13 feb. 2013

Mundo al revés


Voy a dedicar las siguientes palabras a dos amigas, que desde situaciones diferentes, vivencias diferentes, estáis viviendo situaciones similares, y similares la forma de reaccionar antes ellas.

Aunque cualquiera de nosotros se puede sentir identificado con lo que a continuación voy a describir.


Hablo de las vivencias donde casi todo lo que viene de ciertos entornos del exterior, (familiar, laboral...) se percibe como una agresión. Pueden ser clientes con peticiones raras, que nos hacen trabajar más de la cuenta, y que nos sacan de nuestras casillas, pueden ser amigos que parece que nunca saben lo que necesitamos y lo hacen todo al revés, o pueden ser familiares que lejos de apoyarnos en nuestras causas, nos transmiten la sensación de que todo lo hacemos mal, de que nada está a su gusto, y nos "castran" una y otra vez.

Es habitual que ante tal actitud que nos causa molestia del entorno, nos mostremos ansiosos, irritados, explosivos, cansados, enfadados, y volcamos toda nuestra rabia al mundo aprovechando momentos donde podemos quejarnos a rienda suelta de lo "loco" que está, de lo mal que nos trata y de lo cansados que estamos de aguantarlo. Y es lícito. Estamos en nuestro derecho a expresar todo aquello que en nosotros se acumula, pero ojo, volvemos al dilema de el texto anterior...¿.por qué opción optamos?, por la queja? o por la expresión emocional? 

Corremos un riesgo al expresarnos, y este consiste en quedarnos simplemente con la queja, y hacer una descripción detallada de todas las injusticias que el mundo nos confiere, y no hacer nada para repararlo. Recordemos en este punto aquello de que nadie tiene ningún derecho a cambiar absolutamente nada de el resto del el mundo...el único lugar que cada uno tiene derecho a cambiar, es uno mismo. 

Con esto quiero decir que es hora de darle la vuelta a la tortilla, y asumir que cuando el mundo nos agrede, yo poco puedo hacer, de una forma directa, para cambiar esto....pero sí puedo hacer, y mucho, para cambiar mis actitudes hacia las dificultades, y recibirlas o encajarlas de un modo en el cual ya no me hagan daño. (Si escogemos la otra opción, la de tratar de convencer al mundo de que está equivocado, o pedirle una y otra vez que deje de molestarnos...tenemos la batalla perdida.)


Un primer paso en la consecución de este objetivo, es el no tomarnos las cosas de forma personal, es decir, cuando recibimos una agresión del entorno, normalmente no va dirigida hacia nosotros...sino que las propias dificultades personales que tiene el que agrede, son las que hacen que su actitud sea esa y no otra. Encuentro que este paso no es fácil, pero desde luego no imposible. Puede llegar un momento, donde seamos conscientes de que todo el daño proferido, todas las agresiones recibidas, son consecuencia de los procesos neuróticos de las personas que nos rodean. Normalmente, detrás de una agresión, hay dolor, rabia, enfado, mal direccionado. Evidentemente esto no nos consuela ni alivia, pero si nos ayuda a "darnos cuenta" de que el daño no es para nosotros....nosotros "nos lo tomamos" de ese modo.


Una vez entendido esto, la situación cambia, y puede llegar a invertirse, porque si somos capaces de comprender que un daño no viene hacia nosotros, también somos capaces de apartarnos del campo de tiro, para que la diana no nos toque. Es decir, es como ver los toros desde la barrera, alguien lanza darnos sin saber muy bien hacia donde, y en nuestras manos está en colocarnos o no justo delante de el lanzamiento para que nos toque de lleno. Primero he de tener claro que el dardo no viene hacia mi..simplemente sale porque tenía que salir, y después, con esta información, me aparto para que el dardo de en el vacío, y simplemente cumpla su función, que es satisfacer la necesidad de el que lo tira...pero no a mi costa...


Por otro lado, decir que detrás de todas las reacciones de enfado, ira, y rebeldía por nuestra parte ante las agresiones de el medio, hay una nota común que dificulta nuestro "dejar de sufrir".. y es la falta de "aceptación". Se bislumbra en nuestro descontento generalizado una disconformidad con la situación que me ha tocado vivir, y me niego a aceptarla...las situaciones de trabajo, familia, etc, que nos han tocado no son ni buenas ni malas, ni mejores ni peores que otras...son las que son, las que nos han tocado, y en nuestras manos está el aceptarlas y de este modo hacer las paces con ellas, o vivir en permanente rebeldía hacía ellas, lo cual nos hará ser infelices de por vida.


Si hacemos las paces con nuestro trabajo (aunque no nos guste, o nos estrese), con nuestra familia, nuestro pasado, y aceptamos todo tal cual es...media lucha deja de tener sentido. No necesitamos demostrar nada a nadie, ni luchar por nada...lo que querramos ser o tener, simplemente lo tomamos y listo. La lucha es por llegar a ser lo que queremos ser, por ganarme ese dinero todos los días en ese trabajo que me estresa para poner tener una buena calidad de vida, por llegar a mi casa todos los días con la satisfacción de que he aprovechado todas las oportunidades que me ha ofrecido el día para ser mejor persona y más feliz. Si yo me convenzo y creo profundamente en este mensaje que me lanzo, nada que venga del exterior me puede turbar, molestar o dañar. Porque yo soy el que decido qué me hace daño y qué no. 


Pongo en este punto algo que he leído hace días que me ha encantado: " Te perdono, te olvido, te suelto y te dejo ir". Hagamos este ejercicio con todo aquello que nos perturba y nos hace daño, hagamos las paces con nuestro entorno por muy dañino que nos parezca...ellos son, todo lo buenos que pueden ser...lo que les permite sus circunstancias, el que nos pongamos nosotros como diana de sus dardos envenenados es responsabilidad nuestra, no de ellos.


A mis amigas.....respirad, daros el gusto de hablar un ratito sin hiperventilar, disfrutad de cada palabra emitida...perdonad, sabeos merecedoras de un entorno que os valora, creeros realmente que sois buenas trabajadoras, buenas amigas, buenas madres, y buenas hijas...eso sí.... nadie os puede alabar por algo que vosotras no os creéis todavía....creedlo primero, y lo demás vendrá rodado.

Ana Taboada. Psicólogo.



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