31 mar 2013

No castigues a los niños


La familia es el espacio por excelencia donde el niño debe aprender, primero a reconocer y después a interiorizar principios, valores y normas. Paradójicamente verbos como pegar, castigar, ignorar, aislar, son frecuentes en la relación entre adultos y niños. Quedan arrinconados otros que serían instrumento valioso y aunque lento, poderoso si lo que se pretende no es la mera solución puntual sino la formación de la personalidad. Se trata de comprender, empatizar, guiar, revelar…

Así como los primeros pasos en algunos aprendizajes los acompañamos como progenitores con sabia paciencia (comer, gatear, sentarse, andar) sin despeinarnos con las frecuentes vacilaciones y caídas… algo se nos dispara, no sé muy bien si en el cerebro o en el corazón, cuando la tarea se trata de lidiar con lo emocional.

La carencia de información sobre las características del desarrollo infantil unido a la necesidad urgente de “parar” conductas indeseadas o molestas, dan lugar a estrategias que nos distancian de la finalidad perseguida y que sin embargo exigimos al niño, autorregulación, calma, reflexión…

Muchas razones nos pueden hacer caer en la tentación de descartarlas, alegamos dificultad de llevarlas a la práctica o señalamos carácter ilusorio, incluso las percibimos como desacertadas. O tal vez, simplemente no reparamos en que el niño aprende de lo que vive y experimenta y más de lo que hacemos que de lo que decimos porque somos su modelo.

Si la meta es que nuestro pequeño desarrolle valores y normas que le hagan sentir en armonía consigo mismo y con los demás ¿qué nos pasa a los adultos cuando queremos transmitírselos? ¿puede reconocer en nuestras palabras, gestos y actitudes aquello que con tanta fuerza deseamos? ¿perseguimos denodadamente la paz con herramientas de violencia?

Algunas de estas estrategias como los castigos cuentan con la aceptación y reconocimiento social tal vez avalados por la práctica tradicional que les da pretendida legitimación. Son útiles en el momento, pero ¿qué experiencias, sensaciones y conceptos estamos alimentando?

El castigo no es la consecuencia racional a un comportamiento equivocado, es el ejercicio de la incompetencia adulta en la resolución de un problema. Ni siquiera permite aprender del error. Es en cierta manera, sometimiento y agresividad.

Si lo expuesto hasta ahora resulta cercano y se vive desde la angustia no hay que culpabilizarse, no se trata de ser padres perfectos sino como decía Bettelheim, ser buenos padres. Llegados a este punto para, respira, piensa quién y cómo es tu pequeño… empezarás a vislumbrar las claves.

  • Comprende que un niño de uno o dos años tiene un lenguaje incipiente, eso quiere decir que no razona, su desarrollo intelectual está en proceso de maduración y no alcanzan a comprender los argumentos adultos.
  • Piensa que está obligado a ser tenaz y repetitivo hasta la saciedad, esa es la manera que tiene de conocer y de fijar los aprendizajes que va adquiriendo en pequeñas parcelas de la realidad. Tiene genuinos intentos de influir, calmando o haciendo rabiar no por insidiar, ambos intentos tienen el mismo interés que no es otro que contemplar las emociones de los que le rodean.
  • Empatiza con su emotividad, ten en cuenta que pasa de un estado de ánimo a otro sin parpadear y no tiene capacidad prácticamente para autorregularse.
  • Atiende cuando precisa expresar sus sentimientos, tiene escasos recursos y la medida desajustada. Llorar, reír, mostrar ira, enfado… tiene que interactuar sobre los estados emocionales de los demás para evocar respuestas de las que extrae aprendizajes.

Si se suman todos los aspectos que definen a un niño de esta edad aprecias que responder con obediencia y/o sumisión a todas las pautas adultas es casi como pedir peras al olmo.

