19 feb. 2013

Miedo-enfermedad mental



            El miedo en la enfermedad mental

Quizás no sea la persona más adecuada para hablar de ello, pero creo que uno de los mayores problemas de una persona que padece un trastorno mental es el miedo.

El miedo puede manifestarse de muchas formas, desde el temor a la gente o a que dirán los otros si conocen nuestra situación de personas con un trastorno mental, hasta diversos tipos de ansiedad, pasando por determinadas conductas compulsivas del tipo de tener que hacer ciertos rituales para que no nos pasen contratiempos. Me refiero, por ejemplo, a colocar cosas de una determinada manera o pasar, o no pasar, por determinados lugares.

El miedo suele generar ansiedad y preocupación. Por eso, cuando estamos pendientes de algo que nos preocupa mucho y no podemos influir en su resultado, muchas veces nos angustiamos, sobre todo si el resultado que esperamos se dilata en el tiempo. Por ejemplo, esperando una determinada noticia que debemos recibir de la Administración en sentido positivo o negativo.

Cuando algo no depende totalmente de ti mismo, sino de terceras personas o cuando has hecho algo que piensas que está mal y recibirás, como mínimo, reproches de gente a la que tú tienes en consideración, entonces comienza el miedo y, por consiguiente, la ansiedad.

Cuando estás ansioso sufres mucho y quieres que lo que te provoca la ansiedad se termine cuanto antes. Sobre todo si es una ansiedad muy grande que te impide realizar otras cosas, concentrarte o descansar.

Por aquí suelen comenzar multitud de trastornos mentales. La ansiedad, el estrés y las angustias suelen venir de algo que nos preocupa mucho y que no controlamos. Precisamente, por esta falta de control, nos preocupamos, comenzamos a pensar cada vez más tiempo en el problema, comenzamos a no dormir, a dejar otras cosas tan importantes o más que debemos hacer y, por consiguiente, nos introducimos en una espiral que la mayoría de las veces nos lleva a un trastorno mental.

Por todo ello, pienso que una de las formas de combatir esto es intentar romper esta dinámica, haciendo cosas distintas a las que generan esta situación, siempre que podamos hacerlas. De esta manera, al tener la mente ocupada en otras cosas, nos olvidamos momentáneamente del problema y, al volver a pensar en él, puede cambiar nuestra perspectiva del problema y la forma de afrontarlo. Y si no podemos hacerlo, hay que hablar del problema con gente en la que confiemos o con profesionales. Esto nos ayudará como mínimo a sobrellevar mejor la situación.

Evidentemente, esto es más fácil de decir que de hacer, puesto que mucha gente que no padece trastornos mentales, sufre enfermedades físicas que vienen causadas por problemas psíquicos que se somatizan.

Lo que sí sé, es que yo, que padecía un trastorno mental, me he recuperado, entre otras cosas, por no agobiarme. Por ejemplo, yo he padecido problemas de sueño que hoy no padezco, debido a que he llegado a estar tranquilo aunque pasaran las horas y no durmiese. Yo pienso: “Estoy tranquilo, ya dormiré y, si no duermo esta noche, lo haré mañana. No hay problema”. Al final prácticamente siempre duermo, y antes, cuando no dormía, intentaba dormir y estaba preocupado por no hacerlo. Con lo que al final muchas veces no dormía y me levantaba muy cansado, cosa que hoy no sucede. Antes, para dormir, necesitaba más pastillas o tenía que cambiarlas.

Creo que si llegamos a tener un problema que no tiene solución y nos afecta, lo mejor, aunque parezca imposible o mentira, es olvidarlo lo más rápido posible y tratar de vivir lo mejor que podamos con él. Algo también muy fácil de decir y muy difícil de hacer.

Lo cierto es que yo, entre otras cosas, a mi trastorno mental lo he combatido, en primer lugar, preguntándome cómo era yo, cuáles eran mis puntos fuertes y cuáles los débiles, en qué acertaba y en qué fallaba, qué defectos tengo y cuáles de ellos puedo llegar a corregir y cuáles no. Aparte de no sentirme culpable si fallo, ni comenzar a darle vueltas a la cabeza si lo hago, ni preguntarme qué opinará la gente de mí y de mi fallo. Y lo más importante de todo, si fallaba, no culparme por fallar y volver a intentarlo de nuevo, las veces que hagan falta, sin angustiarme ni tener prisa ninguna. Además, aunque a veces me cansaba de probarlo y entonces lo dejaba por un tiempo, siempre he vuelto a retomarlo. Un niño para aprender a caminar cae muchas veces, pero se levanta otras tantas y vuelve a esforzarse de nuevo, hasta que lo consigue.

Lo importante de las cosas es intentarlas, puesto que no hay nadie perfecto y todos fallamos. Evidentemente, lograr algo así lleva años. Aunque, por ejemplo, una carrera de piano también lleva años y, si cosas como estas no las probamos, nunca las conseguiremos. Tenemos que procurar conseguir ser tentetiesos de la vida, que por muchos golpes que esta nos dé, volvamos a levantarnos e intentarlo de nuevo hasta el final. Yo, hoy por hoy, pienso seguir ese camino puesto que para algunas cosas soy muy tozudo. ¿Y tú?



Ernesto Garcia



No hay comentarios:

Publicar un comentario