos y resaltamos todas aquellas buenas conductas que realizan. Estas actitudes son muy dañinas para nuestros hijos ya que creyendo que estamos forjando seres humanos con valores y reforzando su autoestima, lo que estamos haciendo, es todo lo contrario, ya que se estamos reforzando sus sentimientos de impotencia, y fomentando en él una autoestima negativa con resultados que generarán en ansiedad y depresión.

Debemos tener en cuenta que al castigar a los niños no se debe hacer con cólera ni con rabia, ya que esto es muy dañino, los niños deben sentir que es corregido por una conducta inadecuada, que está mal pero que él sigue siendo importante y valioso para ti. Debes corregir para que el niño adquiera responsabilidad de sus propios actos y no porque nos molesta que lo haya hecho. Para el niño el castigo no debe ser sinónimo de la pérdida de nuestro amor sino por el contrario porque tu le amas y lo que estás haciendo es corregir lo que ha hecho mal. Recordemos que estamos educando para el futuro no para un presente inmediato.

Hemos investigado, y algunas de nuestras conductas tienen unos aspectos muy negativos en la conducta de nuestros hijos y obstaculizan el buen desarrollo de su personalidad y del alcance de los límites. Te describiremos algunas de las conductas que no son positivas para las relaciones con tus hijos: Qué No debemos Hacer con Nuestros Hijos? Definitivamente como padres debemos tener siempre en cuenta que existen actitudes y comportamientos que debemos evitar a toda costa son:

1. Ser muy pasivos: Esta actitud no educa, deja pasar. Puede haber conciencia de los límites, pero no se hace nada cuando las reglas no se cumplen o se incumplen, está la creencia de que si se es fuerte con el niño, puede afectarlo psicológica o emocionalmente. Nada más equivocado. Parte de la idea fundamental de que el niño sabe cómo comportarse porque ya se le ha dicho, él decide cómo hacerlo. Los niños pueden sentir que no son lo suficientemente queridos, ya que los padres parecen indiferentes frente a su comportamiento, lo que puede significar para ellos indiferencia emocional.

2. Dejarnos llevar por la Impotencia. Este patrón se da a partir de la impotencia que sienten los padres ante el comportamiento de sus hijos, generalmente cuando se han agotado los modelos autoritarios y pasivos; se combina con actitudes agresivas (rechazo) o de indiferencia. Los padres se sienten incapaces de educar a sus hijos, su actitud es de pedir y suplicar que las normas se cumplan. La idea fundamental es que las reglas tienen que cumplirse para complacer a los padres, no hacerlo es mortificarlos. Esta conducta es muy nociva puesto que los niños aprenden a molestar a los demás, generando relaciones conflictivas, trayendo como consecuencia problemas emocionales y de personalidad.

3. Ser Autoritarios: Parte de una actitud profundamente normativa. Tiene como idea fundamental que los límites tienen que cumplirse, es poco realista pues ésta puede cumplirse o incumplirse, generando una percepción de desautorización su no cumplimiento, una amenaza a la autoridad. Lamentablemente los niños educados bajo este patrón tienden a ser poco autónomos y dependientes, tienden a pensar que cuando incumplen la norma pierden el valor como personas.

4. Ser indiferentes: Algunos padres no son afectuosos con sus hijos, pero tampoco muestran un rechazo abierto hacia ellos; y lo que ocurre con eta actitud es que le estamos diciendo al niño como mensaje es “no me importas”. Y lo que ocurre es que estas palabras no proporcionan en el niño ni la sensación de protección ni de rechazo, sino una sensación de no importar, de no ser querido. El niño desarrolla frente a esto, una actitud de autocompasión, se queja de no ser valorado, de no ser querido, lo que puede llevarlo a pensar que no es digno de ser amado y puede generar un desinterés afectivo. Ocasionándole serios problemas en su desarrollo emocional y psicoafectivo.

5. Ser Excesivamente Sobreprotectores: Decimos así, porque es natural proteger a nuestros hijos, lo importante es no sobrepasarnos. No significa exceso de afecto, ni melosería ya que el dar afecto no es en sí mismo problemático, el problema está cuando las muestras de afecto incluyen el hacer las cosas por los hijos, que deben hacer ellos impidiéndoles enfrentar los problemas o responsabilidades, que tienen que afrontar por sí solos en su proceso natural de crecimiento, también este tipo de padres suelen manifestar el afecto cuando no está congruente con la situación. Como por ejemplo llenar al niño de besos y caricias cuando no corresponde, después de una pataleta o berrinche. Estos comportamientos pueden dar el mensaje a los hijos de no ser capaces de afrontar las situaciones difíciles que tiene la vida que algo malo va a sobreprotección no prepara para los momentos difíciles o doloroso, y más bien lo que hacemos es que estamos ayudándoles a reforzar momentos de irrealidad que a nada los llevan, y lo que conducen es que estos niños sean muy inseguros y dependientes de sus padres.

Entonces, cuál es la Actitud adecuada frente a las reglas, y los límites?

Hemos investigado diversas fuentes de expertos en el tema, que consideran que frente a las reglas y a las normas, la actitud de que está pasando nuestro hijo .La idea fundamental es que la adhesión a las reglas por parte del niño es libre, no debe ser una imposición de nosotros como padres, ante los límites hay dos opciones que se cumplan o no. Esto implica que debemos educar al niño en el recto ejercicio de su libertad para que sepa escoger entre lo mejor y lo más favorable, inculcar su capacidad de juicio en los niños y en la adopción responsable de las consecuencias de sus actos. La libertad nos hace responsables de nuestros actos, al reconocer que todo acto es una decisión personal, algunos padres deben orientar a sus hijos a decidir correctamente, y exige de los padres tener expectativas realistas frente a sus hijos para poder esperar lo que es, de acuerdo a su edad, y que estén en capacidad de dar.

Es inundable que los padres tenemos un papel activo en la educación y formación de nuestros hijos, debemos tener en cuenta los castigos adecuados para cada situación y para cada edad, y evitando totalmente hacer sentir mal a los niños retirándoles nuestro amor como consecuencia del incumplimiento de las reglas, implica sobre todo que eduquemos a nuestros hijos más con el testimonio que con la palabra, siendo modelos a seguir dignos de educar.

Debemos fomentar en los niños la autonomía, la capacidad para expresar sus propias necesidades, emociones, así como fomentar en ellos la asignación de responsabilidades; igualmente deben ayudarlos a establecer adecuadas relaciones interpersonales a partir de proporcionarles un amor confiable, un ambiente familiar seguro, atención, respeto, cuidados, etc. Para fomentar una positiva valoración debemos proporcionarles amor, respeto, aceptación incondicional, apoyo. Pero también es importante que los niños desarrollen un sentido de límites, enseñarles valores como la tolerancia y el respeto hacia los demás, capacidad de autocontrol, la capacidad para dejarse de ver mucho a sí mismos y preocuparse por los demás, enseñarles que no son perfectos y no tienen que serlo para ser amados y aceptados tanto por nosotros como padres como por sus amigos.

Que te parecen estos lineamientos para tener en cuenta en la formación básica de nuestros hijos? Anímate y lee con atención este Post para que sigas estas pautas y las tengas en cuenta como base fundamental en el desarrollo y formación de tus hijos.

Gracias,
PadresExpertos.com