No quisiera desorientar, no estoy poniendo en alza la laxitud educativa, ni decir que no haya que enseñar en cada oportunidad de vida lo que se debe hacer y lo que no porque si dejas a un niño sin directrices se sentirá inseguro y peligrará su construcción personal. Un NO nacido del afecto sitúa y da confianza.

Entonces ¿hay alguna fórmula, cuál es el secreto de niños tranquilos y felices? Hay hoja de ruta, si crees que se debe educar para la paz hay que mostrársela desde que nace.

  1. Establece pocas normas para que el niño aprenda a discriminar entre lo que debe respetar y lo que tiene margen para negociación.
  2. Ofrece oportunidades de participación, en vez de ordenar acostúmbrate a los beneficios de la pregunta. Hay muchas ocasiones en las que se les puede dar a elegir, el niño se sentirá contemplado como sujeto con iniciativa y estará más motivado a responder positivamente.
  3. No grites, no pegues, no aisles, no castigues, el castigo corta un mal comportamiento pero es coerción, no enseña más que rebeldía o apatía.
  4. Si la conducta es peligrosa para él u otro, para el comportamiento y con serenidad espera a que su malestar emocional remita, después, habla con él para que aprenda a conocer qué sentimiento le hizo responder de esa manera y facilita alternativas o soluciones distintas de la utilizada por el niño para que vaya conociendo que las situaciones difíciles no se resuelven desde la represión o la agresividad, sino desde el diálogo, la reflexión y la tolerancia.
  5. Sé modelo de lo que demandas, no podrás enseñar tranquilidad, comprensión y empatía si no la utilizas cuando interacciones con él…


Aletha Solter revisa, cuestiona muchos aspectos tradicionales de crianza. Aquí tenéis sus veinte alternativas al castigo: 

Busca necesidades subyacentes. Ejemplo: Da algo a tu hijo con lo que jugar mientras haces cola.
Ofrece información y razones. Ejemplo: Si tu hijo colorea la pared, explica porqué coloreamos sólo en papel.
Busca sentimientos subyacentes. Reconoce, acepta y escucha los sentimientos.Ejemplo: Si tu hijo pega a su hermana pequeña, anímale a que exprese su enfado y sus celos de manera inofensiva. Él podría necesitar llorar o rabiar.
Cambia el entorno. A veces es más fácil que tratar de cambiar al niño. Ejemplo: Si tu hijo saca cosas de los armarios de la cocina repetidamente, pon un cierre de seguridad en los armarios.
Busca alternativas aceptables. Redirige el comportamiento de tu hijo. Ejemplo: Si no quieres que tu hijo construya un fuerte en el comedor, no digas simplemente no. Dile dónde sí puede construir uno.
Demuestra cómo quieres que tu hijo se comporte. Ejemplo: Si tu hijo tira de la cola a un gato, muéstrale cómo se cuida a un gato. No confíes sólo en las palabras.
Da elecciones más que órdenes. Tomar decisiones otorga poder a los niños. Las órdenes invitan a una lucha de poder. Ejemplo: “¿Te gustaría lavarte los dientes antes o después de ponerte el pijama?”
Haz pequeñas concesiones. Ejemplo: “Dejaré que te saltes el lavarte los dientes esta noche porque estás muy cansado”.
Proporciona un periodo de preparación. Ejemplo: Si tienes invitados para cenar, dile a tu hijo cómo esperas que se comporte. Sé específico. El role-playing puede ayudar a preparar al niño para situaciones potencialmente difíciles.
Deja que ocurran las consecuencias naturales (cuando sea apropiado). No rescates demasiado. Ejemplo: Un niño que no cuelga su traje de baño y su toalla podría encontrarlos todavía mojados al día siguiente. (Pero no crees consecuencias artificiales).
Comunica tus propios sentimientos. Di al niño cómo te afecta su comportamiento.Ejemplo: “Estoy cansado de recoger migas en el salón”.
Usa acciones cuando sea necesario. Ejemplo: Si tu hijo insiste en cruzar la calle corriendo, agárrale la mano firmemente (mientras le explicas los peligros).
Abraza a tu hijo. Los niños que se comportan de forma agresiva u odiosa se pueden beneficiar del abrazo, de un modo amoroso y compasivo, que les permita canalizar sus sentimientos reprimidos en lágrimas curativas.
Retira a tu hijo de la situación y quédate con él. Usa el tiempo para escuchar, compartir sentimientos, abrazar a tu hijo, y resolver conflictos.
Hacerlo juntos. Se juguetón. Muchas situaciones de conflicto se pueden convertir en juegos. Ejemplo: “Hagamos que somos los siete enanitos mientras limpiamos.” “Hagamos turnos cepillándonos los dientes el uno al otro.”
Distiende la situación con risas. Ejemplo: Si tu hijo esta enfadado contigo, invítale a expresar su enfado con una divertida pelea de almohadas contigo. Juega tu parte rindiéndote dramáticamente. La risa ayuda a resolver la rabia y los sentimientos de impotencia.
Haz un trato, negocia. Ejemplo: Si estás preparado para irte del parque y tu hijo se lo está pasando bien, alcanza un acuerdo con él acerca del número de veces que podrá tirarse del tobogán antes de irse.
Hacer juntos resolución de conflictos. Discute los conflictos en curso con tu hijo, expón tus propias necesidades, y pídele ayuda para encontrar soluciones. Determina las normas junto con tu hijo. Ten reuniones familiares.
Revisa tus expectativas. Los niños pequeños tienen sentimientos y necesidades intensos y son naturalmente ruidosos, curiosos, desordenados, tercos, impacientes, exigentes, creativos, despistados, miedosos, egocéntricos, y llenos de energía. Trata de aceptarlos como son.
Tómate un descanso. Abandona la habitación y haz lo que necesites para recuperar la compostura y el buen juicio. Ejemplo: Llama a un amigo, llora, medita, o date una ducha. 

