7 mar. 2013

La timidez en los niños

Se ocultan tras tus piernas, se tapan la cara, no contestan cuando alguien les pregunta… Nuestros peques tienen mil y una estrategias para evadirse de las nuevas situaciones y de los extraños. De esta forma nos están diciendo que aún necesitan un poquito más de tiempo y ayuda para poder descubrir solos el mundo.
Una época de muchos descubrimientos

Al año aparece la timidez en el niño, pero es a los dos años cuando se hace más evidente. En esta edad se encuentra en la etapa del no, intentando imponer su voluntad, por ello cuando se encuentra con alguien nuevo, lo evita o directamente lo ignora, esperando que deje de hacerle caso.

La base de este comportamiento se encuentra en la confianza del niño. Todo es nuevo y en ocasiones puede sentirse sobrepasado, necesita sentir seguridad ante tanta novedad. Por el momento quiere seguir cerca de sus padres que le generan seguridad y empezar a descubrir acompañado, así conforme gane en confianza, explorará por sí mismo.
Respetar sus emociones para fomentar la autonomía

Debemos ayudar al peque en este proceso, puesto que dentro de la normalidad del mismo, con un buen acompañamiento podemos favorecer un desarrollo más adecuado de su autonomía y seguridad.

Los niños pueden quedarse más o menos anclados en este periodo de primera timidez en función de cómo nos comportemos con ellos. Los padres son sus modelos en todo y ¡la socialización no iba a ser una excepción! Si respetamos su propio ritmo y actuamos con serenidad, el niño se sentirá más confiado para explorar y sabrá que tiene un lugar seguro al que volver.
¿Cómo lo acompaño?

Hay una serie de pautas que podemos seguir para fomentar el avance en esta época:

  • Como siempre comentamos, debemos evitar etiquetarles cuando buscamos justificarlos o reñirle por su comportamiento “no saluda porque es un niño tímido”, “es solitario”, “eres un maleducado por no decir hola”. Las etiquetas no tienen únicamente que tener connotaciones negativas, hay muchas que en nuestra cultura hemos asociado con rasgos positivos en los niños, pero con ellas podemos estar condicionándole también: “es muy bueno”, “muy tranquilo”, “muy pacífico”…
  • Debemos actuar desde la paciencia, evitando forzarle y agobiarle. No tiene por qué darle un beso a la abuela si no le apetece, ni tiene que saludar a la vecina con la que os encontráis en la escalera. Debemos respetar su estado en ese momento, dándole validez y sobre todo intentado no dejarnos llevar por nuestra preocupación rumiando siempre la misma pregunta “¿Es normal cómo se comporta mi hijo?”.
  • Podemos fomentar actividades con otros niños sin forzarle a que se relacione con ellos, pero reforzando los acercamientos que realice. Por ejemplo, podemos llevarlo al parque, dónde podrá jugar el solo o relacionarse con otros, según él prefiera. Conforme veas que aumenta en confianza, puedes apuntarlo a alguna actividad de tipo extraescolar dónde conocerá a más niños y tendrá que interactuar con ellos.
  • Nunca le compares con otros. Hazle ver que su caso no es el único y que lo comprendemos puesto que todos nos enfrentamos a situaciones que nos generan miedo y con tiempo, logramos superarlas.




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