No te engañes a ti mismo el hecho de que no razonen no es excusa para posponer un tratamiento comprensivo y respetuoso de los conflictos, en sus neuronas estás escribiendo firmeza, seguridad, confianza y afecto.


Marisa Moya

Hija mía, tú no necesitas ser una niña buena...

Fabuloso texto donde una madre, da permiso a su hija para ser fiel a su propia naturaleza, y donde nos explica de qué manera los adultos caemos en muchas ocasiones en educaciones tipo "trampa", que dificultan que nuestros hijos puedan ser la mejor versión de ellos mismos, y en su lugar se convierten en lo que otras personas esperan de ellos.
Anab.


Hija mía, tú no necesitas ser una “niña buena”, porque los niñ@s son niñ@s, no son buenos ni malos, y desde que naciste sé que eres mágica e irrepetible, como cada niñ@ que nace… tú solo tienes que ser tú. 

Sé que para ti no existen las palabras “bueno” y “malo”, ni siquiera las expresiones “portarse bien” o “portarse mal”. Sé que eso no lo vas a aprender en casa, pero estás escolarizada y te relacionas con gente de muchos tipos, por lo que esa visión “blanco o negro” del mundo -que tanto nos gusta a los adultos- algún día te llegará.

Necesitas saber (ya te lo vamos explicando) que cada persona actúa en cada momento lo mejor que puede, que todos tus actos son tuyos, que tienes derecho a enfadarte, a estar triste, a estar contenta, nerviosa, a tener miedo, a ser feliz… pues todas tus emociones son válidas y te ayudan a avanzar en tu camino. Tu padre y yo estaremos gustosamente a tu lado para acompañarte cada vez que nos necesites. 

Hija mía, tú me has enseñado a vivir mis emociones (también las negativas) y, sobre todo, a desprenderme de ellas, a no apegarme… sigue así. Vive las tuyas como has hecho siempre y déjalas ir. Que el centro de tu vida seas tú y no los demás (ni siquiera yo o papá) porque cuando una está centrada, la armonía y la empatía imperan. Tú nos lo demuestras día a día. 

Gracias, hija, por tus días revueltos, que nos sirven de espejo a ambos; gracias por hacernos crecer como familia; por tu enorme manejo de las emociones a pesar de tu corta edad, por tu sabiduría en el conflicto, por tanto amor incondicional, por tanta paz. 

Yo fui una “niña buena” y como madre te libero de tener que serlo porque no es sano. 

Ser una niña buena significa ceder parte del control de tu vida a los demás; intentar agradar a las personas que más quieres, de manera inconsciente, a costa del propio dolor o de la injusticia; obedecer a los mayores (padres, profesores etc) dejando a un lado tus propios deseos; no permitirte el enfado, ni la rabia. 

Ser una niña buena significa caer en el rol de ser demasiado madura para tu edad y perderte parte de tu infancia. Significa tender a la perfección y a la excelencia, una trampa del mundo de los adultos para cortar las alas. 

Hija mía, ser una niña buena significa (a veces) por desgracia enfermar. Enfermar para escapar de la presión de un mundo familiar y escolar que limita la propia creatividad, la libertad y el juego de experimentación de la vida, que pone en una jaula los propios deseos y algunas emociones, bajo el disfraz de que es por tu propio bien. 

Yo fui una niña buena que sobrevivió (hoy puedo decir que soy una adulta desobediente y creativa) pero sufrí un buen rato en el camino.

Yo fui una niña buena que supo acompañarse de buenos terapeutas y crecer.

Como madre, yo te libero de todo ello:

  • te libero del chantaje emocional que no te estamos enseñando, 
  • te libero de algo que tú desconoces: los premios y los castigos, que por desgracia rigen una parte del mundo y del sistema educativo tradicional. 
  • te libero del “si (no) haces eso me enfado, me voy o no te quiero”. 
  • te libero del "porque lo digo yo" o del "porque soy tu padre/madre"
  • te libero de la necesidad de actuar para agradar a los demás, incluidas yo misma o papá. 
  • Y hablaré (y discutiré sobre ello) con quién haga falta: educadores, profesores, conocidos, familia… y siempre me tendrás de tu lado, porque lo único que quiero y a lo que aspiro es a que seas feliz… 

Como la madre loba que soy, defenderé tu LIBERTAD.


Pd: ya te he explicado que Papa Noel no lo ve todo, ni trae los regalos por ser buena, como se dice por ahí; así que te puedes comportar libremente, como has hecho siempre…


Myriam Moya Tena

29 mar 2013

El arte de perdonar


¿Hace cuanto que no perdonas ? 

Las palabras perdón y perdonar provienen del prefijo latino per y del verbo latino donāre, que significan, respectivamente, “pasar, cruzar, adelante, pasar por encima de” y “donar, donación, regalo, obsequio y dar”. Lo que hay veces que no somos conscientes es que el verdadero regalo cuando perdonamos es hacia nosotros. El perdón implica liberación. Muchos de nosotros llevábamos años cargando mochilas de resentimiento que en el momento de perdonar las hemos liberado. Hay veces que sentimos resentimiento porque no se cumplieron nuestras expectativas y otras veces porque nos hicieron daño. Esa energía llena de resentimiento y dolor queda dentro de nosotros y no nos deja avanzar. 

Hay veces que tenemos resentimiento hacia nuestros padres.. Puede ayudar el ser conscientes que ellos lo han hecho lo mejor que lo han sabido con las herramientas que tenían en ese momento. Esta lección yo la aprendí cuando fui madre. No hace falta tener delante a la persona que queremos perdonar simplemente le perdonamos a través de la aceptación y nos quitamos esa mochila de resentimiento . Cada momento de dolor que pensamos es como si lo reviviésemos, nos hace le mismo daño. ¿Nos vale la pena? ¿En quien esta el no sentirnos así? La clave en todo el perdón es la aceptación. Yo no puedo cambiar lo que ha pasado en el pasado pero si puedo liberar esa energía que me hace daño y vivir mi presente sin resentimiento.

Muchas veces a quien menos perdonamos es a nosotros mismos, nos estamos castigando continuamente por no ser perfectos. En el momento que somos conscientes que somos perfectos como somos es cuando realmente nos aceptamos. Gracias a todas esa veces que no cumplimos” nuestra expectativa de perfección” nos ha hecho quien somos hoy.

Hay muchas herramientas que trabajan con el perdon. Yo me quedo coon una que aprendí con el libro “La Ley del Espejo” de Yoshinori Noguchi. Consta de los siguientes pasos:

1. Haz una lista con los nombres de aquellas personas a las que no puedes perdonar (los padres son especialmente importantes). También vale para personas fallecidas. Luego elige a una persona

2. Expresa tus sentimientos. Escribelos en hojas de papel, usando las palabras que te vengan a tu mente (incluso los insultos). Si te dan ganas de llorar, llorá todo lo que quieras.

3. Busca los motivos de aquellos actos que tanto te dolieron. ¿Por qué esa persona actuó así? No juzgues, intenta comprender.

4. Escribe aquello que puedas agradecerle. Aunque parezca insignificante, anota lo máximo posible.

5. Utiliza la fuerza de las palabras. Primero haz la siguiente declaración: “Para mi propia felicidad, calma y libertad, perdono a… (y el nombre)”. Dilo en voz alta y repítelo varias veces durante 10 minutos. No hace falta que lo sientas en el corazón.

6. Escribe aquello de lo que querrías disculparte. Cuantas más cosas sean, mejor.

7. Anota todas las cosas que aprendiste de esa relación. Y piensa en cómo creés que deberías haberte tratado con esa persona para que ambas hubiesen sido más felices.
Cuando sientas que ya está completo, rompe el papel y tíralo a la basura. ( Yo lo quemaría)

8. Di bien fuerte: “Yo perdono a… (y el nombre) ”.

Nota: No importa si después de haber realizado los ocho pasos todavía persiste el “no lo puedo perdonar”. En ese caso se deben repetir los pasos del 2 al 5. Por último, recuerda su cara y dile: “Gracias… (y el nombre)”todos los días, por más de 5 minutos. Y si te dan ganas, coge valentia y llamá de una vez a esa persona para reconciliarte con ella


El Perdón: Louise L Hay

El acto de perdonar toma lugar en nuestra propia mente. Realmente no tiene nada que ver con la otra persona.Cuando culpamos a otro, regalamos nuestro poder porque estamos colocando la responsabilidad de nuestros sentimientos en otro. Las personas que hay en nuestras vidas se comportan de maneras que disparan respuestas incómodas en nosotros. Sin embargo, ellos no entran en nuestras mentes y crean los detonadores que se dispararon. Hacernos responsables de nuestros sentimientos y reacciones es dominar nuestra “habilidad para responder”. En otras palabras, aprendemos a elegir concientemente más que simplemente reaccionar.

No podemos hablar de resentimiento sin también hablar sobre perdón. Perdonar a alguien no significa que condonamos su conducta. El acto de perdón toma lugar en nuestra propia mente. Realmente no tiene nada que ver con la otra persona. La realidad del perdón verdadero radica en liberarnos de la carga del dolor. Es simplemente un acto de liberación para nosotros mismos de la energía negativa.

El perdón no significa permitir que las conductas dolorosas o acciones de otro continúen en nuestra vida. A veces, el perdón significa liberar. Los perdonas y los liberas. Adoptar una nueva postura y establecer límites saludables es a menudo una de las cosas más amorosas que puedes hacer – no solo para ti, sino para la otra persona también.

Verdaderamente creo que no hay errores. Cuando nuestros corazones están cerrados y sentimos resentimiento e ira y tristeza, es difícil ver algo bueno. En cambio cuando nuestros corazones están abiertos, es como si mucha de esa negatividad desapareciera y somos capaces de liberar esos pensamientos viejos y despertamos a la alegría. Para cada uno de nosotros, hay siempre alegría en nuestro interior. Y necesitamos saber que tan perfectos somos como somos.





28 mar 2013

Raices y alas para volar



La función de una intervención psicólogica, psicopedagógica, terapéutica o cualquier otra intervención profesional sobre los niños o los adultos que persiga el bienestar, debería ser siempre la de ayudar a reconocer "raices" o lugares de sustento, y "alas" para volar, y hacerles sabedores de su independencia, su libertad y su entera capacidad de autonomía en todos los aspectos de la vida. Y entonces podremos decir que se ha alcanzado el bienestar y la salud.

Ana B. Taboada. Psicólogo
Num. Col. G-4678

Afirmaciones para una paternidad y una maternidad conscientes



1.-Buscamos el equilibrio personal, luego nos ocupamos de la salud de la pareja y a continuación nos entregaremos a la paternidad y a la maternidad consciente. Cualquier cambio en el orden de estos factores, altera el producto final: los hijos.


2.-Le decimos a nuestro hijo que ha sido deseado y bienvenido, que fue concebido con amor. Cada día le hacemos sentir que es visto por nosotros, que es importante en nuestra vida.

3.-Amamos a nuestro hijo tal como es. El niño no es una pantalla donde los padres y sus árboles genealógicos proyectan sus vidas no vividas.


4.-Nuestro hijo ocupa el territorio que le pertenece por derecho. Cada niño tiene su lugar en el mundo. Sabemos que no invadiendo su territorio estamos apostando por su felicidad.

5.-No lo bautizamos con nuestros nombres, ni con los de ningún miembro de nuestros árboles genealógicos. Y si lo hicimos, le facilitaremos cambiarlo por otro.

6.-Enriquecemos su vida con estímulos que lo hagan desarrollarse armoniosamente. No limitaremos sus ansias expansivas.

7.-Sabemos que el juego es fundamental para su crecimiento, por eso le damos prioridad a la creatividad en las actividades diarias.

8.-Dejaremos que nos llame “papá” y “mamá” hasta que él o ella lo decida.

9.-El amor a nuestros hijos no estará sujeto a contratos, será un amor puro e incondicional.

10.-Le contaremos cuentos, con la certeza de que a través de ellos todos crecemos.

11.-No comparamos a nuestro hijo con nadie, evitamos la competencia entre hermanos.

12.-Reconocemos sus talentos. Sabemos la importancia que tiene en el niño la bendición de sus padres a sus dones.

13.-Nos alegramos de sus capacidades y de sus logros. Si nos supera, nos alegramos de sus éxitos.

14.-Desde muy pequeños, estamos dispuestos a reparar los errores que comentamos con él.

15.-Nuestro hijo es una creación común de nosotros como pareja, pero no por ello tenemos que tener una misma visión. Resolvemos las diferencias educativas sin discutir, tratando de encontrar un punto de equilibrio que beneficie al niño.

16.-Respetamos los vínculos que haga nuestro hijo con personas ajenas a la familia, pues sabemos que tiene derecho a formar su propia red social con la que interactuar y crecer cada día.

17.-No guardamos secretos familiares. Nos comunicamos con nuestro hijo en consonancia a su nivel de comprensión y respondemos todas sus preguntas.

18.-Los mensajes que transmitimos al niño, son siempre constructivos, positivos y libres de juicios. De alguna forma sabemos que lo estamos esculpiendo con nuestras palabras.

19.-Le hacemos ver con nuestro ejemplo que el cuerpo es un templo sagrado que hay que cuidar. Sabemos que somos responsables de su salud.

20.- Tratamos de que nuestro hijo sea feliz, pero no podemos evitarle ciertas tristezas. Cuando tiene pena, hacemos lo posible por ayudarle.

21.-Expresamos amor a nuestro hijo, aunque sintamos que no hemos sido amados por nuestros padres. Trataremos de no repetir las historias neuróticas de nuestros árboles, para que las siguientes generaciones crezcan con un ADN más sano.